Mañana empieza un nuevo mes, para mi el mas doloroso, aunque desde un tiempo para acá todos lo sean y si ha veces hay pequeñas diferencias es por ese instinto de supervivencia que dicen que tenemos o quizá, alguien que aún nos ate y ayude a vivir....
El escrito siguiente es de Susana Roccatagliata:
Voy a contar en qué consiste este proceso de duelo, que a uno, en definitiva, lo hace crecer. Ese sería como el parámetro que diferencia de un duelo no logrado.
El duelo logrado, el duelo auténtico, deja finalmente una experiencia emocional de crecimiento.
El duelo no logrado, deja más bien una experiencia que termina siendo autodestructiva, paralizante, impide el desarrollo.
A veces cuesta mucho pensar que una situación tan dolorosa como es la muerte de un ser querido muy significativo, como es un hijo, se pueda transformar, en definitiva, en crecimiento. Pero vamos a ver, que por la constitución de la mente, son los duelos, a lo largo de toda nuestra vida, los que nos hacen crecer. No hay crecimiento mental si no hay duelo.
El más importante y el más estructurante de la mente, - y es el modelo en base al cual vamos a vivir el resto de los duelos en nuestra vida-, es el duelo que vamos haciendo con los padres.
Porque los padres que nosotros tenemos entre el nacimiento y los 4 años, son distintos a los padres que tenemos después en la pubertad; y van a ser distintos a los padres que vamos a tener en la adultez-joven; y van a ser distintos de los padres que vamos a tener en la madurez.
Porque si hoy tengo una relación con mis padres como la que tenía a los 4 años, quiere decir que me quedé detenido.
Es gracias a que pude renunciar a esos padres de la infancia, que hoy puedo tener una relación con unos padres, mucho más maduro. Se supone, si he hecho un buen proceso de duelo, que hoy incluso, a ellos los puedo entender, desde mi condición de padre, y perdonarles una serie de cosas que, cuando chico, obviamente que no les podía perdonar.
Ese crecimiento, que es muy importante en la constitución de la sanidad mental, tiene que ver con la capacidad de haber ido pudiendo elaborar la relación con los padres.
Les voy a poner un ejemplo para mostrarles cómo la constitución de la mente, inevitablemente pasa por períodos de duelo.
El bebé para poder crecer mentalmente, tiene que, en algún momento, perder el pecho de la mamá, o la cercanía con que la mamá lo tiene en los brazos y le da de mamar.
Si no es capaz de hacer esa pérdida, se va a quedar fijado, se va a quedar pegado a esa relación, y no va a poder construir en la mente, -una cosa que es muy importante-, que es el recuerdo de la mamá.
O sea, la finalidad del duelo, en la constitución de la mente del ser humano, es que seamos capaces de ir teniendo recuerdos, pensamientos; porque así la mente crece.
Por eso que es tan importante tener relaciones, pero al mismo tiempo, forma parte del proceso el perderlas.
Para un adolescente es tan importante que tenga relaciones de enamoramiento; pero que no se vaya a quedar pegado en la primera. Es importante que se involucre, que quiera, que ame, que se enamore; pero que tenga también la capacidad en algún momento de hacer la pérdida. Porque o si no, se puede quedar pegado y empecinado. Y lo otro que es fundamental en el joven es que haga experiencias; y hacer experiencias significa tener recuerdos.
Lo que resulta difícil de entender, es por qué uno queda expuesto a veces a tener que hacer pérdidas que son muy dolorosas, porque son pérdidas definitivas.
La pérdida de los padres es una pérdida parcial, no es total; porque finalmente uno, si es que no se han muerto los padres,- pierde a los padres de la infancia y los deja atrás, pero sigue teniendo a sus padres-, entonces, es muy distinto cuando muere alguien.
Frente a la pérdida de un ser querido el trabajo mental es mucho más doloroso, porque hay una pérdida de verdad, concreta. O sea, en el caso de las otras pérdidas, uno siempre tiene un sustituto.
En el caso de la pérdida por fallecimiento de alguien, se acabó el sustituto. No hay nadie más.
Y allí el trabajo mental se hace tremendamente difícil. Pero, aunque se hace difícil, forma parte de un proceso natural; es un proceso natural al que la mente está, de alguna manera, familiarizada, ha tenido otras experiencias...
