Fryslân http://www.lacoctelera.com/fryslan <b>Crónicas —amargas— desde un país que no existe...</b> es-es Tecnología http://4.lcassets.com/myfiles/fryslan/pluja65x65.jpg Fryslân http://www.lacoctelera.com/fryslan the-shaker v0.1. More on http://www.the-shaker.com Crónica —sin adjetivos— desde una ciudad que no existe http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2008/06/13/cronica-sin-adjetivos-desde-ciudad-no-existe 2008-06-13T11:31:51+00:00 novela tientos batallas París. París es una ciudad estupenda, una ciudad literariamente estupenda, cinematográficamente estupenda, pero no es una ciudad para vivir en ella. No para mí. Nunca pensé que llegaría a sentir añoranza del mar, nunca creí que tuviera necesidad de estar cerca del mar, más cerca del mar. Está el Sena, sí, pero no es el mar; un río es como un mar pero triste. Y he llegado a la conclusión de que necesito estar cerca del mar, respirar el mar, saber que está ahí, a la vuelta de la esquina...

París está demasiado lejos del mar, pero en Paris vive Nadia, y eso es lo único bueno que tiene hoy esta ciudad para mí. Pero París es una ciudad triste, a pesar de Nadia, por eso hemos hecho de su apartamento un continente. Hacemos el amor, escuchamos música —ella me ha descubierto a Andreas Scholl; yo le hago escuchar mis discos de Antònia Font; ambos cantamos en nuestro catalán aproximado «he vist un riu a parís davall de sa torre gris»—, leemos, comemos, incluso trabajamos en la cama. La cama se convierte en un barco, una tienda, un iglú, y el trayecto hasta la cocina o el baño, una pequeña expedición, sin apenas riesgos... Nada como Nadia, nadie como Nadia, Nadia, Nadia como Nadia, nada como Nadia, nada de nada, nada de nadie: Nadia!

Afuera no hay nada, no hay nadie. Todo está dentro. En el gran ágape de la creación, la Obra, nuestra Obra se lleva toda nuestra la energía, todo nuestro tiempo; el blog las migajas. La Obra se engorda y el blog se adelgaza. Y me duele. Me duele porque me gustaría escribir epifanías como esta. O desnudarme ante el mundo como ella. Pero no puedo. La Obra y Nadia, Nadia y la Obra me lo piden todo, lo tienen todo, me tienen todo.

Me gustaría poder decir que escribo para que otros lean, pero solamente escribo para Nadia, para nadie, para nada. Pero escribo. Ahora escribo y escribo. Y Nadia descansa acurrucada a mi lado. Lleva unos anchos pantalones negros y una ajustada camiseta negra que muestra generosa una buena parte de sus pechos blancos, estremecedores, y el tópico lunar juguetón. Sus brazos blancos duermen pegados al cuerpo. La correa negra del reloj, el anillo negro, la pulsera de cuero negro destacan sobre la piel blanca. El cabello rubio, cortado a la parisienne, oculta su rostro, su bello rostro, su boca medio abierta cuando duerme, sus párpados delicados, sus cejas inexistentes... Lo mejor de París. Y sin embargo... ]]> http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2008/06/13/cronica-sin-adjetivos-desde-ciudad-no-existe#comentarios ¡París! http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2008/05/06/paris 2008-05-06T01:25:21+00:00 requiebros batallas Para salir del pozo, para creer que salgo del pozo, me largo un largo fin de semana a París. Marc Weitzmann me lleva en una larga noche de traqueteo e insomnio desde la estació hasta la gare. En el hotel(ucho) donde me alojo descanso un par de horas y salgo a pasear. París es una ciudad cargada de recuerdos; de recuerdos de otros, de recuerdos que he robado de los libros, de las películas, de las historias que otros han vivido por mí y para mí.

Trasteando en una bouquinerie encuentro a una si jeune, si belle, si blonde, si ravissante fille, que hojea una edición antigua de Baudelaire. Es uno de mis poetas preferidos. En mi triste francés triste de triste instituto triste de triste bachillerato triste le recito A une passante. Ella se gira, me sonríe, deja el libro, me toma de la mano y me dice: vous êtes spécial, bien entendu... Oui, très spécial, madame. Tomo el libro, lo pago, se lo regalo: un p'tit cadeau...

N., traductora del ruso, sin soltarme la mano, me cuenta su vida, me pasea por sus calles húmedas de París, me descubre unos cuantos bistrós, me ríe, me emborracha, me empuja a un RER, me baja en una fea banlieue, me sube a su apartamento, me arroja a su cama, me pide que le lea la Chanson d'après-midi, me susurra al oído i my skoro boudiem zanimatsia liouboi, y me ofrece su cuerpo, y me lleva al Parnaso, al jardín de las Delicias, a los Campos Elíseos, al jardín del Edén, al huerto de Hera, a la fuente de Castalia, a la Cólquide, al Parnaso de nuevo, al Olimpo, al Leteo...

Creo que voy a cancelar mi billete de vuelta. Creo que me quedo en París...

[Para SQ, que también anda, creo, «cerca» de Rusia...]

