Vintoro 2006
Las casualidades de la vida se escriben con nombres propios. Esta vez ha sido una de ellas. Llevo unos días, liado entre sartenes en Tordesillas, y resulta que uno de los alumnos, que va de oyente, es el veedor, inspector de calidad en la D.O Toro. Un zamorano de pro, que ora está en Zamora ora en París y entre medias pasa un par de horas atento a lo que yo le cuento a él y a otros quince. Me sorprendió desde el primer día que ante mi insistencia, casi increpación, para que los compañeros olieran el fondo o la reducción, vieran lo nacarado del rape o comprobaran la textura de la papada, él siempre aceptara el reto, se girara, mirara a un punto en el infinito del alicatado de la cocina y registrara, porque estoy seguro que lo hace, ese sabor para casarlo con un vino.
Hoy domingo, asistimos invitados por él, a la 4ª Feria del vino D.O Toro, Vintoro. Se desarrolla hasta el lunes 3 en el Hospital de la Cruz de Toro. Un claustro coqueto, en el que unas cuantas bodegas, no todas, mostraban lo último, lo mejor, incluso lo no comercializado aún.
Rápido dimos con él y durante 3 horas ha sido nuestro guía y anfitrión, presentándonos desde el presidente de la denominación hasta el más pequeño bodeguero sin mesa de cata.
Mi sensación con la D.O Toro es casi la de ser un pago. Sí, no estoy delirando. En este recinto se conoce la gente, se habla con el vendimiador, con el labrador de cachetes sonrosados y piel morena, que sabe de cepa y producción; con el comercial que intenta vender su producto pero sin avasallar y con el catador aficionado que busca, para su cata, la complicidad del profesional.
Y es que este mundo, el del vino, está pasando por un momento cuasi glamuroso.
Carlos Gallego, que así se llama el estupendo personaje, habla de este boom desde la prudencia y ahondando en que la calidad es el futuro. Él acuña a los vinos reservones como lo vinos cocacola, hechos para una inmensa mayoría sin que se sepa bien de donde vienen y a quién se dirigen. Cuantos de estos hay en las estanterías, ¿verdad?.
¿Y qué vinos me han atrapado?. Pues dos de la bodega Dos Victorias, un Elías Mora de 6 meses de barrica, rico, con aroma a frutas rojas, con un ligero sabor a madera, acoplada perfectamente que hace de este un vino tremendamente atractivo en cualquier momento. El segundo, un lujo: Gran Elías Mora 2001. ¡Impresionante!. Hacía tiempo que no tomaba algo tan delicado y tan elegante. No sé como explicarlo sin que quede pedante así que lo dejo a la elección del lector.
Seguimos con un Rejadorada, 2004, de sabor más fresco y que me aclararon que era algo que daba el roble rumano. Francamente bueno. De allí a por un Quebrantarrejas, joven, aroma a fresas, gominolas de mora, y más aroma.
Continuamos con un Marqués de Olivara, donde nos ofrecieron un vino, aún no en el mercado, tinto del 2005. Muy sabroso, aterciopelado y que entró aún mejor con un par de rodajas de chorizo de una reciente matanza que nos hizo casi levitar. Al lado, de las bodegas Francisco Casas, tomamos un Camparrón tinto 2005, joven y atractivo al paladar. Una buena referencia para tener en cuenta a la hora de tomar un vino divertido.
Por último nos sacudimos un Wences dulce, de bodegas Vega Sauco, realmente peculiar, inclasificable y que invito a solicitar en restaurante. Sorprenderá muy gratamente el que un vino, sin adicción de azúcar, tenga un paso por boca tan delicioso, y es que no es un dulce de pasas muy maduras sino es de fruta en ese estadio en el que es casi pasa pero conserva zumo. De hecho se vendimia en Noviembre. Un descubrimiento.
Había más, pero catamos muy a la ligera, sin el apoyo de Carlos. Una lástima porque es como llevar una nariz de oro al lado. Lo que sí me atrevo es a aconsejar los vinos con D.O. Toro. No sé si los habrá mejores, iguales, peores, quién sabe. Por lo que he podido ver, sentir y probar, el vino de esta región está hecho por personas comprometidas con el terruño y eso se nota.
Buena gente la zamorana. Hoy, empotrados en el grupo de amigos de nuestro anfitrión, nos han llevado de pinchos por la ciudad, en el periodo de descanso de la feria. Desde aquí, gracias a todos, y a vosotros invitaros a que visitéis esta región vitivinícola. No os defraudará, todo lo contrario.
Y mañana al médico. ¿Y qué le digo?. ¡Que se vaya a Toro!. De vinos.
Feeer dijo
Roberto, cuando a uno le gusta el buen comercio y el mejor bebercio, ya sabes que tienes problemas con el médico. Yo también los tengo, afortunadamente.
3 Abril 2006 | 03:58