Releyendo a Aldous Huxley
Estas son las primeras líneas escritas por Huxley como prólogo a su libro "Un Mundo Feliz", tras veinte años de su primera edición.
El remordimiento crónico, y en ello están acordes todos los moralistas, es un sentimiento sumamente indeseable. Si has obrado mal, arrepiéntete, enmienda tus yerros en lo posible y encamina tus esfuerzos a la tarea de comportarte mejor la próxima vez.
Pero en ningún caso debes entregarte a una morosa meditación sobre tus faltas. Revolcarse en el fango no es la mejor manera de limpiarse.
Os aconsejo que lo leáis completo:
www.munisurquillo.gob.pe
www.librosgratisweb.com
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He encontrado este texto por ahí fuera, atribuido a Kafka. Hoy os lo dejo tal cual, otro día quizás os comente lo que me sugiere, que no es nada bueno, ¿o sí?...
Cuando uno sale a caminar de noche por una calle, y un hombre, visible desde muy lejos -porque la calle es muy empinada y hay luna llena-, corre hacia nosotros, no le detenemos, ni siquiera si es débil y andrajoso, ni siquiera si alguien corre detrás de él gritando; le dejamos pasar.
Porque es de noche, y no es culpa nuestra que la calle sea empinada y la luna llena; además, tal vez esos dos organizaron una cacería para entretenerse, tal vez huyen de un tercero, tal vez el primero es perseguido a pesar de su inocencia, tal vez el segundo quiere matarle, y no queremos ser cómplices del crimen, tal vez ninguno de los dos sabe nada del otro, y se dirigen corriendo cada uno por su cuenta hacia la cama, tal vez son noctámbulos, tal vez el primero lleva armas.
Y finalmente, de todos modos, ¿no podemos acaso estar cansados, no hemos bebido tanto vino? Nos alegramos de haber perdido de vista también al segundo.
¿Franz Kafka?
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Hay días que uno necesita que le abran los ojos...
El aguacero iba amainando, y la muchacha andaba por el centro de la acera, con la cabeza echada hacia atrás para que las gotas le cayeran en el rostro. Cuando vio a Montag, sonrió.
-¡Hola!
Él contestó al saludo y después, dijo:
-¿Qué haces ahora?
-Sigo loca. La lluvia es agradable. Me encanta caminar bajo la lluvia.
-No creo que a mí me gustase.
-Quizá sí, si lo probara.
-Nunca lo he hecho.
Ella se lamió los labios.
-La lluvia incluso tiene buen sabor.
-¿A qué te dedicas? ¿A andar por ahí probándolo todo una vez? -inquirió Montag-.
-A veces, dos.
(...)
Y ella se alejó corriendo y le dejó plantado allí, bajo lluvia. Montag tardó un buen rato en moverse.
Y luego, muy lentamente, sin dejar de andar, levantó el rostro hacia la lluvia, sólo por un momento, y abrió la boca...
Bradbury, Ray: Fahrenheit 451
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