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en la basílica

confesiones irreverentes de una santa herética

10 Abril 2008

en mi isla (un sueño) - segunda parte -


Una vez más el viento me trajo las palabras... las palabras infinitas...

Pero esta vez las palabras eran más cercanas... lo invadían todo...¡todo!...

Con alborozo, con alegre alborozo...

Y las palabras infinitas, ésta vez, ya no eran apenas notas de una suave sinfonía que resonaran en el alma... eran acordes que rompían el silencio con furia contenida, el aire era ansiosa vibración de palabras quedas...

Estaban allí, en todas partes, en la espuma de cada ola, en cada grano de arena, en cada surco que en ella el paso lento de algún cangrejo hubiera creado, en cada gota de agua evaporada que en el aire se sustentara tímida y recatada, en cada piedra y en cada musgo, en las orquídeas que vanidosas surgieran amparadas en la savia fresca que robaran a las lianas en las que se asentaran, en el cansino marchar de las hormigas en hilera, en el zumbido monótono de la laboriosa abeja, en el rutilante aletear de una huidiza polilla...

Estaban allí, en todas partes, en cada instante, en cada segundo, en todo lo que se movía y en todo lo que permanecía estático... en la playa, pletórica de calladas palabras...

Toda la isla era un sólo sonido, armónico sonido de las palabras infinitas...

*******

Lo supe, enseguida mi corazón lo supo... estaba allí... había venido...

Rauda corrí a la playa, todos los seres de la isla pararon sus ajetreadas vidas un momento para mirar, conmigo, el horizonte...

Allí, apenas un punto perdido en la línea que divide los inmensos azules...

Poco a poco, aquel punto fue haciéndose más grande... poco a poco reconocible la silueta...

El corazón se lanzó a una carrera desbocada... marinero...

Y ahora sí, una nave de oro y plata, con todo su velamen al viento, impecables la mesana y la bastarda, tremolando su gallardete bien ceñido al bauprés, dónde luce una palmera coronada en plata en un campo verde y oro... roja y gualda la bandera, sinople y oro el gallardete... y en el estay, engalanada de fiesta la nave, mil banderolas al viento en señal de gozo, cantando al viento las mil hazañas que en la mar viviera su bien amada barca...

Marinero, ahora sí, volvías a estas playas...

Y toda la isla, en recogido silencio, con esas palabras infinitas que tan bien entendías, te daba la bienvenida...

La luna, mientras tanto, lucía ya explendorosa en el cenit del cielo... y sé, que la ví bien, que en aquel momento me guiñaba un ojo...

Marinero... bienvenido a la isla, a tu isla.

Tags: relatos

servido por enlabasilica 2 comentarios compártelo favorito

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

geografias

geografias dijo

Aquí estoy encantado de esta segunda parte de tu marinero que cada vez se acerca más a esos lugares en los que nos sentimos invadidos pero con verdadero placer.
Hace tiempo, mucho tiempo, avisté una isla y una silueta desde mi barca anclada y en reposo en aquel mar de ensoñaciones, ¿no nos conoceremos desde entonces? je, je.

11 Abril 2008 | 09:02

enlabasilica

enlabasilica dijo

Luis... gracias por seguir la historia. Claro que tal vez sea por eso, porque tú también tuviste alguna vez un sueño.... ¿nos conocimos en un sueño?. Nunca se sabe,

Un beso.

11 Abril 2008 | 09:06

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Sobre mí

He mirado el horizonte, buscando el azul de tus ojos. Y he perdido mi mirada en la tuya, allá dónde se pone el sol, todas las tardes. He mirado al horizonte, buscando el amor en tu mirada. Y he descubierto la luz en su más bella intensidad. Me he perdido en tu mirada, y he hallado la luz
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