CORTANDO CON TODO
Tal vez debería cortarme un dedo, si tal vez, o quizás volarme los sesos, algún día, es posible, es probable, si eso será cuando no me queden dedos, cuando a nadie le queden dedos que pueda cortar, dejaremos para más adelante entonces la cuestión de volarme los sesos, no sería suficiente y además me gustaría saber como se vive la vida a si misma en mi muerte, y esta importante cuestión no la puedo ni tan solo intuir con un agujero en la cabeza, no en la mía, en cualquier caso se que tal vez todo esto no sea más que una pesadilla, no puede ser de otra forma, ¿o si?, cortándome un dedo el dolor me dirá la verdad, la verdad sobre en que realidad me encuentro, en la realidad de mis pesadillas, en la realidad de vuestras pesadillas o en la realidad del sueño, mis dos manos abiertas, los dedos extendidos sobre una mesa negra, que ciertamente no es negra, solo esta sucia, no recuerdo de que color era hace siglos ya, observo mis manos, los recuerdos grabados en ellas en forma de arrugas y alguna cicatriz, observo mis venas hinchadas y azules, mis nudillos heridos a base de golpear las paredes, las uñas y los restos de otras pieles y sangres secas bajo ellas, me esfuerzo por abrir y extender aún mas los dedos, sobre la mesa hay una botella de absenta y un cuchillo, lo he afilado durante horas, quiero beber, pero no puedo mover mis manos, no puedo dejar de mirarlas, si las muevo se romperá el camino trazado, se disipará la sensación de saber lo que debo hacer, las miro, hablo a mis manos y ellas me hablan, me piden que sea firme en su sacrificio, son nobles, abro la boca y muerdo el cuello de la botella, inclino mi cabeza hacia atrás y la absenta entra como un océano de lava hirviente en mi garganta, quema, abrasa, es la sensación de la purificación que ejerce el fuego sobre lo corrupto y lo insano, me duelen los dientes, bebo un poco más, dejo la botella, cierro los ojos, y siento que las llamas inflaman mis entrañas, no he movido mis manos, ni ellas se han movido, ahí siguen, expectantes ante la ceremonia que ya ha comenzado, este es el momento, cojo el cuchillo con mi mano derecha, y corto un dedo de la siniestra, el meñique para ser más precisos, no por nada en especial, solo es una cuestión de orden, continuare este orden hasta llegar al pulgar o hasta que me desmaye o hasta que despierte, ahora si me esta permitido coger la botella con mi mano sin mutilar, un trago largo, cojo de nuevo el cuchillo y secciono de un solo y certero tajo otro dedo, no perdamos más tiempo, no es necesario pretender retrasar lo inevitable, corto uno mas, y clavo el cuchillo en la mesa, cojo la botella y bebo, derramo el licor sobre mi mano mutilada, sobre los dedos amputados, separados exactamente un centímetro de lo que antes era un todo, quizás debiera replantearme empuñar con mi mano intacta un revolver o eso o mutilar a toda la humanidad, en cualquier caso no me cortaré más dedos yo, a no ser claro q deba despertar de nuevo, ahora lo veo, lo se de nuevo otra vez, el mundo es un basurero, un apestoso estercolero, lleno de voraces gusanos en busca de la mierda más grande, de la mierda más blanda o la más dura según dicte la moda del momento, conseguí una bien jugosa y me sentí mejor, me sentía envidiado, me sentía bien, incluso aplaste a otros gusanos bajo mi peso, el peso de la ley, si aplaste a algunos, eso es, sí eso pasó, así lo soñé, en lo sucesivo me comportaré como un padre comprensivo, como el nuevo Mesías, como un loco, toda la mierda que llegue a mí os la repartiré hermanos míos, la repartiré virgen, sin catarla, sin palparla, sin olerla, sin desearla, la repartiré entre todos vosotros y mi única recompensa será el gozo de veros disfrutar con ella, y si entre vosotros hay algún iluminado y me suplica que le corte algún dedo lo haré con ternura y amor, con la misma suavidad con la que una manada de elefantes furiosos y a la estampida arrollarían al inocente recién nacido que un día fuiste, la perdida a raudales de sangre me hace delirar, pierdo mucha sangre y la repongo con un buen trago de absenta, un buen negocio si señor, es mejor que jugar a la ruleta rusa, voy sobre seguro de esta forma, una apuesta ganadora, otro trago más, ahora nada me duele, todo es hermoso