entremés de aceitunas

Cuando tenemos una reunión de amigos, y la comida es un ingrediente primordial de dicha amistad, tratamos -siempre con especial cuidado de la economía- de ofrecer lo mejor de la mejor manera. Vino, buenos quesos, platillos bien ejecutados y bocadillos dulces selectos.
Uno de losentremeses casi obligados es el de las aceitunas: maridarlas con vinos tintos robustos es muy sencillo, pero algunas veces, cuando estas no resultaron tan buenas, es necesario tener algún tip que nos permita mejorarlas para no dejar de agradar al comensal.
¿Qué pasa si las aceitunas, una vez compradas, y próxima la hora de la visita, se nos aparecen insípidas o poco curadas? Lo mejor, en esos casos, es mejorarlas con un aliño sencillo que no tiene pierde.
En un tazón colocamos las aceitunas, con el hueso (semilla)o sin él, y les agregamos un generoso chorro de su propia sangre, en versión extravirgen o el mismísimo flor de aceite. Luego añadimos un chorro de vinagre de Jeréz (añejo de 25 años es recomendable) o de Champaigne. Picamos, dependiendo de la cantidad de aceitunas, unos tres o cinco dientes de ajo y los incorporamos junto con unas ramas de tomillo. Mezclamos todo y finalmente verificamos el gusto con un poco de sal fina.
Estas aceitunas acompañan muy bien los tintos y, asimismo, pueden ser recogidas con unas buenas rajitas de pan tostado.


Lorenzo Ambrosio Platina. Natural de Santander de Indias, creció en Rapallo -de donde eran sus ancestros- y, luego, buscó fortuna en los Reinos del Perú. Ocasionalmente, cuando no está probando guisos de marmita y vinos de Rioja, redacta posologías para prestigiosas droguerías de Valencia y el Pays d'Oc. Ha publicado, por descuido, algunos libros de poesía en los que secretamente ocultó las fórmulas de antiguas recetas de sus penates. Su vicio más persistente sublima la pasión por la alta cocina en beneficio de las hamburguesas con queso y tocino. No es celoso con la transmisión de las recetas y recomienda el uso constante del aceite de oliva.