Vamos a ver que el pronóstico de un duelo va a depender mucho de cómo han sido los duelos anteriores, las pérdidas anteriores. Las personas que han tenido una dificultad muy grande para hacer las pérdidas en sus relaciones anteriores; por ejemplo: por padres que fueron muy distantes, muy poco afectivos y que hicieron que las pérdidas de la relación con ellos fuera muy dolorosa, van a tender a hacer duelos más complicados. Les va a ser mucho más difícil el hacer buenas separaciones, pérdida en el fondo, duelo. Vamos a ver que hay un determinante, en el sentido que tiene que ver con nuestro pasado.
Si uno ha tenido buenas relaciones de pérdidas en el transcurso de la vida, me refiero a pérdidas no traumáticas; ojalá no haber sido abandonado de repente por algo o por alguien, sino que haber tenido experiencias, más bien de confianza y esperanza en las relaciones, aunque se hayan perdido, esa persona va a tener más capacidad para hacer un duelo en buenas condiciones. O sea, un duelo de mejor pronóstico, digamos.
Todo lo que les he dicho hasta ahora es una manera de introducirlos en el tema y mostrar que el duelo forma parte de la constitución del ser humano y, más aún, es un radical existencial que nos diferencia de los animales.
Los animales propiamente tal, no hacen un duelo, lo que ellos hacen es más bien una pérdida que les produce un desgarro y un dolor muy grande; pero no dolor mental.
A ellos, lo que los afecta, es la búsqueda de la satisfacción del instinto. Por ejemplo, cuando una foca pierde a su pareja, lo que busca es la pareja, porque necesita satisfacer ese instinto que es el de compartir para tener sexo y seguir procreando; o cuando pierde a su hijo, a su vástago, al mismo tiempo se le genera una especie de circuito condicionado a tener que buscarlo. Pero una vez que eso pasa, un período en que se acostumbró, a que ya hizo la pérdida; no hay recuerdo.
La diferencia con el ser humano,- es que lo que caracteriza el proceso de duelo-, es que el otro perdido a uno se le instala en la mente para toda la vida. Y no hay ninguna salida.
Y se va a instalar de una manera u otra.
El ideal, es que quede instalado en la mente de la manera que nos haga ser más maduros, más completos y más desarrollados.
Por lo tanto, el objetivo de un buen proceso de duelo, es que ese recuerdo tenga calidad. Y ese es un elemento esencial y propio del ser humano; porque los animales no tienen capacidad de memoria, de recuerdo, en el sentido de una memoria que tenga presente al otro, como un otro en una relación personalizada.
Por lo tanto, el duelo como tal, es consustancial al ser humano.
Eso no significa que los animales no tengan algo, y que forma parte de nuestra naturaleza animal, que es la reacción desesperada frente a la pérdida de un otro, con el que uno ha tenido una relación muy cercana.
¿Por qué? Porque los mamíferos - y aquí estoy tocando un elemento propio de todos los seres vivos complejos, como somos los mamíferos-, en la medida en que establecemos una relación con el otro a través del tiempo, se genera lo que se llama el apego. Y en este proceso de apegarse, la mente va a quedar con la tendencia a querer mantener esa cercanía.
Y si se produce una pérdida, inmediatamente la mente va a reaccionar queriendo retener al otro.
Esto del apego es muy importante desde que somos bebés y es muy importante incluso en los animales.
Y esta tendencia a querer mantenernos apegados, forma parte de una cosa casi biológica que va a producir mucho desgarro cuando se produzca la pérdida del ser querido; porque lo construimos casi como un aspecto biológico en nuestro propio cuerpo.
Un estudioso de la etología, que es Conrad Lawrence, describe, lo que le pasa a la foca cuando pierde a su pareja.
La primera respuesta a la separación del compañero, consiste en un intento ansioso de encontrarlo de nuevo.
La foca se traslada de sitio, inquieta de día y de noche. Se mueve y navega por grandes distancias, visitando lugares donde podría encontrar a la pareja, profiriendo todo el tiempo un grito profundo de llamado a larga distancia.
Las expediciones de búsqueda se extienden cada vez más lejos, y a veces hasta la foca que busca se pierde y sucumbe en un accidente; o sea la desesperación que produce el apego es grande, es la búsqueda de otro.
