"La cantante calva"
No te pierdas el último espectáculo de la compañía madrileña Yllana, responsable de obras como 666, Hipo y Star trip, y en gira ahora por España.
Un trabajo hilarante y desmedido, pero justificado por la acertada comunión entre el grupo teatral y un clásico del siglo XX.
Dos vías que transcurren en paralelo y que, al contrarío que las del tren, se unen en el tiempo aunque luego vuelvan a tomar rumbos distintos: Eugène Ionesco escribió esta muestra de teatro del absurdo como contraposición al realismo; Yllana hace un ejercicio cómico muy real a partir de su visión alocada del mundo.
Fiel a su idea de estudio de la absurda vida moderna es resultado La cantante calva, estrenada en 1950 en París. Ionesco trabajó sobre expresiones que entre sí no guardan relación estrecha, frases ‘didácticas’ extraídas de un manual de enseñanza del inglés, locuciones incoherentes como diálogos. Sobre una base de acciones cotidianas y bastante tópicas extendió un batiburrillo dialéctico.
Este es sólo el envoltorio de una obra que alimentó el espíritu escénico de los componentes de Yllana (O’Curneen, Ottone, Fernández y Ramos) hace más de 15 años, cuando se trataba de una compañía en potencia. Desde finales de los 80 estarían sobre las tablas y más tarde, detrás del Teatro Alfil, en labores de gestión y producción de un espacio dedicado al humor.
Tras un largo paréntesis donde reinaba el humor sin palabras tocaba recuperar al autor de El rey se muere. Ionesco nació en Rumanía, en 1912, y muy pronto se trasladó a Francia. En Europa occidental bebió de las doctrinas de Bertold Brecht y Antonin Artaud y se contagió del surrealismo y el existencialismo, corrientes que siguen obras como Las sillas, El nuevo inquilino y El rinoceronte.
Este texto –uno de los más representados- guía al grupo en su búsqueda del punto de exageración, sin caer en lo grotesco y chirriante. No es tarea fácil por mucho que a nosotros lo parezca. Nosotros que, en mitad del desconcierto, sólo pensamos en agazaparnos a ese sillón rojo que domina el centro del escenario sin necesidad de entablar conversación con el matrimonio inglés, con ropajes ingleses, costumbres inglesas y excentricidades... universales.
La solvencia de los actores resuelve la entronización ‘ionesca’ de la palabra respetando (y acrecentando) el tono de comicidad en una pieza que deambula por diferentes palos y sin freno, in crescendo, subiendo de tono, hasta que nos resulta indiferente que esa cantante calva, ausente en escena, consiga soslayar la incomunicación, la vida en pareja y los convencionalismos, en resumen, el contenido social de la obra que llega a través de trazos medidos camuflados de ironía y jocosidad.
La compañía recupera este clásico que, sobre el escenario, cumple los objetivos marcados: atractiva a los sentidos, divertida en sus faceta caricaturesca e inteligente y magistral en la aplicación al terreno del clown... Ya sabemos que Yllana se toma el humor como algo muy serio.
Texto escrito por Daniel Galindo y publicado en LaNetro.com.

cristina dijo
todabia no leo el libro y tengo la prueba mañana no se q boy a hacer
26 Septiembre 2006 | 11:38 PM