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En el pozo http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2008/04/10/en-pozo 2008-04-10T18:03:33+00:00 tientos batallas
F. sale del pozo. F. vuelve al pozo. F. sale del pozo. Y F. vuelve a caer en él... Tras varios meses de ausencia vuelvo a escribir para nada, después de escribir por dinero para nadie. Estuve ocupado en olvidar a una mujer —otra más— y en escribir un mediocre libro de narraciones que un editor espabilado quiere publicar para Sant Jordi y que un escritor famoso quiere firmar el día de Sant Jordi. Por lo que a mí respecta, me conformo con cobrar mi trabajo antes del día de Sant Jordi.

Escribir para otro es algo así como ver a tu novia en la cama con otro. Duele, pero no te puedes quejar. Ahora, a escribir un libro para otro lo llaman trabajar en equipo: el imbécil —o sea, yo— escribe, en agotadoras sesiones de horas y horas de trabajo; mientras el imbécil escribe, el editor negocia artículos en los suplementos culturales y intervenciones del escritor en la radio y en la televisión, y el escritor dicta al oído del imbécil sus faltas de ortografía, de sintaxis, de decencia, y su halitosis, y habla por teléfono con su amiguita.

Para mí, el único consuelo del trabajo en equipo era N., una callada y hermosa secretaria para todo —para todo, cierto—, una maravilla de chica, un monumento de carne y hueso, de faldas tacañas y generosos escotes, gafas de pasta —claro—, y adicta al bicing, de la que día a día me fui enamorando en secreto, en silencio, como un colegial.

Anoche, me la encontré en un bar de literatos de la calle Ferlandina. Tomamos algo —bueno, nos emborrachamos como veinteañeros—, después de un tira y afloja divertido, liberamos nuestra angustia vital entre las sábanas: mi cuerpo, su cuerpo tatuado —¿todas las chicas están tatuadas?— y nuestras respectivas neuras. Esta mañana, la dura realidad de un beso de despedida con resaca.

«A lo mejor algún día nos querremos», me ha dicho, antes de irse, pero se ha ido. No sé por qué razón las mujeres a las que amo se van, siempre se van. Siempre tienen una excusa, cierto, pero se van. Creo que estoy enamorado, de verdad, pero prefiero no concebir esperanzas; la vida me ha corneado demasiado. Mañana la llamó. Añoro el sabor de su cuerpo.

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Praat mar Frysk http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2008/01/08/praat-mar-frysk 2008-01-08T23:30:28+00:00 citas ]]> http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2008/01/08/praat-mar-frysk#comentarios Creo... http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/12/18/creo- 2007-12-18T13:28:35+00:00 pensamientos Veronika devora mi cuerpo y fagocita mi alma. Desde que se instaló en mi vida, mi vida ya no es mi vida, es un apéndice de la suya. Mi corazón late si su corazón late; mis pulmones inspiran y expiran cuando sus pulmones inspiran y expiran; mi cerebro piensa lo que ella piensa; mi aparato reproductor funciona al ritmo de su aparato reproductor, y mi aparato digestivo... Su energía me abastece de energía; todo mi ser funciona al compás de su ser. Su felicidad es el alimento de mi felicidad. Me temo que me convertí en un clon de su yo.

Se instalo en mi casa, y desde entonces ya no es mi casa. Cambiaron los colores de sus paredes; cayó la pared de la cocina, se abrió una ventana en el altillo... Veronika compró estanterías para «sus» libros —que habían sido mis libros—, que organizó según su criterio, vendió «sus» vinilos —que habían sido mis vinilos—, compró un nuevo reproductor para «sus» cedés, unas bicis para los dos...

Veronika me adelgazó diez quilos, me hizo operar la miopía —Veronika lanzó mis últimas gafas al mar—, me llevó a su estilista —¡me cortó y me peinó las cejas!—, me compró su ropa, me llevó a conocer a su mamá —¡qué diferencia, dios!, más que su madre parece su hermana—, me llevará estas navidades a Nueva York con su papá...

Su próspero negocio va viento en popa. Está empezando a ganar dinero. El primer libro que ella editó —yo solamente lo propuse, lo traduje, lo corregí, lo maqueté...— se está vendiendo muy bien. Y esta semana va a llegar a las librerías el segundo...

Hago lo que me ordena, leo lo que ella me propone leer, escribo lo que ella me dicta, escucho lo que ella dice, digo lo que me hace decir, opino lo que le oigo opinar...

Veronika asiste desconcertada a mi transformación.

Creo que es feliz,
creo...

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Muerte http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/11/29/muerte 2007-11-29T12:57:53+00:00 requiebros Hay algunos
que creen
que Fryslân
ha muerto.

Y
sin
embargo
vive.