Pero esto en el ser humano se complica más aún, porque tiene que ver con el funcionamiento complejo de la mente. Y aquí es donde quiero entrar en las etapas del duelo, que son 4.
Estas etapas consisten en un proceso en el que partimos de la toma de conciencia de que esa persona falleció, que no va a estar más en mi realidad externa, para terminar en el duelo logrado, habiendo internalizado, habiendo metido a esa persona que se me perdió en el mundo externo, dentro de mi mundo interno. Y al dejarlo instalado dentro del mundo interno, termina el duelo. Ahora, esto es una forma de decir, porque la verdad es que el duelo uno lo puede prolongar hasta el final de la vida, pero en términos generales, uno podría decir, “que cuando el ser querido quedó instalado en el mundo interno como un recuerdo que a uno no le genera conflictos; terminó el duelo”.
La primera tarea en este proceso es aceptar la realidad de la pérdida.
La pérdida más dolorosa, la más desestructurante del funcionamiento mental, la que produce más consecuencias complicadas, es la pérdida de un hijo; la pérdida de un hijo es lo más avasallante que hay, la más dolorosa.
En este primer momento en que fallece la persona la tendencia de la mente es a negar. ¿Por qué tiende a negar? Porque se produce una angustia demasiado grande.
¿Y por qué se produce tanta angustia? Porque uno está acostumbrado a vivir con ese otro como una prolongación de uno mismo.
Por lo tanto, es como si en ese momento a uno le sacaran un pedazo de sí mismo. Es una angustia paralizante, es una angustia que impide el pensamiento.
Y en ese momento, la mente, cuando es sometida a situaciones de angustia muy grande, tiene un mecanismo, un mecanismo para poder tranquilizarse, -porque uno no puede tolerar tanto dolor- y es negar,” esto no ha pasado, esto no es así”.
Esta forma de negar puede tener muchas características, va desde la negación más masiva y más fuerte, que es, por ejemplo, con alucinaciones de que el otro está ahí.
Muchas veces pasa que la madre o el padre “ven” al hijo y tienen esa sensación o lo escuchan, en el fondo son mecanismos de la mente para negar que el otro se fue, que el otro no está más. Esa es la negación más extrema.
Pero después hay otra serie de negaciones que son menores, pero que también están apuntando a no querer asumir. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con... “yo tengo la sensación de que va a volver”. Es negar la irreversibilidad de la muerte.
A veces hay personas que se encuentran buscando los lugares que antes visitaba con la persona querida que se fue; como una especie de sensación de que se va a reencontrar.
Son todas fantasías que pone la mente para negar que el hecho sucedió.
El duelo se hace mucho más difícil cuando la muerte fue sorpresiva y accidental. La muerte anunciada tiene un pronóstico mejor en el duelo ya que existe la posibilidad de prepararse mentalmente, existe la posibilidad de irlo pensando, de que puede ocurrir que de un momento a otro ese ser querido “se me vaya”. En el caso de la muerte por accidente cuesta mucho comprender que no somos omnipotentes, que los errores forman parte de nuestra naturaleza humana. Otro elemento importante es qué grado de dolor sufrió la persona antes de morir. Entonces, es muy distinto haber podido acompañar a un hijo en el período previo a la muerte que no estar con él en el momento en que muere. Uno se empieza a pasar películas, de cómo lo vivió, de que yo no estuve y viene la culpa.
Este período es tan doloroso que no se puede pensar mucho, justamente porque el dolor es inmenso.
Y acá, la ayuda que se le puede dar a una persona que está en esta primera fase del duelo - que es que tiene que aceptar la realidad de la pérdida-, es fundamentalmente de compañía; de compañía y de cercanía, casi en ausencia del lenguaje.
Los discursos aquí no tienen mucho sentido. Al contrario, el que está viviendo el proceso, tiene la sensación de que el otro no se quiere hacer cargo del dolor y está tranquilizándose a sí mismo con el discurso.
Entonces, cuando empiezan a decir, no, es que no te preocupes, esto te va a pasar.
La verdad es que al que está viviendo el duelo, no le sirve de nada. Al contrario, tiene la sensación de, “bueno, por qué me dice estas cosas; parece que no entiende la fuerza de mi dolor”.
