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Historias del Cono Sur

Andanzas de un periodista en Santiago de Chile

7 Mayo 2008

Dale Bo

Hay experiencias que sólo se viven una vez en la vida. Me encanta el fútbol, pero estaremos de acuerdo en que es algo bastane trivial, un negocio que año tras año pierde encanto y que de vez en cuando nos deja momentos memorables. Yo viví uno de estos preciados momentos el domingo pasado en Buenos Aires, cuando asistí al partido entre Boca Juniors y River Plate en La Bombonera.

Fue toda una aventura. Nos lo jugamos todo a una carta y un rato antes del inicio del partido nos presentamos a los alrededores del estadio, dispuestos a escuchar ofertas por unas entradas de reventa. Pronto sucedió. Intuyo que eran miembros de la barra de Boca, y nos dejaron claro que no quedaban entradas disponibles; si más no entradas como las entendemos en Europa: un papelito con un asiento asignado. Por 200 pesos argentinos -unos 40 euros-, nos ofrecieron "entrar" en el estadio sin entrada, detrás de las porterías donde hay bancos y no asientos. Y donde está La Doce, la barra brava de Boca Juniors. Primero nos chocó un poco, pero pronto lo comprendí todo. Nos estaban ofreciendo colarnos en el estadio con la connivencia de la policía bonaerense. Aceptamos y pagamos. Lo que vino a continuación fue un cúmulo de esperas y carreras por fuera del estadio. Éramos un grupo de 21 personas en la misma situación, siguiendo al tipo que nos debía entrar a la cancha cúal niños siguiendo a la profesora en el colegio. Llegamos a una puerta.

Tras conversar con alguien en el control de seguridad, nuestro contacto dice que allí no nos dejan pasar. Volvemos atrás. Esperamos. Caminatas arriba y abajo. Confieso que llegué a temer quedarme fuera y, de rebote, perder la pasta. Por eso íbamos todos pegados y sin perder de vista a nuestro contacto. De repente nos dicen que entramos y empezamos a correr detrás del tipo. Entre gritos y empujones, pasamos dos controles y estamos dentro. El partido estaba a punto de empezar, nos habíamos perdido la salida de los jugadores pero me daba igual. Estaba en La Bombonera el día del clásico argentino y no me lo podía creer. El ruido atronador de los cánticos y la melodía de las trompetas y trombones me devolvió a la realidad. Nos hicimos un hueco al final de la segunda gradería, junto a La Doce, que ocupaba toda la grada detrás de una portería. Allí empezó la fiesta, porque fútbol hubo más bien poco. Los hinchas a nuestro alrededor saltaban, cantaban y agitaban la mano con ese gesto argentino tan característico. El mítico grito "dale Bo" retumbaba a diestro y siniestro. Algunos aficionados se pasaron medio partido dando la espalda a la cancha, más preocupados en animar a la gente a cantar que en el partido en sí.

Impresionante ambientazo. No conozco el ambiente de los estadios en Europa pero, por lo que se comenta, intuyo que sólo un partido en Anfield Road, cancha del Liverpool, puede parecerse a eso. Desde luego, en España ese ambiente no se da ni de coña. Fue la guinda de la estupenda visita a Buenos Aires.
Aquí os dejo una muestra. En este caso, una imagen vale más que mil palabras.

servido por Gerard 8 comentarios compártelo favorito

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Núria

Núria dijo

Bueno neeeen! Ja veig que per Buenos Aires t'ho vas passar de conya no?? Me n'alegro mooolt, disfruta tan com puguiiis! Aaaa! I si hi tornes viam si em compres alguna coseta típica d'allà ok? :P

Jo per Sant Jordi et vaig comprar un llibre, te'l portaré a Chile quan vinguem. És que el vaig veure i vaig pensar que t'agradaria, no és un llibre normal, ja el veuràs!

Bueno guapo, viam si parlem aviat que ara fa dies que no coincidim enlloc i sempre que parlen amb tu ja estic dormint!

Cuida't molt i un petó des de casa

11 Mayo 2008 | 02:19 PM

Gerard

Gerard dijo

@ Núria: Hola nena. Tu em portaràs un llibre i jo us en donaré uns quants perquè els torneu cap a Barcelona, que estic fent una col·lecció aquí que si no necessitarè una maleta només per portar llibres. Un petó a tots!

