Iba cabizbaja por el camino, sabía lo que iba a encontrarme delante de mis propios ojos, sólo entonces me lo creería. De pronto lo vi, iba acompañado de una maleta y de otra persona, no podía creérmelo; fue como si un puñal se clavase en mi corazón. Sentía una opresión en el pecho que no me dejaba respirar con normalidad.
Debía ir a junto suya y reclamarle esos momentos pasados, esas miradas entrecruzadas entre nosotros. Apenas comenzara a dar pasos hacia su dirección, me quedé paralizada, no podía moverme, las lágrimas pronto empezaron a bajar, deslizándose por las mejillas. No permitiría que me viera así, me las sequé con fuerza y me dirigí hacia él.
