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30 Mar 07
Desde hace algún tiempo estoy suscrito a una lista de distribución de profesionales de. Me apunte un poco por inercia, porque la jefa nos pasó el enlace y nos recomendó que le echáramos un vistazo. La verdad es que los primeros mensajes que recibí y las primeras dudas que se planteaban en ellos me parecieron de primero de bachillerato, pero con el tiempo empecé a valorar su utilidad y más tarde aprendí a clasificar a los remitentes y a leer solamente aquellos que destacaban por la inteligencia de sus comentarios y la coherencia de sus criterios.

En una segunda fase, me atreví a meter baza en alguna de las cuestiones que se suscitaban. Primero, bastante espontáneamente; luego, con más dedicación. A cualquier fallo que cometí, por escribir a vuelapluma y sin releer, aunque solamente fuera tipográfico, le sucedía una marea de reproches... Pero el nombre con que firmaba mis mensajes era mi refugio...

Hace cosa de un mes, a causa de un régimen verbal dudoso, mantuve una acalorada conversación con una participante. Su falso nombre tenía resonancias poéticas y sus comentarios eran acertados y sinceros, y siempre respetuosos. Luego, gracias a una extraña complicidad que nació del hecho de compartir gustos, formación, criterios y posiciones teóricas y prácticas más o menos comunes acerca de los temas que se suscitaban, y de vivir, como descubrimos, en la misma ciudad, nos «aliamos», por decirlo así, en un par o tres de debates para rebatir absurdas propuestas y descabelladas razones de indocumentados —glups— «profesionales».

Un día, me atreví a enviarle un mensaje a su dirección electrónica personal, un mensaje personal, fuera de la lista de distribución. Ella me lo respondió instantáneamente. Y a ese le siguió otro y luego otro y luego otro. La «amistad» se fue sedimentando, esperaba ansioso abrir el buzón electrónico para leer sus misivas, que parecían escritas por mano de ángel. Yo me esforcé en ponerme a su altura, ehem, literaria. Y ocupaba cada vez más tiempo redactando oscuros mensajes cargados de ironías y dobles sentidos, con la esperanza de que ella gozara de ellos en la pantalla de su ordenador.

Finalmente, un día, después de una dolorosa noche de insomnio, le envié un mensaje con una propuesta de cita. Ella aceptó. El día señalado, venciendo la insoportable vergüenza que me atenazaba y que disparó todo mi arsenal de tics nerviosos, me arreglé para salir. Antes de entrar en el café del centro de la ciudad donde nos habíamos citado, di varios millones de vueltas a la manzana abrazado a mis fantasmas. Cuando, finalmente, entré, la vi de inmediato en una mesa, leyendo el libro que habíamos convenido. Estaba delicadamente sentada con las piernas cruzadas, absorta en la lectura del libro; sujetaba con dos dedos delicados una taza ingrávida, reposaba un codo en la delicada superficie de una mesa invisible... Ho..., hola, tartamudeé. Hola, exclamó. Nos dimos dos besos, me sonrió. Una sonrisa que llenó mi corazón de chiribitas. Me preguntó qué quería tomar. Pedí un café. Charlamos de nuestras travesuras en la lista de distribución, de libros, de discos, de películas... durante un par de horas eternas. O más. Anochecía. Iban a cerrar el café. Le propuse salir por ahí y tomar un bocadillo y unas cañas, y... Ella me dijo que no podía, que la esperaban en casa para cenar, dijo. «Estoy casada..., infelizmente casada...», dijo. Y en ese instante sentí cómo en mi dolorido corazón dolorido se abría una brecha dolorosa...

4 comentarios

4 comentarios

  1. 30 Mar 2007 | 11:11 AM # violette dice:

    Ulaaa!!!! sííí? de veritat?? Mira que jo m'ho crec tot, eh?
    I ara què?

  2. 31 Mar 2007 | 11:43 PM # Carolina Gómez dice:

    Hace ya bastante tiempo no venía saludarte y disfrutar de las palabras bien escritas, hace rato no soltaba de mi mente las atadura para escucharte hablar de estas historias...
    Gracias, por esta historia... me hiciste sentir que nunca me fuí...

  3. 13 Abr 2007 | 10:24 PM # Madeleine De Cubas dice:

    Fryslan, pero por qué será que todas tus historias de amor, aunque fabulosas, tienen siempre un final tan triste? No podrías mentir un poquito aunque sólo fuera para alegrarnos? Un saludo. Señora Nostalgia

  4. 7 May 2007 | 01:19 PM # subal dice:

    Amigo nuestro, es que no ha pasado nada desde el treinta de marzo? No me lo creo!

    Un abrazo.

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