11 Mayo 2008 | 06:41 PM

hristopau

hristopau dijo

Geriiii!!Tiu, fa dies que volia escriure perquè t`anava llegint però no trobava el moment. Quina enveja que em fas amb el clàssic, ha de ser la òstia. Però està feta pols la Bombonera,oi???
De l`ambient coincideixo, tot i que voldria veure Maracanà ple un dia que el Flamengo s`hi jugués algo, perquè és per flipar quan juguen la torcida flamenguista, no he vist res igual. Però ja saps que a sudamèrica, monten cada pollastre als estadis les aficions....
del barça ni parlar-ne,no??UNa abraçada i fins aviat crack!

12 Mayo 2008 | 01:44 AM

pep

pep dijo

Ei Gerard soy Jose Luis. Ya tengo localizado tu nuevo blog. Vaya ambientazo tio! Aqui en cambio, ayer estuve en el Barça-Mallorca y tuvo un ambiente fúnebre...gritos contra Laporta, pitos a Eto'o, Deco, Henry y Giovani y aplausos (muchos, muchisismos, el que más recibió) a Frank Rijkaard...menuda diferencia...en fin Gerard, ya nos iremos leyendo. Un abrazo amigo!

12 Mayo 2008 | 04:38 PM

Gerard

Gerard dijo

@ Pau: hola xato. Sí, del Barça millor no en parlem. A mi la veritat és que em va bé estar tan lluny, estic mig desconectat i sembla que les òsties no són tan fortes. La veritat és que la Bombonera està força feta pols... i els cabrons argentins pixen a les escales d'accés a les graderies i no et vull ni explicar l'olor que hi fotia mentre pujàvem amunt... què hi farem, és el que tu dius, això és Sudamèrica! Salut!

@ Jose Luis: qué bueno leerte por aqui Jose. Tio, no sé quien te convenció para ir al Camp Nou el domingo, pero te hizo un flaco favor eh. Escuché la transmisión de Rac1 y és la clásica noche de perros en el estadio. Aunque el juego sea más pobre -y te digo que en Argentina a menudo hay mejor fútbol que en la liga española, por lo menos la de este año- prefiero las trompetas y los trombones de la bombonera. Nos leemos, un abrazo!

13 Mayo 2008 | 04:01 AM

E.G.L.

E.G.L. dijo

UOOOOOOOOOOOOOOOOO tiuuuuuuuuuuuuuuu
un BOca River y encima en la Bombonera!!!!!!

Que grande!!!!! Seguro que lo pasaste genial . Me alegro.

Un saludo compañero!!!1

13 Mayo 2008 | 04:44 PM

killeditor

killeditor dijo

Article de Juan Villoro a El Periódico

14/5/2008 EL CLÁSICO DEL FÚTBOL ARGENTINO

Domingo en la Bombonera
El fútbol está lleno de clásicos y derbis, pero pocos o ninguno concentran la pasión descontrolada de un Boca-River o de un River-Boca. No es un partido, es mucho más que eso, que diría Bill Shankly. De paso por Argentina, el escritor mexicano Juan Villoro no quiso dejar pasar la ocasión de vivir uno de esos duelos que guardará en la memoria. Es díficil olvidarlo.

• Sentí un temblor en la tribuna y varios hinchas me corrigieron: "El estadio no tiembla: late"

Pasión Imagen de la Bombonera en el momento de la salida del Boca, el pasado 4 de mayo. Foto: AP / EDUARDO DI BAIA JUAN Villoro
En el fútbol argentino los jugadores se van y la pasión se queda. Los nómadas fichados por otros clubs no vuelven a oír los alaridos que los apoyaron junto al Río de la Plata.
Entre los estadios que la exaltación argentina hace vibrar, ninguno tiene tanta fama como la Bombonera, donde oficia el Boca Juniors. Jorge Valdano debutó como visitante en esa cancha. Al saber que el 4 de mayo yo estaría ahí para presenciar el derby contra el River Plate, me contó una anécdota: "Me estaba atando los botines en el vestuario y sentí un temblor. Uno de los veteranos me dijo: 'No sos vos, pibe, es el estadio'".
Vi el superclásico en la tribuna de prensa, que tiene el mérito escenográfico de estar junto a la Popular, la multitud que ama a los suyos con ilimitada cursilería y desea que los rivales agonicen con detallado sufrimiento. Una célebre canción mexicana, "Allá en el rancho grande", es cantada con otro fervor agrícola: la barra brava de Boca presume de tener muchos huevos y matar muchas "gallinas" (seguidores del River).

