Barça y prensa: ocasión perdida

Reproduzco un magnífico artículo firmado por Pep Riera, director de 'El 9 esportiu', el tercer periódico deportivo de Barcelona. Son interesantes sus reflexiones sobre el poder de los grandes medios deportivos y su histórica relación con las directivas del club barcelonista. Sus comentarios sobre el cambio de idea que ha experimentado Joan Laporta en cuanto a su relación con los medios, ayuda a comprender la encrucijada en la que se encuentra. Originalmente el artículo está escrito en catalán, la traducción es mía y no he encontrado un enlace del texto original. De lectura imprescindible para culés y especialmente para periodistas:
"Lo que daba trabajo de verdad eran las relaciones con los medios de comunicación. Para tenerlos satisfechos, no había suficiente con las 24 horas diarias. Eran bastantes y la competencia que se creaban entre ellos para obtener una primicia era muy dura. Si no habían (noticias), se amplificaban los rumores y si tampoco había rumores, se los inventaban (..) La cuestión era armar follón, provocar escándalos, desvelar crisis, encender polémicas o exigir ultimátums".
Son palabras de un ejecutivo del Barça. Pero aunque puedan parecer de ayer o de hoy mismo, son de hace más de 30 años. Y son de Armand Carabén, en aquella época gerente del Barça durante el mandato de Agustí Montal. Carabén es también una especie de padre de Joan Laporta en la fe barcelonista y en su formación como opositor, primero, y como futuro dirigente, más tarde. Ahora, en 2008, ya hace tiempo que los medios de comunicación incomodan a Laporta. Los síntomas son inequívocos y llegan siempre en momentos complicados en el terreno deportivo. Antes o después, la prensa se sitúa en el centro de la actualidad azulgrana. Sobre todo cuando quien hace más para que eso ocurra es el propio club. Puyol lo ha verbalizado esta semana. Pero hace mucho tiempo que los medios, lo que se publica en los medios, forman parte de la gestión diaria del club. Si Puyol implica a los medios en la lesión de Messi es que en el club está instalada la idea de que la prensa se extralimita. Y no falta la razón. La culpa, es cierto, es de los medios, algunos medios pero el problema es que es el club el que alimenta esta manera de hacer periodismo. Los síntomas son claros: un día Laporta les pide complicidad; otro día, en un discurso en el premio Vázquez Montalbán, el presidente anuncia el "periodismo irresponsable"; en los editoriales del diario orgánico que se reparte en el Camp Nou los días de partido también se critica a la prensa; ahora, Rijkaard dejará de dar algunas ruedas de prensa porque da demasiadas. Y no hace falta entrar en la interpretación de las portadas de los periódicos de cada día. Como en otras épocas, la directiva ha acabado entrando en el juego perverso de querer controlar las informaciones. Entonces empiezan los conflictos. Cómo se pueden establecer complicidades, por ejemplo, con medios que un día exigen que jueguen "los jugadores que están más en forma" y que al cabo de unas semanas se instalan en la máxima de que los que tienen que jugar son "los mejores"? Eso es lo que pasa.
La prensa (sobre todo la prensa dominante), al fin y al cabo, hace muchos años que está ahí. En la época de Carabén se comenzaban a gestar los modelos periodísticos basados en el negocio Barça. Y como que el negocio es el negocio, las empresas periodísticas quieren velar por sus intereses. Es cuando los medios dejan de ejercer sólo como fábricas de noticias y empiezan a participar en el día a día del club como formadores de opinión e influyendo en las decisiones de los dirigentes, creando debates sobre cualquier cosa. Y los directivos empiezan a entrar en el juego que interesa a los medios: démosles cosas a cambio de que nos traten bien. Es cuando los directivos creen que pasan a controlar a los medios. Pero no saben que es al revés. Y así pasan muchos años.
