Yo, mí, me, conmigo
Ayer, al llegar a casa, me encontré a mí mismo sentado en mi sofá, bebiendo mi whisky, y leyendo uno de mis libros. Tras el sobresalto inicial por la inesperada presencia, me interpelé en un tono absolutamente glaciar.
- ¿Como has entrado aquí?
- Por la puerta- contesté sin tan siquiera levantar la vista del libro.
- ¿Y de donde sacaste las llaves?- volví de nuevo a la carga, elevando considerablemente el volumen.
- Me las diste tú, ¿no recuerdas?
La aparente seguridad que mostré en la respuesta me hizo dudar. Podía ser que en uno de esos días buenos en los que me levanto en paz conmigo mismo, hubiese cometido la debilidad de ofrecerme las llaves. De todos modos, le espeté.
- Lárgate inmediatamente, y deja las llaves en la mesa.
- Sabes que sin mí no eres nada, ¿verdad?- me dijo mirándome fijamente a los ojos y esbozando una ligera sonrisa.
- Maldito seas, a veces te mataría...
Su sonrisa se tornó en una mueca de desprecio y, encogiéndose de hombros, utilizó un tono tan frío como desafiante.
- Tú mismo.


lucia3 dijo
Un diálogo GENIAL,. Gracias por tu visita a mi blog, he sentido curiosidad por tu comentario y he pasado a saludarte. Estaré fuera hasta el lunes, así que ahora estoy con prisa, pero prometo visitarte con más calma y leerte despacio. Lo he hoy me ha gustado. Prometedor.
Vuelve a visitarme cuando quieras, si te gusta la poesia, porque es lo que más escribo.
Un abrazo, y felíz semana.
13 Mayo 2008 | 02:46 PM