Entonces, ahí lo que cabe es la compañía, porque no hay posibilidad de lenguaje, todavía al dolor no se le puede poner nombre.
Cuando uno es capaz de ponerle nombre al dolor, al pensamiento, al sentimiento; es porque ya pasó a otra etapa.
En esta primera fase, las personas están cabizbajas, tristes, no hay palabras, no pueden pensar. La mente está en una situación de angustia paralizante, y eso forma parte normal del proceso de duelo.
¿De qué va a depender la salida de este proceso?
Esto va a depender de poder bajar esos niveles de angustia.
O sea, si este período se empieza a prolongar en exceso, hay que tomar algunas medidas.
Va a depender, en parte, de la historia de la persona. Una persona que ha sufrido previamente desde la infancia duelos muy dolorosos o muy difíciles, posiblemente se le va a potenciar todo. Porque cuando a uno le pasa algo en la vida, supongamos una alegría o cualquier cosa, incluso ahora, cuando estamos acá, cualquier cosa que nos va pasando, nos recuerda las anteriores. Uno siempre que está viviendo el presente, está viviendo además las cosas que pasó; por lo tanto, en el duelo, uno vive y revive los duelos anteriores. Si ha tenido duelos anteriores no elaborados, que le quedaron atascados, duelos mal vividos; en ese momento se le van a instalar con toda la fuerza.
Y este período, se puede hacer entonces, mucho más severo y más complicado; y la persona se empieza a quedar paralizada. O sea, no puede seguir haciendo el trabajo de duelo, se queda pegada en esto. Y ahí, hay que ayudarla, o debe pedir ayuda.
¡En qué consiste la ayuda! En esta contención emocional que le baje un poco los niveles de angustia. Ahí las personas más cercanas son muy importantes, las personas más significativas, porque como no se puede pensar, lo más importante es el contacto expresivo.
Y ese contacto expresivo uno lo logra con la persona muy cercana; o sea, con la persona que uno le conoce la expresividad: con el hermano, con la madre, con el padre, con el otro hijo, etc. Y va teniendo la sensación de que ese otro le entiende este drama tan angustiante en el que está sumergido.
Cuando empieza a tener esa evidencia de compañía baja un poquito el nivel de angustia, y al bajar un poquito el nivel de angustia, empieza recién la mente a poder pensar, empieza recién la mente a poder ponerle nombre a esto. Recién va a empezar a decir, “ah, ya... o sea, esto pasó”, empieza a aceptar la realidad. Son los primeros pasos en este proceso difícil.
A veces es necesario recurrir a un especialista para que lo ayude con un medicamento; no es bueno pasar períodos muy largos sumergido en una angustia tan desestructurante como es ésta, porque no le hace bien al sistema nervioso y se crean, lo que se llaman los círculos viciosos, en el funcionamiento mental.
Más angustia, más desesperación, menos se puede pensar, menos se puede pensar; más angustia, más angustia, más desesperación, menos se puede pensar. Y se empieza a caer en un círculo vicioso que puede caer en una depresión muy severa.
Aquí resulta muy importante la contención de los familiares, inicialmente en este período es la contención de las personas más cercanas. Respecto de este punto, y seguramente muchos de ustedes lo saben por experiencia propia, no existe la persona que acompañe cien por ciento, porque no existe una relación que sea tan perfecta ya que somos seres muy imperfectos. La gente acompaña como puede pero hay algunos que tienen más capacidad de amar y por eso son mejores contenedores, pero uno debe protegerse de una compañía inauténtica porque a uno le echa a perder el proceso en la exigencia, en el apurar, esa persona no nos está acompañando sino que está queriendo deshacerse del duelo. Vamos a ver después, la ayuda de la contención del grupo de padres en duelo y de la sociedad; pero en esta etapa es fundamental la del grupo más cercano, porque son la compañía más auténtica-.
Y aquí,- nuevamente, la calidad de esta etapa, de la resolución de esta etapa, va a depender del capital que tengamos guardado.
O sea, va a depender de si los duelos que vivimos fueron de mala calidad,- porque bueno, nos fue mal porque no lo hicimos bien o porque los demás no nos ayudaron-.Va a depender de la calidad de relaciones buenas que tengamos en ese momento.