Pero no sé si debe
seguir viviendo... ]]> http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/11/29/muerte#comentarios Veronika http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/08/03/veronika 2007-08-03T11:49:46+00:00 tientos Se ha ido; Veronika —mi ángel holandés— se ha ido durante unos días a Nueva York, para pasar una parte de sus vacaciones con su padre. Se ve que desde que sus padres se separaron, hace un universo de años, ella acostumbra a pasar parte de sus vacaciones con él, al que veía, cuando ella era una niña y vivía aún con su madre, muy de vez en cuando. Después de emanciparse, ella mantuvo esa costumbre. Y así, cada año, con su padre, organizan algo, un viaje..., para pasar algunos días juntos y mantener el roce que dicen que hace el cariño. Pero a mí me jode. Ahora que me había acostumbrado a ella, a comer con ella, a reírme con ella, a enfadarme con ella, a acostarme con ella, a pasear con ella, a despertarme con ella, a pensar en ella, a pensar con ella, a leer con ella, a ir al cine con ella, a emborracharme con ella, a ir a la playa con ella, a no librarme de ella, a salir a cenar con ella, a jadear con ella, a ducharme con ella, a bostezar con ella, ahora, ahora va y se larga. A Nueva York. Me jode. Creo que estoy enamorado. Y se va. Con su papá. En fin... Se despidió de mí con una sesión salvaje para que pudiera pasar sin sexo, dijo, las dos semanas que iba a estar solo. Y me llama cada día. Y la llamó. Pero ocurre que el sexo es una droga y engancha, y cuanto más tienes más quieres. Y así no hay quien viva... En fin, que lo estoy pasando mal, Veronika. Que quiero que regreses ya... Que necesito que regreses ya... ]]> http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/08/03/veronika#comentarios El ángel http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/07/06/el-angel 2007-07-06T09:08:55+00:00 batallas Un poema —algo cursi— escrito en una servilleta llevó a un ángel holandés hasta mi cama —siempre es bueno conocer idiomas: Welterusten, vriendelijk! Alguien le dio mi teléfono. Quedamos en un ruidoso café de mi barrio. No es difícil reconocer a una holandesa en un ruidoso café de barrio: pelirroja, un delicioso vestido blanco colgado de su ancha espalda. Besos, etcétera. Es editora. Se quiere establecer aquí. Estuvo haciendo un máster en no sé qué universidad. Con Vallcorba, creo. Ehem. Hablamos de literatura: de literatura y de literatura. Y también del negocio. Inquieta. Quiere trabajar con gente joven. Alguien le dio mi teléfono. Me habló también de X. i de Q. Que qué me parecía. Bien, claro; aunque creo que Q. está muy liado con la revista. Su gobierno le da una generosa subvención. Y algo de Europa, también. Quiere dar a conocer escritores y escritoras jóvenes; y traducirlos luego, si funcionan mínimamente aquí. Tiene buenos contactos en Holanda, en Bélgica, en Alemania, en Italia... Estudió italiano. Nos pusimos a hablar en italiano —siempre es bueno conocer idiomas—, tomamos un par de cervezas más, nos reímos, le escribí un poema algo cursi en una servilleta, le prometí unos originales, pagó ella, subió a mi casa, se sentó en mi sofá, se metió en mi cama, me llevó en sus alas, durmió conmigo, me levanté feliz, hoy la vida es un poco más bella..., digo fraai!

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Aviso http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/05/14/aviso 2007-05-14T22:26:47+00:00 poesía batallas Aviso

(la primavera ha venido
y nadie sabe cómo ha sido...)

Después de la calma, la tormenta...

Y vino sin avisar
y me encontró abismado;
abismado en los abismos queridos de los libros,
abismado en los abismos deseados
de los abismales escotes de las muchachas,
abismales, avisadles, avisadme, abismadme...

Y el que avisa y se abisma no es traidor...

Vino sin avisar, pues,
y me pilló abismado y desavisado, el abismo
abismal de los abismos abismales,
los abismos queridos, los abismos deseados,
los abismos sudados, los abismos desodorados,
abismales, abisales, avísales, avispadles...

Cómo una palabra, cómo un pedazo de piel
nos arroja al abismo. Sin aviso.
Y el que se abisma no es traidor: avisa.

Toda la literatura en mis manos
todos los abismos en mis ojos
tantas manos para leer
tantos ojos para acariciar...

Los avisos abismales, abisales, avispadles...

Avisadme. Tengo el coraje suficiente.
Para abismarme en los abismos,
para avisparme en los abismos
para fenecer en los abismos abismales,
sin aviso.

Avisadme.

Después de la calma, la tormenta....

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Desde hace algun tiempo estoy suscrito una lista de http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/03/30/desde-hace-algun-tiempo-estoy-suscrito-una-lista-de 2007-03-30T00:03:15+00:00 novela Desde hace algún tiempo estoy suscrito a una lista de distribución de profesionales de. Me apunte un poco por inercia, porque la jefa nos pasó el enlace y nos recomendó que le echáramos un vistazo. La verdad es que los primeros mensajes que recibí y las primeras dudas que se planteaban en ellos me parecieron de primero de bachillerato, pero con el tiempo empecé a valorar su utilidad y más tarde aprendí a clasificar a los remitentes y a leer solamente aquellos que destacaban por la inteligencia de sus comentarios y la coherencia de sus criterios.

En una segunda fase, me atreví a meter baza en alguna de las cuestiones que se suscitaban. Primero, bastante espontáneamente; luego, con más dedicación. A cualquier fallo que cometí, por escribir a vuelapluma y sin releer, aunque solamente fuera tipográfico, le sucedía una marea de reproches... Pero el nombre con que firmaba mis mensajes era mi refugio...

Hace cosa de un mes, a causa de un régimen verbal dudoso, mantuve una acalorada conversación con una participante. Su falso nombre tenía resonancias poéticas y sus comentarios eran acertados y sinceros, y siempre respetuosos. Luego, gracias a una extraña complicidad que nació del hecho de compartir gustos, formación, criterios y posiciones teóricas y prácticas más o menos comunes acerca de los temas que se suscitaban, y de vivir, como descubrimos, en la misma ciudad, nos «aliamos», por decirlo así, en un par o tres de debates para rebatir absurdas propuestas y descabelladas razones de indocumentados —glups— «profesionales».

