...

La calle gimotea y las piedras de las casas suplican
24 horas más a a pátina del tiempo.
La ciudad se estira y se contrae como un acordeón
colérico, engulle y lo vomita todo
en un monstruoso pedo monocorde.
Te pierdes en el pentagrama
de una balada sin estribillo
sin letra ni intrumentos.
El cuerpo de la música rechina en los dientes y
se hace eterno y tú no eres más que una melodía
viscosa que se me filtra entre los poros y
me tapa los ojos.