La vida síquica se va enriqueciendo y va teniendo más recursos, en la medida en que vamos teniendo más relaciones amorosas a lo largo de nuestra vida. Porque en los momentos difíciles, ese va a ser el capital al que vamos a echar mano.
Una persona que vive un duelo y que tiene relaciones afectivas muy pobres, de muy mala calidad, en el momento del duelo va a tener una dificultad muy grande. Por ejemplo, las personalidades narcisistas. Los psiquiatras dicen que las personalidades narcisistas en los duelos habitualmente hacen una depresión grave. Porque como no tienen la capacidad de amar y de establecer vínculos - para poder recurrir en los momentos difíciles a esos vínculos, para que le disminuyan las ansiedades que genera un duelo inevitable-, se van quedando sumergidos en la angustia de esta situación y no pueden salir.
Entonces, depende de la calidad de las relaciones del pasado de las que uno va echar mano, y depende de la calidad de las relaciones construidas; o sea, cómo me estoy llevando con la gente que me rodea.
Si yo soy una persona que tengo amigos, que tengo una buena relación familiar, que tengo una buena relación de pareja, que tengo una buena relación con mis otros hijos, etc.,por supuesto que voy a tener mucho más apoyo, mucho más contención y se me van a bajar esos niveles de angustia con más prontitud... Con más prontitud, a nadie se le borran inmediatamente...
Hay algunas personas que niegan lo que les está pasando y que están como una especie de frialdad que llama mucho la atención. Ese es un mecanismo de defensa de negación; está negando. Una parte de su mente está negando la muerte del ser querido, pero se está endeudando a futuro; más adelante el duelo le va a pasar la cuenta igual.
Pasado este período de paralización, de angustia inundante, que no se puede poner en palabras: de expresividad absolutamente inhibida, de tristeza profunda, de sensación de desgarro viene el susto.
Susto, porque uno no sabe cómo va a vivir ahora, a partir de ahora, sin esta persona que formaba parte de mí.
Es como si dijera, cómo voy a vivir yo sin mis pulmones, cómo voy a vivir. Entonces uno se angustia, no solamente es la pena por la pérdida; la pena en el sentido de la tristeza, porque esto que yo tenía y que quería tanto se me fue, sino que además, la angustia, porque no sé, no sé qué me va a pasar a mí.
Pasada esta etapa de angustia paralizante, ayudada por los demás, ayudada por las relaciones que uno tuvo en el pasado, y ayudado, a veces, incluso por la medicina, pasamos a la segunda etapa, la segunda tarea.
Éste es el período más largo, el periodo habitualmente más largo del proceso de duelo y es el más doloroso. Éste es el período inevitablemente de dolor mental.
El dolor mental propio del ser humano es una condición terrible, justamente en la medida en que lo podemos enfrentar, crecemos; en la medida en que no lo enfrentamos y lo eludimos, nos empobrecemos.
¿En qué consiste? En trabajar las emociones y el dolor de la pérdida. Vamos a ir haciendo una experiencia emocional; experiencia emocional que tiene que ver con todo lo que me suscita a mí, en mi mente la pérdida de esta persona: todos los recuerdos, todas las imágenes que se me vienen a la mente; todos los reencuentros con lugares, con personas que me lo recuerdan.
De todos los sentimientos, el más doloroso es la pena. La pena es ese sentimiento tan humano, tan propio del ser humano, que consiste en una emoción de dolor porque no tengo lo que antes tenía. Profundamente es eso, y eso me produce una emoción dolorosa en la mente y en el sentimiento y en el corazón. Ya no voy a poder tener eso que me daba tanta gratificación, eso que me daba tantas cosas buenas; eso que me llenaba de tantas emociones y experiencias gratificantes.
Pero la verdad, es que este sentimiento de pena y de dolor es el más sano en el duelo. No hay que evitarlo, hay que vivirlo, hay que darle vuelta, hay que elaborarlo; consiste en ir y venir permanentemente. No hay que evitar el dolor, el llanto, la pena, la amargura; porque forma parte del proceso de duelo, porque en la medida en que uno lo posterga para adelante, no puede instalar al que se fue en la mente. El ser querido se instala en la mente, cuando deja de producir tanto dolor.