Un día, me atreví a enviarle un mensaje a su dirección electrónica personal, un mensaje personal, fuera de la lista de distribución. Ella me lo respondió instantáneamente. Y a ese le siguió otro y luego otro y luego otro. La «amistad» se fue sedimentando, esperaba ansioso abrir el buzón electrónico para leer sus misivas, que parecían escritas por mano de ángel. Yo me esforcé en ponerme a su altura, ehem, literaria. Y ocupaba cada vez más tiempo redactando oscuros mensajes cargados de ironías y dobles sentidos, con la esperanza de que ella gozara de ellos en la pantalla de su ordenador.

Finalmente, un día, después de una dolorosa noche de insomnio, le envié un mensaje con una propuesta de cita. Ella aceptó. El día señalado, venciendo la insoportable vergüenza que me atenazaba y que disparó todo mi arsenal de tics nerviosos, me arreglé para salir. Antes de entrar en el café del centro de la ciudad donde nos habíamos citado, di varios millones de vueltas a la manzana abrazado a mis fantasmas. Cuando, finalmente, entré, la vi de inmediato en una mesa, leyendo el libro que habíamos convenido. Estaba delicadamente sentada con las piernas cruzadas, absorta en la lectura del libro; sujetaba con dos dedos delicados una taza ingrávida, reposaba un codo en la delicada superficie de una mesa invisible... Ho..., hola, tartamudeé. Hola, exclamó. Nos dimos dos besos, me sonrió. Una sonrisa que llenó mi corazón de chiribitas. Me preguntó qué quería tomar. Pedí un café. Charlamos de nuestras travesuras en la lista de distribución, de libros, de discos, de películas... durante un par de horas eternas. O más. Anochecía. Iban a cerrar el café. Le propuse salir por ahí y tomar un bocadillo y unas cañas, y... Ella me dijo que no podía, que la esperaban en casa para cenar, dijo. «Estoy casada..., infelizmente casada...», dijo. Y en ese instante sentí cómo en mi dolorido corazón dolorido se abría una brecha dolorosa...

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Los domingos... http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/03/18/los-domingos- 2007-03-18T14:30:48+00:00 tientos En mi otra vida, el domingo era el mejor día de la semana. Cuando vivía con Ella, cuando Ella vivía conmigo, el domingo era un día hermoso, algo más que veinticuatro horas. Nos levantábamos tarde —el sábado, si no salíamos, bebíamos cerveza y veíamos abrazados en el sofá deliciosas películas en blanco y negro hasta altas horas de la madrugada—, leíamos o hacíamos el amor, dormíamos otro rato, continuábamos leyendo o haciendo el amor, comíamos algo, nos emborrachábamos, hacíamos el amor, nos duchábamos, dormíamos, leíamos, nos escribíamos efímeras cartas de amor en el vaho del espejo del cuarto de baño... Era bastante parecido a lo que creo que debe de ser la vida en el paraíso...

Pero Ella se fue y se terminaron los domingos. Ahora el domingo es simplemente un día más, o un día menos. me levanto ni temprano ni tarde, cuando mi cuerpo descansado se harta de dormir, cambio las sábanas sucias del sudor de mis pesadillas, hago la colada de toda la semana —una lavadora de ropa blanca, una de ropa de color—, lavo los platos de la triste cena del sábado, me arrastro, triste, por casa, pongo música triste; en vano, intento leer, intento escribir, intento trabajar, intento olvidar que el domingo tiene veinticuatro horas... A veces incluso salgo de casa y me compro la prensa, para comprobar cómo las dos españas posibles me hielan el corazón, y me tomo una cerveza y unas aceitunas en el bar de la esquina, y el ovillo de mis pensamientos se lía en los nudos de la tristeza, y en las mesas de mi alrededor parejas enamoradas y felices se besan en el cuello y se meten mano con discreción, y familias felices dan patatas fritas a sus críos y se ríen de sus jefes y de sus hipotecas, y yo, solo, me termino un culo de cerveza tibia y me como la última aceituna, y regreso a casa, para intentar leer, para intentar escribir, para intentar trabajar, para comer un plato recalentado con un vaso de vino avinagrado, para intentar distraer mis pensamientos, para intentar convencerme de que la soledad será solamente un rincón vacío y lleno de polvo de mi vida, para convencerme de que un domingo, a pesar de todo, solo son veinticuatro horas, y de que mañana será lunes otra vez y de que otra vez el ajetreo de las obligaciones me apartará de los pensamientos funestos, de la triste añoranza de su ausencia, de todas las ausencias, para soñar que volverán nuevos domingos en compañía de alguien que, algo, aunque solo sea un poco, me querrá...

