Logo de La Coctelera

El Pingüe Gourmet

Críticas gastronómicas sinceras, deliciosas recetas sencillas, consejos impagables y muy poca tontería snob, son los ingredientes con los que nuestro cocinero elabora su menú diario.

27 Junio 2006

Bellas, escasas, ordenadas

La llave que abría las latas de conserva era como un monóculo achatado, con una ranura en su mango donde introducir la lengüeta de la tapa. Luego, con giros sobre sí misma, lograba descubrir la belleza que estos cofres escondían. "¡Llévate la latilla a la bodega!", me decía Pablo todos los veranos. Tendría siete u ocho años y entre otras cosas yo era un adicto a la vida de Villaco. En el pueblo todo era fácil. Era sencillo acudir al reclamo de las zanahorias de Gilberto, o a la llamada de los perucos de Don Ismael, el veterinario, y era menos divertido cuando este nos perseguía, cinto en mano, por ser unos ladronzuelos. A pesar de todo, merecía la pena el riesgo.
Corría menos riesgo yendo a ver todos los días "echar de comer a los cochinos" de Presen y Ladis. Aún hoy ella me lo recuerda. Ladis era un tipo risueño, con porte de galán y de aspecto jovial. Tras unas gafas de pasta con cristales "de cataratas", Ladis observaba el campo sobre su Jondi, y a pie con su cachaba, recorría su pequeño y precioso majuelo, hoy uno de los que alquila Leda para elaborar su prestigioso vino. A veces, cuando estaban ellos almorzando, caían unas lonchas de su chorizo de matanza , sabor inconfundible e inolvidable.
Al que veíamos desde la loma de la huerta o caminado al lado de la cristalina Esgueva, mientras pescábamos pececillos, que luego la Esther ensartaba en un palillo para freírlos y cenarlos, era a Edesio. Él entonces y ahora sus hijos, tienen uno de los mejores rebaños de ovejas churras. Premiado casi todos los años caminaba hacia el Cueto, el monte cercano, o por Vallecenar, justo antes de meterlas en el aprisco para luego ordeñarlas a mano. Algunos litros de leche me han suministrado para elaborar quesos. Su tez, morena por el sol, siempre estaba sonriente. No sé por qué, la de Ladis también. Más de una vuelta al mundo se habrá hecho con el tolón tolón en el ambiente y siempre con el morral al hombro, la radio de pilas AM, el bastón y la boina para resguardarse del sol. Seguro que ambos dos, historia de la de verdad de Villaco, llevaban un cacho pan y una latilla para almorzar en las duras jornadas de verano en las que la siega y la búsqueda de pasto las hacen más duras. Siempre recordaré esos años, en los que al atardecer veía llegar con paso apresurado a Edesio con sus cientos de ovejas dirigidas por él y sus perros y a Ladis bajar del majuelo con sonrisa de haber visto que la uva en septiembre iba a estar deliciosa.
Por eso me acuerdo de ellos, de Pablo, de Ladis y de Edesio cuando abro una latilla en verano. Escasean personas tan bellas, tan ordenadas y tan deliciosas. Como las anchoas, cada vez más.

servido por gourmet 1 comentario compártelo favorito

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Boca Dorada

Boca Dorada dijo

Los recuerdos de la infancia en un entorno rural son diferentes a los recuerdos de la infancia en ciudad, así como los juegos, las horas, los peligros, los amigos y las aventuras. Pero además nos quedan grabados junto con las anécdotas, los olores, gestos, sonidos, sensaciones, actitudes…

Por cierto, que con el precio de las anchoas y el aceite de oliva, la conserva pasa a tener un precio de lujazo, en estas condiciones que él que no le guste mucho mucho, mejor que no coma, que deje para los demás.

27 Junio 2006 | 11:46

Escribe tu comentario





Sobre mí

Avatar de gourmet

El Pingüe Gourmet

ver perfil »
contacto »
Cocinero vocacional, profesor ocasional, amo de casa a tiempo completo. Me gusta ver comer. No me gusta comer solo.

Fotos

gourmet todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Categorías

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera