Soy leyenda

Aprovechando el espíritu post-navideño he tenido la oportunidad de disfrutar de la última del príncipe de Bel-Air reconvertido en rey de New York, la Ciudad del Gafe Eterno. A pesar de que no hay ni un triste flechazo, es un tema muy interesante ver cómo se las arregla una persona cuando está solita, y la cosa mejora al no ser un simple náufrago isleño, planetario o el único tripulante de una nave que vaga sin rumbo por el espacio, sino a causa de algún tipo de hecho apocalíptico. Lástima que los responsables de la distribución del dvdscreener cometieran el error de dejar sin traducir los primeros cinco minutos donde se nos pone en antecedentes; aunque después de ver cómo Nueva York está fotogénicamente desierto y comprobar que incluso hay leones en Times Square, tuve el placer de exhibir mis conocimientos sobre cine de catástrofes al responder a una sencilla pregunta islandesa: "pero...¿donde está la gente?".
Argumento
A causa del apagón en la señal de la televisión analógica, se ha muerto todo el mundo y Will Smith disfruta de las comodidades y ventajas de ser el único habitante de una gran ciudad. Por increíble que parezca, el tío no está contento con su suerte y añora aquellos tiempos en los que estaba prohibido disparar armas automáticas cuando te viniera en gana y era preceptivo hacer aguas menores y mayores en los lugares indicados para ello. Acompañado de su perrita Samantha, Will el coronel científico se aburre mucho; ya que lo de mojar está jodido por motivos evidentes, intenta mantener su mente ocupada a base de practicar la caza bugavenadil, machacarse hombros y dorsales, ir al videoclub, mejorar su swing en portaviones y esperar a ver si alguien contesta un mensaje automático que ha programado para que se emita regularmente.
Un día la perrita se mete en un sitio muy oscuro que está lleno de -por llamarles algo- superzombis mutantes alopécico-fotofóbicos, los únicos seres vivos con aspecto vagamente humano que quedan, Will le pone una trampa a uno para hacerle unos cuantos experimentos cabrones pero tiene la mala suerte de resultar ser la novia del jefe zombi, que se queda con su careto dispuesto a vengarse en cuanto tenga ocasión, ocasión que llega de la manera más tonta posible. Total, que la perrita muere y Will, roto de dolor y preso de un justo furor zombicida, intenta vengarse a su vez y a punto está de morir, menos mal que llega una chica y le salva; Will misteriosamente parece no reparar en el nuevo mundo de posibilidades que se abre ante él y su mojo, se pone nervioso y hasta borde en vez de hacerse el simpático y lucir abdominales, cómo es menester en estos casos. Acosados por los superzombis se esconden en el laboratorio y se da cuenta, tres minutos antes de morir, que la zombi cautiva que ha usado de cobaya está respondiendo a una vacuna y tiene tiempo para una emotiva despedida en la que, optimista él, desea buena suerte a la chica en su búsqueda del presunto último asentamiento humano libre de infección y deja claro su anhelo póstumo de convertirse en leyenda.
Conclusión de darme la razón
Remake de una película de Charlton Heston y adaptación de un libro que se ha leído El Vaugan y yo no porque ya me vale, la peli se deja ver dentro de su basurez y es una clara muestra del cine más optimista, vibrante y apasionao que jamás se haya filmao. Beneplástico absoluto al hecho de que Will Smith sea el protagonista porque le avala su dilatada experiencia en el campo de la lucha alienígena y objeciones cero para la coprotagonista: una simpática perrita con un parecido más que razonable al cánido policía Rex. Película plagada de guiños al espectador cinéfilo: esos cervatillos que se mueven como velociraptores, esos zombis que parecen parientes de Gollum; si en las pelis del Heston, los malos supervivientes de un holocausto deben tener llagas en la cara, en el caso de Will Smith tienen que estar generados digitalmente y poseer cualidades antigravitatorias.
Aunque yo personalmente echo en falta una explicación sobre cómo es posible que en tres años crezca hierba en el asfalto neoyorquino y que, sin embargo, el papel de periódico no se degrade ni se quede amarillo; esa duda existencial queda relegada a un segundo plano ante el hecho de que esta preciosa peli parte de la gran falacia y curiosa premisa argumental de que ser el único humano vivo del planeta es algo que hay que lamentar hasta caer en la depresión más absoluta. Es que me quedo estupefacto ante ello. No estoy diciendo que sea algo cómo para levantarse todos los días con una radiante sonrisa, pero tronco, si te ha tocado a ti y encima te ha tocado eutanasiar a la perrita y quedarte más sólo todavía, pues te jodes y apechugas con la situación que por lo menos se te ha acabado lo de madrugar, deja de tener flashbacks, de dormir cagado de miedo y acurrucado en la bañera cómo si fueras el soso de Kyle XY. Si te aburres, abre un blog y concéntrate en el desarrollo de tu masa muscular que aunque tengas un poco de orejas de soplillo estás en los USA, y el día menos pensado aparecerá una princesa de boca de fresa con la que jugar a tenis de mesa y recorrer esa bella ciudad Smith & Wesson al hombro, cogidos de la manita con el pico cerrado, giñando y disparando alegremente en pareja en los lugares más emblemáticos de NY, marcando el territorio y poniendo una barrera invisible de esperanza, un "hasta aqui podéis llegar" que avise a zombis y bestias salvajes que aqui, ahora sí, hay dos personas mirando al futuro de manera muy optimista.



M dijo
Me encanta, me ha encantado y así seguirá por los siglos de los siglos, el simple hecho de sentarme a ver una peli a través de sus ojos Mr Engelson.
10 Enero 2008 | 07:24 AM