Pero en el horizonte me espera una semana interminable y otro fin de semana, otra noche de sábado lúgubre y otro domingo decepcionante y triste. El sábado, quizá marcaré su número de teléfono para oír su voz grabada en el contestador..., y colgaré sin abrir la boca. El domingo, nuevamente intentaré en vano llenar de palabras propias, de palabras ajenas, de canciones tristes, los recodos sombríos de mi soledad. Pero eso será el próximo fin de semana. Hoy, cuando anochezca, me sepultaré en la cama y me taparé los oídos para no oír mi llanto... ]]> http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/03/18/los-domingos-#comentarios Esos días... http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/03/13/esos-dias- 2007-03-13T23:12:33+00:00 pensamientos Hay días en que me gustaría llevar una vida distinta de la vida que llevo, no porque la que llevo no me guste sino para hacer aquello que en la vida que llevo no puedo hacer, para no tener que estar a las ocho en el trabajo, para no tener que subir tantos escalones para llegar a casa, para acostarme con esa chica que me mira en la cafetería, para llevar al parque a los hijos que no tengo, para tener quince años, para darle un puñetazo en la cara al político demagogo, para hablar por los codos, para no estar cansado, para comer en los restaurantes en los que no me dejan entrar, para sembrar vientos y recoger tempestades, para estar celoso de alguien, para leer los libros que nunca leería, para reírme de todo y de todos, para ir a los conciertos de los músicos que me gustan, para perder las llaves de casa, para casarme con una bella y rica heredera, para ser un héroe, para ser un villano, para ponerme la ropa que no me pondría ni loco, para abrirme las venas por algo o por alguien, para hacer zapping por los canales que no sintonizo, para encontrar al culpable, para emborracharme, para fugarme con Alicia al país de las maravillas, para haber escrito los poemas que me emocionan, para estar contigo toda la eternidad, para que alguien me espere en algún lugar, para llevarte conmigo, para hablar las lenguas que ignoro, para no tener que coger el metro a la carrera, para callar como un muerto, para echar un polvo rápido con una desconocida en los lavabos de una discoteca, para hallar dónde reside el dolor, para jugar a las cartas en el casino de un pueblo, para atravesar el estrecho en una patera, para subir a esos ochomiles prohibidos, para quedarme los domingos en la cama, para domesticar pulgas, para tener una casa con piscina, para escarnecer al orgulloso, para ganar un concurso millonario en la tele, para encontrarte casualmente, para descubrir la vacuna del sida o la malaria, para tocar el violín o el piano ante un auditorio expectante, para haberlo leído todo, para tomar siempre la decisión equivocada, para exiliarme de un país en guerra, para suspirar, para saber por qué los hombres no lloran, para ser traficante de sueños, para abrazarte, para correrme una juerga, para conocer el terror de vivir en una ciudad asediada, para ganar cuatro mil euros por no hacer nada, para tomar las drogas que no tomo, para subirme por las paredes, para conocer a los que están al otro lado de la pantalla, para correr por un prado, para tomar un café en compañía, para querer hasta la médula, para sorberme los sesos, para sentarme a la derecha de dios padre, para hacerme un tatuaje en el pecho, para perder la memoria, para ser otro, para ser yo mismo, para pintar como Miquel Barceló, para no haber leído nada, para escuchar música celestial a todas horas, para llorar por tu ausencia, para vender mi alma al diablo, para llegar tarde al trabajo sin que nadie lo note, para conocer pueblos y ciudades que desconozco, para llegar con un pan bajo el brazo, para por fin tenerte..., esos días..., esos días escribo, te escribo... ]]> http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/03/13/esos-dias-#comentarios La chica que mira http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/02/09/la-chica-mira-2 2007-02-09T01:03:59+00:00 tientos Hoy entré en el metro mojado, atrapado por la lectura y entusiasmado por las notas alucinadas que salían del reproductor de mp3. Me acomodé como pude entre el gentío, con un par de discretos golpes de culo. Al cabo de un rato, levanto la mirada y veo una chica sentada (tuvo más suerte que yo) que me mira. Quiero pensar que me mira, porque clava su mirada en dirección a mí. Quizá mira el libro. Quizá. Sonríe. Sigo leyendo, sigo escuchando la música, entre la infeliz multitud infeliz que viaja incómodamente en los vagones incómodos del metro. Unas cuantas curvas más tarde, levanto de nuevo, discretamente, la mirada. La chica sigue observándome. Fijamente. O al libro. Mi vanidad quiere convencerme que la chica se ha enamorado de mí, pero mi autoestima se lo impide. ¿Cómo quieres que esa chica...? ¿De ti? Sigo leyendo, pero no me puedo concentrar en la lectura, porque mi mente me lleva por el laberinto de una historia de amor apasionada. Con la chica, guapísima, que me mira. Los vaivenes del viaje alocado del metro por las entrañas de la ciudad..., como una historia de amor. Dando tumbos. De la pasión al hastío, del hastío al sudor de las sábanas, del sudor de las sábanas a las lágrimas de las separaciones... Levanto la vista. Su mirada sigue ahí, fija, desafiante, altiva, enigmática. Y su sonrisa. Y su pelo húmedo. Y su rímel corrido. Y sus labios, que intuyo fríos... y dulces. Se acaba la música. Mi viaje se va acabando..., si no decido continuar la historia de amor con la mirada de la chica que me mira en el metro... Debo decidirme, hacer alguna cosa, un gesto, intentar una sonrisa. Acercarme quizá... Es mi oportunidad. Mi única oportunidad. Me concentro, bajo la mirada hacia las letras ilegibles del libro que ya no leo... Me decido, hago algo... Vuelvo a levantar la mirada. La chica sigue allí. ¡Con los ojos cerrados! Respirando profundamente. Durmiendo. Con su sonrisa arrebatadora convertida en una fascinante expresión de felicidad. Quiero pensar que, en sueños, sigue mirándome, sigue pensando en mí, soñando en una historia apasionada con el chico que ha entrado en el vagón con el abrigo y el pelo mojado, agarrado a un libro, enchufado a un reproductor de mp3..., en una historia de amor única, dulce y delirante, salvaje y tierna, imposible, que avanza dando tumbos, como el metro por las entrañas podridas de la ciudad infeliz... Y afuera llueve... ]]> http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/02/09/la-chica-mira-2#comentarios Días de vino y Rosa http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2007/01/24/dias-vino-y-rosa 2007-01-24T00:15:53+00:00 requiebros batallas Días de vino y Rosa; demasiados días de vino y unos cuantos, pocos, de Rosa. Despedí el año 2006 tristemente. Solo. Intenté celebrar que por fin el infausto 2006 se iba y le sucedía el año de gracia de 2007. Pero estaba solo. Solo. Y cuando estás solo o te consuelas con la soledad o buscas consuelo en otra parte. En una botella, por ejemplo. Y buscar consuelo en una botella es una mala solución. Una desgracia. El día 31 de diciembre por la noche paseé mi soledad por mi barrio, buscando algún bar abierto para no tener que beber solo. Inútilmente. Todos los bares del barrio estaban cerrados. «Abrimos a la una», «abrimos a la 1.30», «felices fiestas»... Múltiples mensajes esperanzadores colgaban de las puertas de los bares. De los bares cerrados. Ni un solo bar abierto, a medianoche. Y yo, solo. Jodidamente solo.

