Su último regalo
Te despiertas de madrugada; la lluvia apedrea la ventana.
Entre las patas de la cama habita un alma atormentada. Se arrastra, impulsándose con las uñas por el suelo, al término del anochecer.
Acaricia tu rostro dormido y después te devuelve.
Sola.
Es temprano,
cuatro horas frente a una taza de café.
Hay un teléfono a tu espalda que no suena y la lluvia sigue estrellándose contra los cristales del piso.
No vuelves a la cama; te da miedo el ser que vive debajo.
Una araña ha trepado por tu garganta,
Asoma sus extremidades por las comisuras de tus labios.
El espejo del baño se ha reído de tu mala cara.
¿Qué haces ahora?
Has decidido, aún en profundo desacuerdo contigo misma, que aquel “te amo” bajo la cúpula de la estación era el último.
Alguien llama al timbre de la puerta.
Piensas ¿cómo?
Después, muy después,
Reaccionas.
Has abierto la puerta, casi sin darte cuenta, el rellano huele tanto a cañería como siempre.
El pelo le cubre el rostro, una mochila le cuelga del hombro, la funda de la guitarra descansa entre sus converse vaqueras.
Escéptica, hay arácnidos que se revuelven en tus vísceras;
Es demasiado temprano como para decir nada coherente.
¿Y Madrid? ¿Fue una araña? ¿Fuiste tú? ¿Fue la maquinaria del ascensor?
Él se encoge de hombros antes de responder.
He preferido dejarla en Madrid... por ser hoy
Le sonríes inevitablemente y te das la vuelta, dejando que entre sin invitación, mientras vuelve el color a tus mejillas.
Lo ofreces todo justo antes de darte cuenta de que sólo tienes ramen, pizza congelada y las sobras de los tallarines de anoche. Pero no hace falta, sólo quiere un cigarrillo.
Te sientas en el alféizar a intoxicar a tus parásitos mientras escuchas el relato con el que compensa tu generosidad; por el tiempo y el tabaco cedidos.
Madrid era frío y gris, claro que también influía la época del año. No había nadie que se parase a escucharle y se cansó. Varios jefes y tías le han dado a estas alturas con la puerta en las narices, se ha ido, pero sin saber a dónde ir.
A estas alturas tú y tu tarántula sois dueñas de la situación.
Y has acabado aquí...
Ya he aceptado que tú eres la única que entiende mi forma de ser y mis cambios de humor.
Y tal vez por ello soy la única condenada a soportarte.
Repite despacio lo de “tal vez” y tú murmuras que no te importa esbozando una débil sonrisa, imperfecta por el cansancio acumulado en los tres últimos años.
“Te lo debe”, murmura el insecto dentro de la boca.
“Me lo debe”, te ha convencido.
Tiras el pitillo al fregadero y bajas trepando del alféizar y la encimera.
Te aproximas, lentamente,
Y en tu estómago se escuchan risas.
Clavas cinco uñas negras en una de sus rodillas mientras te agachas.
Cierras los ojos,
Abres la boca.
La araña sale, se traspasa; muda su cuerpo despreciable de un cadáver a otro.
Ya te has vengado, se lo debías desde hacía tres años, le has devuelto el último de sus regalos.

Hippie dijo
Ya dicen que la venganza es un plato que se sirve frío... aunque yo hace años que opté por dejar las venganzas a un lado. El simple hecho de vivir esperando el momento perfecto me hacía perderme muchas otras cosas.
Contradicciones :)
Un beso
9 Abril 2007 | 09:37 AM