y tiene sentido, estoy vivo, estoy muerto, la vida vive y muere a la vez, gira sobre si misma, se enrosca y se engulle, para cagarse hacia adentro, y el cero y la nada son inventos para definirnos, yo no, soy tan positivo como negativo, pero no soy nada, no lo soy más que en lo más intimo, miro los muñones, mi sangre es roja, tengo carne y huesos, cojo uno de mis dedos, el pequeño, y lo meto en la nariz, me saco los mocos y los pego bajo la mesa, cojo los otros dos y me tapo las orejas, comienzo a mover el muñón cual director de orquesta sinfónica con una batuta letal, estoy exultante, eufórico, dirijo a una orquesta de enfermos mentales, todos ellos con licenciaturas e incluso algún doctorado, que han leído a Nietzsche y las tiras cómicas de los diarios, sus cabezas llenas de mierda y nitroglicerina y sus corazones hipotecados, muevo mi muñón al compás de las Valkirias, ¡TU! , has desafinado, un pedo fuera de lugar, le atravieso un ojo con mi batuta, el resto de la manada cierra los ojos y sigue tocando, salto, grito, doy volteretas, que alegría, que placer, ¡que erección!, se acerca el gran final, redoble de tambores y las cabezas comienzan a estallar, ¡tachaan!, solo ha sobrevivido uno, ¡YO!, soy dios, ya no sangro más, aleluya, otro trago más, la tranquila balsa de sangre sobre la mesa, va cuajando poco a poco, cuando se seque, con un punzón, dibujaré algo bonito en la sangre, sí, me dibujaré, sentado con las manos sobre la mesa, a una mano le faltan tres dedos, y yo bebiendo mi absenta, el universo entero retratado en un lago de sangre seca, saco los dedos de mis orejas cojo el otro y los guardo dentro de una cajita de música, al abrirla suena “Para Elisa”, los deposito con sumo cuidado, con todo el respeto y devoción que se merecen, son unos mártires mis dedos, unos revolucionarios, el pueblo y para el pueblo, cierro la cajita, a partir de hoy esta caja será el altar ante el que alzaré mis plegarias a mi mismo, el altar que contiene las reliquias que serán veneradas durante eones, ni siquiera mis cojones serán tan adorados, y eso que hablamos de mis cojones y puedo asegurar que hablar de ellos son palabras mayores, en si mismos se merecen toda una religión para y por ellos y toda una legión de fieles que inicien una cruzada por la verdadera fe, pero mis cojones no son mártires, no, llevan una vida bastante placentera dentro de lo que cabe, aunque también es cierto que tampoco se pueden mostrar en todo su apogeo tanto como quisieran, pero no son ni serán sacrificados y eso otorga cierta ventaja a mis tres dedos, inmolados por mi humanidad, queda poca absenta, me volveré loco si se acaba, o eso o continuo bebiendo agua, no, definitivamente la locura, pero mientas tanto un trago más y otro, hago gárgaras, abro una lata de sardinas en aceite, hay tres, como dos y la otra la guardo en la cajita de música junto a mis preciosos, divino e incorruptos dedos, las cosas importantes la iré guardando en cajita de música, ¡que importante es la música!, claro que espero no comerme algún día en que este muerto de hambre, por equivocación, un dedo en vez de la sardina, pero mejor no preocuparse por algo que no ha pasado, aunque pasará, pero no todavía, otro trago, enciendo la televisión, apago la televisión, tiro la televisión por la ventana y a todos los que viven dentro de ella, miro fuera, esta lloviendo, llueven televisores, ha declarado, el gobierno, el estado de emergencia, soldados y tanquetas por las calles, la gente en sus casas se descubren y se hablan, el caos.

=La Fulana= dijo
Encantador! Espero que no sea un estado por el que estés pasando. No sé si sabrás -estaba en el blog anterior- mi hermano tenía estas sensaciones hasta que tomó un arma y se pegó un tiro. La placa radiográfica que me mostraban los médicos era clarita, entrada por el lado derecho en diagonal hacia arriba alojada en el otro extremo sin orificio de salida. Todavía no hace un año de esto. Lloré días, noches, tuve pesadillas, odié a muchos y llegué a la conclusión de que lo suyo fue de puro pelotudo. Un boludo soberbio y ególatra que no buscó ayuda. Un hipócrita mentiroso. Se salvó de mi propuesta de penalizar al suicida.
Un abrazo casi catártico. Hablame si estás mal.
5 Marzo 2006 | 06:11 AM