Público infantil
El otro día hablaba yo con un conocido de los padres que llevan a sus niños al teatro. Claro que hay obras y obras, pero no puedo evitar sonreír cuando veo unos padres que llevan a su pequeño retoño de diez u doce años a ver montajes como el de Homebody/Kabul que hasta hace un par de semanas se podía ver en el Teatro Español de Madrid.
Recordaba yo, en la conversación, una anécdota que me contó Carlos Gramaje. Cuando Mar i Cel se repuso en Barcelona los padres corrieron a llevar a sus hijos a un montaje que les había emocionado cuando se estrenó hace veinte años. Incluso se hicieron funciones escolares. Pero un día, el regidor llamó a la puerta de su camerino y le pidió que, por favor, saliera. Cuando preguntó que pasaba, el hombre (o mujer, no lo recuerdo ahora) le contestó que una niña había tenido un ataque al ver como "moría" en el escenario. Que lloraba sin parar, histérica, porque habían matado a Saïd.
Gramaje salió y la niña se abrazó a él sin dejar de llorar, aunque no sé yo si acabó de creerse que era el mismo y que no le habían matado.
En cualquier caso, Saïd, como en cada función, moría al final. Y esa niña fue capaz de sentir su muerte como algo real. Eso debe tener que ver con lo que llaman la magia del teatro.



Manolo dijo
Conozco a una quimérica niña grande que habría hecho lo mismo. Que bueno tener estos comentarios entre bambalinas!!!!
13 Mayo 2007 | 09:16