Regresé a casa. Pillé una botella de güisqui que tenía desde hacía..., desde hacía demasiado tiempo. Bebí compulsivamente. Y a la una estaba completamente pedo. En vez de acostarme y dormirla, me lancé a la calle. Puto 2007... ¡Allá voy! Puto 2007. Jodida soledad... Ebrio de ganas de fiesta, intenté entrar en algunos bares, pero enormes seguratas me echaban sin contemplaciones. Al final, en un tugurio infame me vendieron a un precio exorbitante una botella de champán. Quise invitar a unas jóvenes ecuatorianas, o colombianas, o cubanas, quizá. En vano. Imploré, supliqué... En vano. Se reían. Me bebí la botella, yo solito, con un par... Y no recuerdo nada más.

Desperté en una parada de autobús. Muerto de frío. Sin chaqueta. Sin mis zapatos nuevos de 100 euros. Con la cartera en el bolsillo, afortunadamente. Sin dinero, pero con toda la documentación. Y la tarjeta de crédito. Regresé como pude a mi casa. Dormí hasta el mediodía. Para hacer más llevadera la resaca me bebí un par de cubos de cerveza, un tonel de vino, una garrafa de ginebra... Pillé otra cogorza, claro. Y otra. Y otra. Y otra más...

Hasta que en un momento glorioso de lucidez y sobriedad conocí a Rosa en la tienda de un pakistaní adonde había ido a comprar algo para beber. Le dije algo que le hizo reír. A Rosa; no al pakistaní. Y ella me dejó subir a su casa. Allí, con suma delicadeza, me aplicó un dulce lenitivo contra la soledad. Y después nos emborrachamos juntos. Las borracheras a dúo son más benignas. Y seguimos juntos, bebiendo y retozando, hasta que no pudimos más. Su tratamiento intensivo contra la soledad me dejó hecho unos zorros y me tenía que recuperar. Quedamos para otro día... Dormí, dormí y dormí. Quizá un día entero, quizá dos. Después ella vino a mi casa, limpia, peinada, pintada, con unas botellas... Y me trató, y me emborracho... Y al cabo de unos cuantos días se fue. Tenía que hacer unas gestiones, no sé qué de un trabajo, en otra ciudad... Me dejó un teléfono, una dirección de correo electrónico, un chupetón en el cuello, el alma en paz... Y nada más. Sé que no va a regresar. Creo que no me importa...

(continuará quizá...)

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Hacerlo http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2006/12/16/hacerlo 2006-12-16T22:36:23+00:00 batallas Ella se fue, porque yo se lo pedí. Aquel día yo tenía que pasarlo fuera de la ciudad. Ella me dijo que no iría a trabajar porque no se encontraba demasiado bien, que se quedaría en casa. Finalmente, mi cita fuera de la ciudad se canceló. Después de comer, me fui a casa, con la idea de darle una sorpresa y llevármela al cine —a Ella, no a mi casa. Cuando llegué a MI casa, abrí la puerta y me encontré a MI novia en MI cama con un tipo que tenía una rosa tatuada en el pecho. Yo me quedé de piedra, ella se quedó de piedra, el tipo del tatuaje se quedó de piedra... Podría haber montado un numerito, me podría haber liado a hostias con el tipo tatuado, podría... Pero me contuve. Le dije: «Me voy al cine. Cuando regresé espero que ya no estés aquí.» Ella intentó decir algo, pero mi portazo frustró sus palabras. Me fui al cine. Cuando terminó la película me fui a tomar una cerveza. Lo que más me dolía no es que ella estuviera con otro tipo, sino que se dejara hacer lo que a mí no me dejaba hacerle porque ella me decía que eso no le gustaba. «Respétame», me decía, cuando yo le pedía que me lo dejara hacer. Y yo la respetaba. No sé que debía de tener aquel tipo, para que se lo dejara hacer. El tatuaje, quizás. Cuando regresé, borracho, a mi casa, Ella no estaba. Ni sus cosas. La cama estaba hecha, con sábanas limpias. Pero Ella no estaba. No sé qué hubiera hecho si ella no se hubiera ido. Pero se fue. Y no ha vuelto. Y a pesar de todo me gustaría que volviera..., y que me dejara hacérselo...