Y acuérdense que este proceso termina cuando uno tiene instalado al ser querido en la mente, pero en paz; paz y tranquilidad. Obviamente que siempre con un dejo de dolor, algo melancólico, tal vez; pero que ya eso no forma parte de un elemento perturbador al funcionamiento mental.
En esta etapa hay otro sentimiento que complica más, es la elaboración y el pensamiento de la angustia que provoca el que de ahora en adelante, ésa persona que llenaba un espacio en mi vida, que le daba sentido a un montón de cosas en mi vida, que formaba parte de un proyecto, que yo ya había armado mi vida en relación a este otro; se me fue.
Y me queda como una sensación a la intemperie, y eso provoca angustia, provoca susto. Eso le recuerda a uno esas sensaciones cuando no tenía a la mamá, al papá, a los hermanos, a su hogar, a su casa; es la sensación de abandono. Pero de abandono, no ya en el sentido de la pena, sino que abandono porque me quedo sin mi proyecto, sin mi sentido, sin lo que el otro me aportaba.
Y la única manera de poder elaborar esta angustia, es nuevamente pensándola, extrayéndola, es dándole vuelta. Obviamente que en todo este proceso de pensamiento, el ideal es pensar con otro.
En la primera etapa, era esta compañía sin palabras, prácticamente a través de gestos. En la segunda etapa, en que ya ahora es importante poner en palabras, este otro a uno le va a ir dando vértices nuevos, le va a ir mostrando cosas distintas, lo va a ir acompañando en un proceso de, “ahora le vamos a poner palabras a lo que te pase”.
Es una especie de interjuego, entre la compañía del otro que a uno lo ayuda a pensar, mostrándole otros vértices, y el trabajo de uno mismo, en la soledad consigo mismo, de estas angustias, lo que nos va a permitir dar un paso más allá.
Empiezan a disminuir las angustias, empieza a disminuir esa sensación de desamparo, esa sensación de haber quedado como a la intemperie; se le empieza a poner palabras al dolor.
Es importante la elaboración del sentimiento de angustia que genera el desamparo.
Pero hay otro sentimiento más complejo todavía y que es más difícil de entender, y que muchas veces necesita la ayuda de un tercero. Es la rabia.
Porque cuesta entender que el proceso de duelo esté tremendamente atravesado por la ira, por la rabia; y la ira y la rabia provienen de muchas fuentes.
Es una rabia que se activa inevitablemente cuando uno pierde a una persona. Porque la mente reacciona automáticamente ¿Quién me la quitó?, ¿Por qué me la quitaron?
Es toda una rabia proyectada hacia afuera, que en un primer momento hay que tolerarla y hay que, incluso, darle un poco ese cauce.
O sea, los demás me quitaron a mi hijo, ¿quién fue? Dios, fue... Ahora, esto es más fuerte si el hijo murió en un accidente, en el que hay una participación de un tercero…. Para qué decir cuando es con intenciones; o sea, me lo mataron.
En ese momento, la mente se va con toda la rabia hacia la gente que provocó la muerte de ese ser amado.
Pero a veces la realidad no está clara o la muerte fue por una enfermedad. Sin embargo, la muerte aunque sea por una enfermedad, la mente va a tratar de echarle la culpa a alguien, porque tiene mucha rabia; porque obviamente, se fue el ser amado y la mente reacciona inmediatamente buscando culpables.
¿Cuál es el problema de esto? Que en muchos momentos, esa rabia -que uno la proyecta hacia afuera y culpa a los otros-, se vuelve en contra de uno. Empieza la culpa personal.
La culpa personal no es sino la rabia introvertida, metida para adentro. Y uno empieza a oscilar entre la rabia hacia el mundo y la rabia hacia uno. Y en esa oscilación entre la rabia hacia el mundo y hacia uno, uno va oscilando en una reacción media paranoica, “todos los demás fueron...” o…, “es que yo no lo cuidé”, “es que yo no estuve atento”…, “es que yo no debí haberlo dejado ir”...
La elaboración de la rabia es muy importante. Y el montante de rabia - y aquí viene una cosa más complicada y más difícil de entender-, es que tiene que ver con qué tipo de relación tuve con la persona que se fue.
Porque hay relaciones que están cargadas de ambivalencia de amor y odio. Las relaciones humanas son muy difíciles.
