Pierre Hermé mon amour.
A veces pasa, que tengo la sensación de estar a punto de descubrir algo que me va a impactar y siento miedo. Mi cabeza se inunda de picores que obligan a rascarme y durante segundos no pienso, no veo, no escucho. Huyo.
Esta vez no lo hice. Quizá porque os tenía que contar lo que allí vi y lo que de allí probé. Dos pastelerías, las de Pierre Hermé. Dos joyerías, dos museos de lo efímero que a veces es esto de la cocina dulce. Bombones dentro de vitrinas, alineados, brillantes, de diferentes formas, con trufas y ganaches de increíbles sabores: praliné de sésamo, ganache de limón verde, ganache de chocolate con leche y jengibre, ganache de café y anís..... En el expositor de enfrente, macarrones y pasteles se la juegan cada temporada. Cambian de aspecto si es primavera-verano y si es otoño-invierno. De estos cuatro pasteles que probé, recuerdo la sensación de frescor del pastel de fresas y pistacho, lo llama Montebello; la mejor milhojas de mi vida, el sublime Inca y el mágico Plénitude.
Los macarrones son delicias para comer en cualquier momento. Yo les comí de aceite de oliva, de chocolate, de caramelo, de fruta de la pasión, de café...
Como si de trajes de alta costura se tratara, estos se sirven como piezas únicas: en cajas los pasteles y los macarrones en bolsitas de celofán.
Esto me hizo recordar la manía de muchas pastelerías en las que colocan seis o más palillos, con la punta chascada para que no pegue el papel en el caramelo, o en la nata y luego tengas que esconderte para untar tu dedo goloso en los restos adheridos. Pastelerías que adornan sus mostradores con chicles, caramelos infames, huevos, reyes magos de la temporada pasada en oferta, turrones para el guiri despistado,.....
No les juzgo. A saber si estos "añadidos" no son los que les dan de comer honradamente. En esta cultura impuesta del culto a la 36 y de la dieta de la alcachofa sentencio: un pastel o un bombón, hace más por la salud que todas esas pamplinas. Por lo menos por la salud mental, aunque sea, también, una solución paliativa y efímera.
Marian dijo
Muy bien dicho, cuanta sabiduria guardan tus palabras.
Cuando vuelva a Paris, Pierre Hermé será una visita obligada.
Menudo viaje, qué envidia.
20 Mayo 2005 | 09:33 AM