La llegada de Laporta a la presidencia del Barça tenía que suponer, como habían pregonado desde su candidatura durante la campaña electoral, un nuevo estilo de dirigir el club. Era una oportunidad para hacer las cosas de otra manera, más abierta, más sincera, más ecuánime, más actualizada, más digamos profesional. Era, por lo tanto, también una oportunidad para relacionarse con el entorno de otra manera. Y quien dice el entorno, dice la prensa. La llegada de este nuevo estilo prometido era también la ocasión para favorecer la emergencia de un periodismo que ya existía pero que no era el predominante en la primera línea de los medios, de unos periodistas que no eran los más famosos ni los que gritaban más, pero que también existían y que habían visto en la candidatura de Laporta el aire nuevo que más convenía al Barça y a su entorno. Unos periodistas comprometidos con el periodismo más que con el comercio de la información. Y que, por lo tanto, veían una oportunidad, paralelamente a la regeneración del club, de poner una voz y unos textos más veraces, más constructivos y más sanos de la realidad blaugrana.
Aquella nueva manera de dirigir el club y la emergencia de aquel nuevo periodismo habían de ir unidos, pero sin que ir unidos significara lo que había significado hasta entonces (una mezcla de funciones en la que los periodistas se ponían a hacer de entrenadores o de directivos, y de jugadores porque no podían, y los directivos también se sentían legitimados para intervenir más que influir en las decisiones y los procesos periodísticos), sino, por fin, una digamos sana separación de poderes desde el respeto y la confianza. Era la oportunidad para conseguir que el club se dedicara a hacer de club y los medios, a hacer periodismo. Porqué hasta entonces, el club no hacía y deshacía nada sin valorar como lo percibirían los medios y entre una cosa y otra se tejía una red de complicidades que no se sabe ni donde empezaba ni donde acababa, pero que pasaba por los despachos del club y por las redacciones. Solía acabar mal, y la prensa siempre ganaba. Tanto en el final de etapa de Núñez como en la de Gaspart, la crueldad con los dos de la prensa que había sido más afecta al club fue más intensa que la complicidad de los mejores momentos. La prensa siempre ganaba, porque intervenía en todos los procesos: la selección de los aspirantes a la presidencia, la elección, el ejercicio del poder, la gestión del equipo y los juicios finales. El único que continuaba era la misma prensa.
En junio de 2003, sin embargo, estos medios quedaron descolocados con el resultado de la convocatoria electoral a la presidencia del Barça. Ninguno de ellos había sido capaz de ver que la candidatura de Laporta tendría posibilidades de ganar y se habían situado cerca de otros candidatos menos rupturistas. Hasta el último momento se silenciaron (el resultado de) encuestas que ya indicaban la emergencia de la candidatura de Laporta frente a las favoritas, más en un intento de darle la vuelta a la tendencia que de negar la realidad. La victoria de Laporta suponía para el periodista dominante quedar prácticamente fuera de juego y, por lo tanto, tener que partir prácticamente de cero en el establecimiento de complicidades con la nueva directiva, si es que era posible hacerlo en las mismas condiciones que hasta entonces.
Laporta llegaba a la presidencia con el convencimiento fundamental que no debía nada a ninguno de los grandes medios o grandes grupos de comunicación. Y era cierto. Era la base para una nueva época. Pero no ha sido posible. El club se instaló en un búnker informativo y en la clasificación bien/mal de todo lo que se dice y se escribe cada día. Y la relación con los medios comienza a estar condicionada por los comportamientos. Tanto vicio ha acabado por marcar la política del club. En un momento determinado, se comienzan a tomar decisiones en función del qué dirán. Internamente no sé cuándo es. Pero externamente se manifiesta el día que se venden unos terrenos de Can Rigalt y se dice que es una "transformación de patrimonio". Desde aquel momento hay un antes y un después. El antes es pasar a relacionarse con la prensa como habían hecho las directivas anteriores a 2003. El después es comenzar a tomar decisiones mediatizadas o simplemente a no tomarse. Laporta comienza a realizar declaraciones y entrevistas en las que sólo dice cosas previsibles y que hacen aumentar la sensación de falta de credibilidad. En tiempos de éxitos, el club transmite malas vibraciones. Y en las dificultades, la tensión aumenta. No parece que se pueda, ni que se quiera, dar marcha atrás. Carabén ya lo había diagnosticado hace muchos años. Una gran ocasión perdida.





Sito dijo
Es un artículo muy bueno, muy profundo. Grande.
10 Marzo 2008 | 12:51 AM