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Pequeños esbozos Entre Bambalinas

Fragmentos de teatro

8 Mayo 2007

Público infantil

El otro día hablaba yo con un conocido de los padres que llevan a sus niños al teatro. Claro que hay obras y obras, pero no puedo evitar sonreír cuando veo unos padres que llevan a su pequeño retoño de diez u doce años a ver montajes como el de Homebody/Kabul que hasta hace un par de semanas se podía ver en el Teatro Español de Madrid.
Recordaba yo, en la conversación, una anécdota que me contó Carlos Gramaje. Cuando Mar i Cel se repuso en Barcelona los padres corrieron a llevar a sus hijos a un montaje que les había emocionado cuando se estrenó hace veinte años. Incluso se hicieron funciones escolares. Pero un día, el regidor llamó a la puerta de su camerino y le pidió que, por favor, saliera. Cuando preguntó que pasaba, el hombre (o mujer, no lo recuerdo ahora) le contestó que una niña había tenido un ataque al ver como "moría" en el escenario. Que lloraba sin parar, histérica, porque habían matado a Saïd.
Gramaje salió y la niña se abrazó a él sin dejar de llorar, aunque no sé yo si acabó de creerse que era el mismo y que no le habían matado.
En cualquier caso, Saïd, como en cada función, moría al final. Y esa niña fue capaz de sentir su muerte como algo real. Eso debe tener que ver con lo que llaman la magia del teatro.

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8 Mayo 2007

Público infantil

El otro día hablaba yo con un conocido de los padres que llevan a sus niños al teatro. Claro que hay obras y obras, pero no puedo evitar sonreír cuando veo unos padres que llevan a su pequeño retoño de diez u doce años a ver montajes como el de Homebody/Kabul que hasta hace un par de semanas se podía ver en el Teatro Español de Madrid.
Recordaba yo, en la conversación, una anécdota que me contó Carlos Gramaje. Cuando Mar i Cel se repuso en Barcelona los padres corrieron a llevar a sus hijos a un montaje que les había emocionado cuando se estrenó hace veinte años. Incluso se hicieron funciones escolares. Pero un día, el regidor llamó a la puerta de su camerino y le pidió que, por favor, saliera. Cuando preguntó que pasaba, el hombre (o mujer, no lo recuerdo ahora) le contestó que una niña había tenido un ataque al ver como "moría" en el escenario. Que lloraba sin parar, histérica, porque habían matado a Saïd.
Gramaje salió y la niña se abrazó a él sin dejar de llorar, aunque no sé yo si acabó de creerse que era el mismo y que no le habían matado.
En cualquier caso, Saïd, como en cada función, moría al final. Y esa niña fue capaz de sentir su muerte como algo real. Eso debe tener que ver con lo que llaman la magia del teatro.

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1 Mayo 2007

Una incertidumbre

Cuando voy a ver una función de teatro suelo intentar explicarme, para luego poder explicar los porqués de lo que sucede en escena. Suelo acertar o por lo menos encontrar una razón que a mi me puede parecer lógica para el por qué algo es así.
Sin embargo, desde hace algún tiempo vengo arrastrando una incertidumbre que espero que alguien me solucione. Si alguien puede ayudarme por favor, soy toda oídos.
Ocurrió mientras veía la representación de Un Enemigo del Pueblo, que el Centro Nacional tuvo hasta hace poco en cartel en Barcelona y, antes, estuvo en Madrid. Todo iba bien hasta que en la escena de la asamblea (si la han visto ya saben a que me refiero) apareció Billing toda vestida de rojo.
Desde ese momento no pude dejar de darle vueltas a la cabeza de por qué los responsables de la obra habían querido resaltar de esa forma a un personaje que, por otra parte, no tiene ningún protagonismo en esa escena. Al menos para el resto del público que no le prestó atención. Pero a mi me causó una profunda inquietud no poder explicarme por qué iba vestida de rojo cuando el resto del pueblo vestía de negro, o de colores oscuros en su defecto. ¿Alguien tiene alguna idea?

