La buena maría
>"¡Qué buena está, la maría Fontaneda, la maría Fontaneda...!"
Este jingle me marcó a fuego como el de :
>"Vamos a la cama que hay que descansar, para que mañana podamos madrugar"
.
El primero tiene su gracia pero el segundo es una maldición salvo si es para hacer honor al primero.
(Esto me está quedando como aquello de Groucho Max de "la parte contratante de la primera parte....")
Hace unos años, mi madre me advirtió, que la maría de Fontaneda no era lo que había sido. Por este motivo dejó de comprarla. Recuerdo aquellas cajas enormes, con las galletas ordenadas y sin esa especie de condón que ahora traen. Muy higiénico, sí, pero un absoluto desastre si es de mañana, el párpado esta sellado y no logras encontrar la manera de abrir el paquete. Antes sólo las empaquetaban, y de cinco en cinco, para Iberia y los hospitales, lugares de padecimiento.
Hace un mes he recobrado el hábito, casi infantil, de desayunar galletas, alternándolas con pan payés y aceite. Sin duda uno de los placeres que había perdido por culpa de los "K". ¿Qué ha sido de aquellas dos galletas con el centro de mantequilla?. Bueno, pasaron a la historia por culpa del helicóptero de Tulipán, del que bajó un zote para convencer a las madres (lo paritario no había llegado y la igualdad ni os cuento) que aquello era mejor porque se untaba más fácil. ¿Y de la casi mítica tarta de chocolate hecha con las Fontaneda?. ¿Acaso hay mejor galleta para unas natillas que la de Fontaneda?. ¿Hay otra mejor para utilizarla en picadas y majados?.
Hace algo más de un año, la fábrica estuvo a punto de cerrar y a día de hoy continúa. Quizá siga padeciendo pero creo que es un ejemplo de empeño por mantener una marca y un producto de mucha calidad. Mi intuición me dice que puede que hayan recuperado la magia de la receta antigua y sobre todo el tostado de las originales.
Algo tienen estas últimas que me recuerdan a las de antaño, aunque ahora no disfruto tanto como antes abriendo el "prímer" la caja, oliendo el aroma que surgía al desdoblar la boca de la bolsa chasqueante y la sensación tan emocionante que sentía cuando con el índice y el pulgar sacaba un montoncito de galletas. Las miraba, sonreía e intentaba que el hueco que quedaba fuera limpio, que se viera el papel vegetal de la segunda capa y que no se tumbara ninguna de las marías. ¡Aymé!.
juan dijo
Estupendo. Ni Proust.
30 Julio 2005 | 03:39 AM