Para tener muy en cuenta
MI HIJO HA MUERTO ¿QUÉ PUEDEN HACER PARA AYUDAR?
Por favor, no pregunten “¿cómo estás?” a no ser que quieran realmente conocer la respuesta.
“¿Cómo estás?” se ha convertido en un saludo sin significado cuya respuesta esperada es “bien”. Pero yo no estoy bien. A lo más estoy un poco serena y la mayor parte del tiempo estoy mucho peor. Me siento desconcertada, enfadada, herida, culpable.... Pero estos y otros sentimientos normales que siguen a la muerte de alguien que tu amas,no son la materia de una conversación educada. Así que si no están preparados para escuchar al respecto, mejor es que elijan otra forma de saludarme.
No esperen mucho de mí demasiado pronto.
Si me hubiera roto la pierna, me la habrían escayolado y no esperaría que volviera a estar normal durante meses. No se pueden escayolar sentimientos rotos ni verse las cicatrices. Pero necesitan tiempo para sanar y yo necesito tiempo para acostumbrarme a darme cuenta de que “normal” de ahora en adelante es vivir sin mi hijo, (y no se si “sanaré” alguna vez)
No ignoren la muerte o al niño que ha muerto.
No tendrían ningún problema en hablar acerca de las buenas noticias. Si simplemente hubieran ganado una bono loto, sería la primera cosa que mencionarían. Las malas noticias son diferentes: probablemente no sepan qué decir, ni cómo decirlo. Pero la muerte de mi hijo es la cosa más importante en mi vida y ayuda que se reconozca.
Sean honestos y procuren ahorrar lamentos.
“Es terrible, no sé qué decir” ayuda mucho más que frases de cliché que no son ciertas de ninguna manera. El tiempo por sí mismo no cura, el hecho de que nos tengamos el uno al otro es irrelevante porque dos personas que caen no se pueden salvar mutuamente y no hay consuelo en la idea de que la desgracia es la voluntad de Dios....por qué para mi simplemente no existe.
Si quieren ayudar, no hagan promesas vacías.
Decir “si hay algo que pueda hacer...” puede hacerle sentirse a usted buena persona, pero lo más probable es que yo no pueda usar su ofrecimiento porque probablemente no sepa que necesito y no estoy segura que significa “algo”.
Practiquen, no prediquen.
No importa lo débil, fuerte que sea mi fe o su ausencia total de ella, cualesquiera que sean sus creencias, este no es el momento de sermones.
Sean sensibles.
Encuentro difícil creer que la vida en el mundo exterior va siguiendo cuando mi mundo privado se ha hundido. Espero que la muerte de mi hijo pueda aceptarla algún día, pero si es así, llevará tiempo (quizá toda mi vida) antes de que el peso de mis propios sentimientos se aligeren lo suficiente y no me siente como hasta ahora, que la muerte, cuanto antes mejor, sea la única salida (terriblemente egoísta) para encontrar la paz.
No esperen de mí que siga una forma preestablecida de lamento.
Negación, enfado, culpa, depresión y aceptación son fases en el proceso que se sigue (habitualmente), pero no hay dos personas que lo vivan del mismo modo. Tendré días malos y días buenos, algunos días podré superar mucho y otras veces me sentiré abrumada por pequeñas cosas. Puede parecer ilógico, pero los sentimientos suelen serlo.
No confundan control con superación.
Un gesto rígido en los labios probablemente signifique que sujeto las riendas demis sentimientos no que me haya acostumbrado a ellos. Puede ser que no se sientan cómodos con una persona melancólica o con un llanto o mirar unos ojos inundados en lágrimas que se quieren reprimir, pero son algo mucho más saludable que el entumecimiento, al menos creo que así no perderé la razón.
La muerte de mi hijo me ha dejado espiritualmente rota. Me llevará un tiempo (o todo lo que me quede de vida) recomponer las piezas para reconstruir medianamente mi existir. Pero cuando las cosas van realmente mal, saber que hay un amigo puede ser todo lo que necesito para inclinar la balanza a favor de intentar la recuperación y llevar mi dolor dignamente.











Josep (no cal més) dijo
No sé cómo te sientes. Necesitaría pasar una experiencia semejante y ni aun así sentiría como tú porque, como tú dices, todos somos distintos y padecemos de diferentes formas. Pero sí sé que sufres y como te quiero tanto, tu sufrimiento es el mío. Hablamos poco, por no decir nada, pero ambos sabemos que estamos lejos y cerca al mismo tiempo.
Cuando necesites un abrazo y un hombro, un buen hombro, donde llorar, dímelo. Iré a u lado.
3 Abril 2007 | 07:14 PM