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27 Abril 2007

Helio Pedregal

Es una de esas caras que a todos nos suenan, un poco o mucho, por su participación en diversas series de televisión. Siempre suele hacer de algún personaje serio, autoritario y, por qué no, antipático.
Más allá de su acercamiento a la televisión, Helio Pedregal es un actor de teatro imponente, por su gran presencia física y por su voz, grave y medida, que modula a la perfección para dar vida a los personajes que, en suerte, le toca representar. Porque dice el propio Helio que ha tenido mucha suerte, yo me atrevería a decir que también mucho trabajo y dedicación, en los papeles y en los directores que le han tocado.
Es un habitual de los repartos de Narros o de Pasqual, con quien repitió hace poco en Hamlet y en La Tempestad, haciendo, ¿como no? del malo. Pero está un poco harto de hacer siempre de personajes desagradables y ahora nos brinda una cara tierna y cálida tanto en Afterplay, que se encuentra en stand by, como en Splendid's.
En una obra tan dura, el personaje de Pedregal viene a ser el fiel de la balanza. Alguien que con el poso que dejan los años y con la tranquilidad que da la experiencia para guiar el juego de sus compañeros hasta el final, el "verdadero final" como diría su Andrei.
Es un hombre comprometido con lo que hace que necesita creer en el texto que defiende para poder subirse cada día a un escenario y que no se cansa de hacerlo siempre que el montaje tenga la debida calidad. Tampoco parece tener miedo en arriesgarse en montajes incómodos, en los que sin duda se desenvuelve como pez en el agua.

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24 Abril 2007

Splendid's

El Centro Dramático Nacional, dentro de la provocadora programación que ha escogido este año, ha decidido llevar al escenario del teatro Valle Inclán Splendid's, de Jean Genet.
El dramaturgo francés, un escritor maldito, nos encierra en un hotel de lujo con un grupo de atracadores. Elegantemente vestidos, los criminales son los protagonistas, antihéroes, de una historia que no tiene sinofinal. Irremediable e irreversible. Pero mientras nos lleva hasta él, el dramaturgo se complace en jugar con el público y con sus personajes.
El juego, el sexo y la muerte son tres temas esenciales en el teatro de Genet desde el principio hasta el final. No es una mala combinación, sin duda, y él sabía manejarla con buen pulso aunque, en ocasiones, los textos resultan excesivamente fragmentados. Cuestión de gustos.
Yo, si me lo permiten, le agradezco a Sartre el haber recuperado el texto que Genet no quiso publicar en vida. Cada cual es libre de juzgar pero yo encontré unos personajes vibrantes (no todos, el reparto es mejorable aunque funciona). Y le agradezco a Plaza, director del montaje, haber conservado a Helio Pedregal de su última obra y permitirme descubrir a Patxi Freitez, que en un acto de amor onanista nos regala no uno sino dos personajes. Mirénle con atención, es un consejo.
Pero, si acuden a verla (algo muy recomendable) denle tiempo, no apuren una función que no hace sino acabarse desde que comienza. Tengan paciencia para que todo encaje. Es posible que tarde más que la hora y media que dura la pieza. Es posible que nunca encaje. Pero, sin duda, no les dejará impasibles. Y eso ya es mucho.

Tags: splendids, genet

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Un espectador cualquiera. Una visión personal, propia. Dos ojos brillantes que desde el patio de butacas tratan de aprehender todo lo que ocurre tanto dentro como fuera del escenario. Alguien que busca aprender, descubrir y descubrirse en las historias que suceden ante sus ojos y conocer lo que los demás piensan. Que pretende dejar sus ideas, acertadas o erróneas para compartirlas con aquellos que estén de acuerdo y para que aquellos que no lo estén las rebatan. Siempre de forma anónima porque la platea sigue oscura y los focos solo iluminan la escena. H.

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