NADA LEO, 11
Cuando leas esta secuencia de la tormentosa relación entre Juan y Gloria verás que en la vida los problemas se repiten y se repiten y se ...Parece como si todo siguiese igual. Te asomas a los telediarios y es lo mismo.
Aún no había llegado ella cuando, con el estómago angustiado y vacío, me metí en la cama. Enseguida caí en un ensueño pesado en el que el mundo se movía como un barco en alta mar... Tal vez estaba en el comedor de un barco y comía algún buen postre de fruta. Me despertaron unos gritos pidiendo socorro.
En seguida me di cuenta de que era Gloria la que gritaba y de que Juan le debería estar pegando una paliza bárbara. Me senté en la cama pensando en si valdría la pena acudir. Pero los gritos continuaban seguidos de las maldiciones y blasfemias más atroces de nuestro rico vocabulario español. Allí, en su furia, Juan empleaba los dos idiomas, castellano y catalán, con pasmosa facilidad y abundancia.
Me detuve a ponerme el abrigo y me asomé por fin a la oscuridad de la casa. En la cerrada puerta del cuarto de Juan golpeaban la abuela y la criada.
- ¡Juan! ¡Juan! ¡Hijo mío, abre!
- Señorito Juan, ¡abra!, ¡abra usted!
Oíamos dentro tacos, insultos. Carreras y tropezones con los muebles. El niño comenzó a llorar allí encerrado también y la abuela se desesperó. Alzó las manos para golpear la puerta y vi sus brazos esqueléticos.
-¡Juan! ¡Juan! ¡Ese niño!
De pronto se abrió la puerta de una patada de Juan, y Gloria salió despedida, medio desnuda y chillando. Juan la alcanzó y aunque ella trataba de arañarle y morderle, la cogió debajo del brazo y la arrastró al cuarto del baño ...
-¡Pobrecito mío!
Gritó la abuela corriendo al niño, que se había puesto de pie en la cuna, agarrándose a la barandilla y gimoteando... Luego, cargada con el nieto, acudió a la refriega.
Juan metió a Gloria en la bañera y, sin quitarle las ropas, soltó la ducha helada sobre ella. Le agarraba brutalmente la cabeza, de modo que si abría la boca no tenía más remedio que tragar agua. Mientras tanto, gritó, volviéndose a nosotras:
- ¡Y vosotras a la cama! ¡Aquí no tiene que hacer nada nadie!
Pero no nos movíamos. La abuela suplicaba:
- ¡Por tu hijo, por tu niño! ¡Vuelve en ti, Juanito!
De pronto Juan soltó a Gloria –cuando ella ya no se resistía- y vino hacia nosotras con tal rabia que Antonia se escabulló inmediatamente, seguida del perro, que iba gruñendo con el rabo entre las piernas.
-¡Y tú, mamá! ¡Llévate inmediatamente a ese niño donde no le vea o lo estrello!
Gloria, de rodillas en el fondo de la bañera, empezó a llorar con la cabeza apoyada en el borde, ahogándose con grandes sollozos.
Yo estaba encogida en un rincón del oscuro pasillo. No sabía qué hacer. Juan me descubrió. Estaba ahora más calmado.
-¡A ver si sirves para algo en tu vida! – me dijo- ¡Trae una toalla!








Patrícia dijo
Me da la sensación de que Andrea sigue sin entender a su família y que tiene un poco de miedo por lo que hace Juan.
6 Febrero 2008 | 09:18 AM