Muñeca de trapo negro.
Relato breve.
La guerrillera tiene trece años, no puede ocultar su desasosiego y como es garbosa le llaman: “Mis Muerte”. Coronada con una veterana gorra de camuflaje, lleva, a modo de banda, un cinturón negro repleto de cartuchos. Imposible cuantificar los seres humanos que han muerto bajo sus descargas, ni los malvados profanadores que han resucitado unos segundos sobre su cuerpo de niña.
La han convertido en una pequeña bestia de cara bonita, que lleva enredada demasiado tiempo entre guerras y las ha perdido todas. Su piel negra disimula las moraduras de la supervivencia límite, pero en las manos endurecidas y fuertes se reflejan los trabajos forzados; en sus ásperos y rugosos pies desnudos, los maratones de la selva; y en la mirada doliente, sus alumbramientos extintos.
Ya no se pregunta nada; eso fue al principio, cuando masacraron a toda su familia. Desde entonces, es una muñeca de trapo rellena de resentimiento que no abre del todo los párpados. Fue raptada y enrolada a la fuerza. Obligada a luchar hasta la extenuación en un bando, a las ordenes de todos. Nunca ha dispuesto de tiempo para madurar una escapada.
Están tan lejos sus buenos recuerdos que, a pesar de esforzarse, apenas vislumbra los contornos de lo que fue su hogar ni acierta a distinguir los colores de su aprendizaje. Cuando le hago unas fotos sosteniendo el pesado armamento, me fijo en su contemplación y descubro una triza de alborada. Estoy convencido de que aún no ha perdido la esperanza de renacer, sólo necesita que alguien la pretenda de verdad y rompa su maleficio.
El día es desabrido y la tierra polvo áspero que pule mi visión. Las plantas parecen marchitarse ante la presencia del grupo armado que, cansado, busca la calma hasta silenciarla y, entonces, escucho lamentos y necesito mirarla de nuevo, saber algo más de ella. Cuando le pregunto si quiere marcharse ahora mismo de allí, esboza una mueca de desesperanza y se le humedecen los surcos que plagan su bello rostro. Por eso decido jugármela, intentando comprarla, para partir juntos hacia Europa.
Enrique Masip Segarra [2008]. Todos los derechos reservados.
Ning Ning [2006]. Zhang Peng [China, 1981]. Vía EQM.


Enrique Masip Segarra (Castellón - España). Trabaja la narrativa.
Colabora en algunos 'blogs' bajo el pseudónimo de "El xiquet de Columbretes".
Para contactar con el autor:
Juanita dijo
¡¡¡Cruda realidad Colombiana que ha soportado por tantos años el flagelo de la guerrilla y los grupos armados... hiciste el retrato perfecto de victimas inocentes incautadas a la fuerza y obligadas a saciar el apetito sexual de sus comandantes, a combatir y a cocinarles, servirles cual muñecas de trapo, como dices, muy acorde la ilustración. Un cálido abrazo desde mi Colombia.
3 Marzo 2008 | 03:18 AM