espejismos
Soy un vendedor de espejismos. Ahora tengo dos, uno en cada mano, ven y mira.
En una mano veo tu espalda alejarse mientras un puñal silva y corta el viento volando cual ave del paraiso con una cirrosis terminal, no tardará en partir ese bello espinazo.
En la otra mano me veo dandole de comer migas de pan a unos patos, se me cae la baba.
Cosa bien extraña, es cierto, pero alcanzan cifras astronómicas en los mercados del placer y el dolor, sobre todo en los del dolor.
Pero no, estos no, estos son mios, y no los venderé.
Tal vez nunca vuelva a vender espejismos, ¿deberia dedicarme a vender vidas?, no lo sé.
Llegados a este punto no me queda otra salida que cerrar los ojillos y no habrirlos más.