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Un mundo de idiotas http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2006/12/12/un-mundo-idiotas 2006-12-12T23:48:00+00:00 pensamientos Por culpa de emgiro, leo —de un tirón— un libro extraordinario de Adam Zagajewski: Dos ciudades.

Entre otras cosas interesantísimas —lean, lean el texto titulado «Una nación pequeña le escribe una carta a Dios»—, dice:

«Siempre habrá poesía y siempre habrá un mundo de idiotas entretenidos en trasladar las fronteras, perfeccionar los tanques y ganar las elecciones.»

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Mil euros... http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2006/12/11/mil-euros- 2006-12-11T23:48:22+00:00 requiebros ¡Un mes, casi, sin escribir! Sin escribir en el blog, porque escribir escribí durante este mes. Un «amigo», aprovechándose de mi delicada situación y de nuestra «amistad», me endosó un trabajillo: la redacción de un volumen de una enciclopedia. No pude, no supe decir que no. O sea, un mes, casi, sin salir de casa, pegado al maldito ordenador, saqueando internet, buscando material para escribir una historia de la literatura que por lo menos se pueda leer. Y todo por mil euros. Mil euros con los que voy a pasar unas navidades de dios... ]]> http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2006/12/11/mil-euros-#comentarios Mamá furiosa http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2006/11/16/mama-furiosa 2006-11-16T00:51:56+00:00 batallas Después de una semana en las islas Baleares gracias a la labor caritativa del Imserso, mamá llega a mi casa hecha una furia. Se fue dulcemente... «Corazón, ¿seguro que vas a estar bien? Ángel mío, es que yo me lo merezco, me desvivo por ti. ¿Qué sería de ti sin mi, corazón? ¿Vas a poder valerte tú solo, verdad? Recuerda que el jueves vendrá la "queli"...» «Que sí, mamá. Vete tranquila, vete...» ¡Que te vayas, coño! ¡Que te vayas!

Una semana sin mamá; una semana de tranquilidad. Y regresa hecha una furia. «¡Esos sinvergüenzas!, ¡esos mal nacidos!, ¡esos cabrones!, ¡esos ladrones!...» «¿Qué ocurre, mamá? ¿Qué pasa?» «¡Esos ladrones! ¡Sinvergüenzas!¡¡¡Nos han robado la Generalitat!!!» «Mamá, que no han robado nada; se han puesto de acuerdo para gobernar...» «Sí, eso; ¡encima defiéndeles! ¡Pandilla de bribones! ¡Maldito trío de perdedores!» «Que no han robado nada. Tienen más parlamentarios; eso es todo... Van a votar como presidente a quien les parezca mejor...» Y les parece «mejor» un candidato que no es el que ella cree que es el mejor...

«¡Esto no es democracia ni es nada! Después de perder las elecciones ¡de calle! —¡de calle!—, ¡esos mal nacidos se confabulan para robarnos la presidencia de la Generalitat!» No os han robado nada... «Mamá, después de ganar las elecciones, nadie ha confiado en Él para hacerle presidente...» Y Él se lo ha buscado... «Son unos resentidos... ¡Y unos traidores!»

Me imagino a mamá con una cazuela en una mano y una cuchara de madera en la otra, en el balcón de su casa del paseo de Sant Gervasi, en la plaza de Sant Jaume, roja de ira, enardecida, enloquecida, ronca de rabia... «Mamá, calma. Aunque no gobierne Él, tampoco se va a notar demasiado...» Si le digo que, para joder, he votado a los menos malos, a los de Iniciativa..., se cae redonda al suelo, con convulsiones y sacando espumarajos por la boca. Si le miento y le digo que he votado a Carod —pero todo tiene un límite, incluso el voto para joder—, me deshereda.

Parece que me lee el pensamiento —en fin, es mi madre. «Y todo por culpa del Carod, de ese... (aquí suelta una retahíla de improperios que haría felices a los oyentes de las tertulias de la radio de los obispos), ¡de ese mal nacido de Carod!» Y eso que Él, su candidato, le ofreció el oro y el moro para que le apoyara...

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Moleskine 1 (29 de septiembre) http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2006/10/19/moleskine-1-29-septiembre- 2006-10-19T22:55:51+00:00 batallas Ayer vino Ella. Y se estropeó el ordenador nuevo. Creo que no tiene nada que ver una cosa con la otra. Pero no estoy seguro. Ella, que estropeo mi vida, también puede haber estropeado mi ordenador nuevo. Con las mujeres nunca se sabe... Dice el técnico que no sufra, que está en garantía, que va a venir y que me lo va a arreglar. El ordenador. Eso espero. Mi vida ya no tiene arreglo. Aunque venga Ella. Ella vino ayer, pero se fue. Y no sé si va a volver más. No sé si quiero que vuelva a venir. Cada vez que la veo mi vida se estropea un poco más. Y ahora, ¿qué hago estropeado en está cárcel, sin ordenador?