CUANDO
comenté que, en efecto, había sentido un temblor en las tribunas, varios hinchas de Boca se aprestaron a corregirme: "El estadio no tiembla: late". Otra prueba del sentimentalismo de un público que ama a su equipo como su "buen amigo" y luego putea al destino.
Ya en 1974 había asistido a un clásico argentino, en aquella ocasión en el estadio de River. Un aficionado oyó mi acento y me preguntó si era cierto que en México el equivalente a un hincha de Boca puede estar sentado junto al equivalente a un hincha de River. Le dije que sí. Entonces su curiosidad se volvió más específica: "¿Y no se matan?". "Somos bastante pacíficos", contesté. Pensé que festejaría esa versión incruenta de la guerra pero respondió de modo inolvidable: "¡Pero qué degenerados!"
En Argentina la cordura quebrantaría las reglas de un espectáculo hecho para la desmesura. Como explica Martín Caparrós en su libro Boquita, fue ahí donde la afición recibió el mote del "jugador número 12". La fanaticada canta y grita para definir el resultado. La palabra "hincha" surgió del país vecino, Uruguay, y proviene de quienes llevaban los balones a la cancha y debían mantenerlos bien inflados. Los argentinos inflan tan satisfactoriamente el partido que el balón se convierte en la nota de pie de página del marco teórico en las tribunas.
En la Bombonera, el visitante no puede tirar un córner sin ser protegido por el escudo de un policía. Cuando sale el equipo local, se lanzan tantas tiras de papel que resulta imposible recuperar el estado original del terreno. Como las hormigas, los papeles reaparecen a lo largo del juego, empujados por el viento o la extraña mística del estadio.
Llegué a la gesta en compañía de un amigo que no había ido a la Bombonera porque es de River. Encontrar nuestra puerta fue un deporte extremo. Fuimos repelidos por balas de salva en una calle y asediados por la policía montada en otra. Aunque los aficionados curtidos en mil batallas aprovechaban para comer un choripán o enviar mensajes SMS a sus amigos -pobres diablos sin entradas-, la mayoría tenía la mirada hiperalerta de los momentos de riesgo. De pronto, en una calle todo mundo se asomó a las ventanas. El barrio de Boca se transformó en una sola injuria: "¡puuuuuuuuutos!" El autobús de River pasaba por ahí. Alguien lanzó un candado desde un balcón. Otro se asomó a una ventana para tirar un bloque de hielo congelado para la ocasión. Tal vez ninguno de los que viven en la calle del agravio haya estado en la cancha. Sin embargo, esos hinchas laterales no son menos importantes: hacen que el enemigo llegue al campo por un túnel de ignominia.
En comparación con la Bombonera, el Camp Nou parece un estudio insonorizado. No es casual que un jugador que depende tanto del sentimiento, como Riquelme, se haya eclipsado ante un público que tal vez le pareció de filmoteca. En Boca ha vuelto a ser un jugador dominante, un perezoso de alta escuela que duerme de pie y aletarga lo que toca. Durante el partido, el balón roncó feliz en sus botines.

EL 4 DE MAYO
se disputaba otro derby: Milán-Inter, encontronazo del fútbol globalizado donde los argentinos corren mucho. En cambio, en la Bombonera, todo son fintas y pausas. Como en el teatro kabuki el público grita ante un lance congelado y el cobro de cada falta prefigura la eternidad. Es poco lo que sucede en la cancha porque los grandes cracks se han ido lejos. Algunos veteranos, como Palermo en Boca y Ortega en River, ya comieron sus mejores tallarines y practican un fútbol de sobremesa.
El triunfo de 1-0 permitió el estallido de las bengalas. Al final, los jugadores de Boca se abrazaron para celebrar un campeonato emocional. Un espectador neutro podría pensar que el festejo era excesivo para un juego pantanoso. Sin embargo, ese sujeto imparcial no existe: la Bombonera no admite medias tintas.
"Dios está en todas partes pero despacha en Buenos Aires", me dijo un taxista. Como la única comprobación de la deidad es la fe, el evangelista de las canchas puede decir que el domingo 4 los hombres actuaron mal, pero Dios fue de Boca.

14 Mayo 2008 | 06:40 PM

Gerard

Gerard dijo

@ Killeditor: espectacular la crónica del maestro Villoro, al cual ya elogié en un post anterior por uno de sus libros. Me alegra saber que él también estuvo allí y disfrutó del ambiente y, aunque bastante menos, del fútbol. Por cierto, estos días está en Santiago y mañana da una charla sobre deporte y literatura... por poco que pueda me escapo de la redacción y voy para allá! Saludos Killer!

15 Mayo 2008 | 12:16 AM

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Gerard. Periodista barcelonés de 23 años becado por la Agencia EFE en Santiago de Chile, ese escondido país del Cono Sur estrecho y alargado.
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