Y las relaciones en la intimidad son tremendamente difíciles, por ejemplo, las relaciones de pareja son una mezcla de amor y odio.
Las parejas que andan bien, es porque predomina el amor por sobre el odio. Pero un montante de rabia y de odio y de ira está, porque la intimidad genera muchas expectativas. Yo siempre espero mucho del otro con el que tengo una relación íntima, y como no me lo va a poder dar, porque somos seres muy limitados, viene la rabia.
Ej., la mujer espera del hombre una cantidad de cosas en su intimidad que nos se producen y entonces el hombre la frustra…y viceversa.
Toda esa frustración se traduce en una cosa de rabia, de ira, de odio. Entonces, la relación íntima siempre está marcada. Y con los hijos también.
En medio de esa relación ambivalente se muere la persona amada y me echo la culpa a mí mismo, pero como no tolero tanta culpa, porque me deprimo demasiado, me siento demasiado miserable; echo la culpa para fuera.
Entonces, la culpa la tienen los otros, y empiezo a proyectar en los otros y ando pésimo, mal genio, no quiero salir de la depresión para que los demás paguen además esta culpa; o sea, para que se den cuenta lo víctima que soy yo de esta situación. Y se va quedando pegada en la depresión, pero esta vez se queda pegada en la depresión y en la melancolía. O sea, se está usando la depresión para cargar rabias afuera.
La elaboración de la rabia en el duelo, es un elemento fundamental.
Esto es lo que genera la separación en muchas relaciones de pareja que pierden un hijo. Porque la pérdida de un hijo en una pareja que ha tenido dificultades en la relación, por esta ambivalencia de amor-odio, se instala con una fuerza terrible y abre las compuertas de la agresión.
Y ahora, además por la muerte del hijo, va a venir la culpa de que “tú fuiste”; y el otro dice, “no, fuiste tú”…. Y esto con mayor o menor conciencia, aunque el hijo se hubiera muerto por una enfermedad, pero se empieza a buscar esta terrible culpa en otro para evitar la culpa propia, o la culpa en uno para deprimirse; y ahí se arma -como les digo- un entrampamiento del proceso de duelo muy complicado.
Entonces, los sentimientos hay que elaborarlos y pasan por tener que ponerlos en palabras... Cuando digo ponerlos en palabras, es pensarlos, entenderlos, es poder meterlos en el contexto de lo que uno vivió, poder perdonar, poder hacer la experiencia emocional de que, “ sí, es cierto, esto pasó “, yo no soy omnipotente, por lo tanto, no soy culpable, porque si yo fuera tan omnipotente podría realmente haber evitado esto. Mi marido tampoco es culpable, porque él tampoco es omnipotente....
Todo este proceso, que nuevamente vuelve al dolor, la culpa, la rabia, hay que hacerlo. Y es un darle vuelta y darle vuelta, y darle vuelta. Hasta que, poco a poco, se va produciendo el pensamiento y la comprensión. Y va instalando la pérdida de esa persona querida en una situación en la que uno ya deja de tener tanta rabia, deja de tener tanta culpa, deja de tener tanta angustia; incluso, la pena va disminuyendo.
En ese sentido, en este proceso hay que evitar el no sentir. Esto de que... enfráscate en el trabajo, no sientas nada, salgamos a pasear. No pienses en nada, es pésimo.
Todo lo contrario, hay que pensar. El duelo es un proceso, es una tarea que le impone a uno la vida, es un desafío y es uno de los desafíos más potentes, pero al mismo tiempo de los más enriquecedores, -como les digo-, hay que asumirlo; no se le puede hacer el quite.
Lo otro que hay que evitar es idealizar al ser querido. Esta sensación de rescatar sólo lo bueno del hijo; ¿Pero qué es lo que pasa con eso? Que todos los aspectos conflictivos quedan en el inconsciente. Y como quedan en el inconsciente y uno lo está idealizando, hay un descontento, hay una rabia, hay una frustración con el ser querido fallecido, que está todo puesto en el inconsciente.
Es mejor darse cuenta de lo que no nos gustaba, si en este sentido mi hijo tenía tales cosas y también tenía estas otras.
Lo voy teniendo como persona real. A la mente le hace bien la realidad. Porque en la medida que no hay realidad, hay aspectos inconscientes que quedan totalmente tapad
servido por giverny
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