Ayer vino ella. Me contó sus vacaciones en Périgord. Con su amiga. Me trajo revistas y libros franceses. Un paté. Se preocupa por mi mente, a la vez que estrangula mi corazón. Ella es mi trombosis cardiaca, mi infarto de miocardio... Y yo ayer estaba pachucho. Y su visita no me mejoró. Le agradecí el presente —maldije el futuro. El Lire, el Magazine Littéraire, la NRF; algunas novedades de la rentrée... Sabe lo que me gusta. Alisó con su mano suave las sábanas. Observé que llevaba dos anillos, en el índice y en el corazón. Nunca antes había llevado anillos. Se sentó en la cama. Venga, dijo, anímate... Sí, te crees tú que es fácil... Esta vida es una mierda: tú te vas, me van a echar del trabajo —o ya me han echado, quién sabe—, y ahora el accidente... Me apena, susurró.

La tarde era triste. Unas nubes espesas habían adelantado el ocaso. Estuvimos mucho rato en silencio. Ella continuaba sentada a mi vera. Creo que me adormecí. Creo que mi estado lamentable le conmovió. Al rato sentí su mano en mi barriga, el contacto helado de sus anillos en mi piel. Creo que suspire. Las yemas de sus dedos juguetearon con mi ensortijado vello púbico, acariciaron dulcemente mi escroto abandonado; la sangre entró a borbotones en los cuerpos cavernosos de mi pene huérfano de afecto. Ella agarro con suavidad mi carne intumescente, inició un movimiento lento de vaivén... Mi respiración se entrecortó para agitarse después. Yo seguía inmóvil. Ella continuó el movimiento de vaivén. Sin decir una sola palabra. Y continuó y continuó... Hasta que millones de copias de mi ADN se suicidaron en sus dedos suaves, en sus anillos fríos, en las ásperas sábanas de una cama triste de un triste y inhóspito hospital.

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En casa http://www.lacoctelera.com/fryslan/post/2006/10/17/en-casa 2006-10-17T01:11:15+00:00 pensamientos Por fin en casa. Después de casi tres meses a pan y cuchillo en un «lujoso» hotel de la SS —de las SS—, regreso a mi casa. En el taxi que me lleva a casa, con mamá a mi lado, escucho como vociferan los salvadores de la patria en la FM matinal. Bienvenido al mundo (ir)real. Cuando llegamos a casa, sobornado por una generosa propina, el taxista me sube los sesenta libros que he leído —nadie roba libros, ni siquiera en un hospital— durante mi ingreso. Dejo la muleta en el recibidor. La correspondencia de tres meses, en la cómoda. Junto a la foto de Ella. Avanzo maquinalmente por el pasillo. Me encuentro mi casa como los chorros del oro. Ni una mota de polvo. Mamá sonríe satisfecha. Dónde están «mis» montones de periódicos; dónde, mis revistas; y mis libros por doquier, mi ropa... Mamá ha enviado durante un par de días a su Queli —le llama así, despectivamente, por la «que limpia»— para que pusiera un poco de orden en mi piso, cariño. Quien tiene una madre, tiene un tesoro. Pero pierde todo el material que ha desordenado metódicamente durante lustros. Siento como si me faltara algo, que una parte importante de mi vida se ha convertido en pasta de papel. Qué le vamos a hacer. Mi vida ya no va a ser igual después del accidente. Quizás es mejor así: así puedo empezar de cero. O de menos algo. Creo que voy a necesitar una nueva estantería, mamá, para todos esos libros... Sí, cariño, no te preocupes; mañana voy a ir a Ikea. La nevera está repleta de túpers con adhesivos: tortilla de patatas, croquetas, caldo, queso, ensaladilla, embutidos... La pulcra redondilla de mamá, que estudió en las Hijas del Sagrado Corazón... Hay comida para un regimiento, para un mes. Pero ni una cerveza. Mamá, no hay cerveza. Que no me conviene. Que ya oíste al doctor. Nada de excesos, nada de esfuerzos, nada de nada. Mamá, quiero cerveza. Y alguna botella de vino. Y cocacola. Sí, cariño. Mi habitación ya no tiene nada de «mi» habitación. Ha desaparecido el «armario» de ladrillos y maderos made in myself, han desaparecido los pósteres —de Strangers than Paradise, de Laurie Anderson, de Samuel Beckett, de Blade Runner...—, han desaparecido los montones de libros que hacían de mesilla de noche..., y han aparecido un armario de color —ahggg— pistacho, y unas paredes inmaculadamente blancas, y una lámpara halógena, y una cama enorme con sabanas floreadas... Aquí no hay quien duerma. Mamá se va. Mañana por la mañana vengo... Enchufo la tele. Enchufo el equipo de música. Enchufo el ordenador... Me zambullo un par de horas en la red. Releo las anotaciones con que he llenado las páginas de un cuaderno Moleskine desde que se estropeó el ordenador nuevo —va casi para un mes. Mañana voy a empezar a pasar a limpio lo que creo que aún vale la pena. Ceno algo. Escribo esta nota apresurada. Me duelen la pierna, la cabeza, la mano y el alma. Voy a colgar el post y voy a intentar dormir...

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