Al atardecer desde el monte de los tres pinos, sobre un horizonte rojo - anaranjado, recortando el perfil urbano de una metrópoli ruidosa, distingo el vago eco del adiós que se pierde como un perfume en la vorágine apestosa. ¡Coge el último tren!. Existe un vagón, allá lejos, en el que el anonimato es un privilegio. Allí moran las sombras fantas...