reescribir las relaciones interpersonales
Hace unos días realicé un viaje con mis alumnos, chicos y chicas de 12 a14 años. Durante las tres horas que duró el viaje en autobús los chicos fueron jugando con sus “plays” y sus teléfonos móviles. Me sorprendió que fueran “chateando” entre ellos y enviándose mensajes en lugar de hacerlo de viva voz cuando iban sentados al lado.
Hace unos días la prensa se hacía eco de los cambios en el patrón de comportamiento dentro del matrimonio. Empiezan a ser numerosos los matrimonios que utilizan dormitorios separados. Muchos de ellos suelen despertarse de noche, roncar, acostarse o levantarse a diferentes horas o simplemente pasan de “robarse” las sabanas durante la noche.
Además se ve como algo positivo, así se relaja la tensión de la vida cotidiana entre la pareja. Y no significa que existan tensiones entre ellos.
En un mundo que permite tener comunicación al instante con cualquier persona en cualquier lugar del mundo, intercambiando imágenes, ideas, canciones… resulta por lo menos chocante – a mi me lo parece – que tengamos dificultades para hablar cara a cara, mirando a nuestro interlocutor, viendo la reacción que le produce el intercambio de opiniones, de sugerencias, de maneras de ver las cosas.
¿Le tenemos miedo al otro? Por eso preferimos comunicarnos con otros medios más impersonales o simplemente hablamos banalmente de cualquier cosa y no nos interesa profundizar en el diálogo ni darnos en él.
¿Qué pensáis vosotros?




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Luz dijo
Normalmente las conversaciones son banales, pero no sólo entre los jóvenes. Sin embargo, creo que si preferimos comunicarnos con otros medios más impersonales es por un cierto miedo al compromiso. Como tú dices, hablar cara a cara conlleva un intercambio también de gestos que nos delatan, que nos comprometen. Denota una preocupante falta de confianza en uno mismo.
Pero de todo lo que cuentas hay un detalle que me parece muy triste: los niños, en viaje de estudios, corren las cortinas para ver mejor la película de vídeo, se sumergen en sus videojuegos, se aislan en su música y... no ven el paisaje. Tampoco cantan "Vamos a contar mentiras" o "Estaba el cocodrilo y el orangután..." O aquella otra de "Fulanito robó pan en la iglesia de San Juan; ¿Quién, yo? ¡Sí, tú!..." Aquélla sí que establecia relaciones interpersonales.
Un beso.
3 Junio 2007 | 08:06 PM