Una tarde de fútbol
Como amante del fútbol ayer tenía una cita obligada con la final de la Eurocopa. Pese a que nunca he seguido con fervor las andanzas de la selección española -que dicho sea de paso, nunca había hecho nada de bueno-, debo confesar que el grupo que disputó el torneo en Austria y Suiza consiguió despertar en mi una cierta simpatía. Lo he visto como un grupo de chavales jóvenes con buen gusto para el fútbol, despojado de la caspa y de la dictadura de Raúl que imperaba años atrás. El tratamiento por parte de los medios de comunicación ya es otra cosa.
Así que tenía dos opciones. La primera, verlo en casa tranquilamente por la televisión aprovechando que lo emitían en abierto por un canal chileno. La segunda, juntarme con el grupo de españoles que conozco para verlo en el Centro Cultural de España junto a otros miembros de la parroquia española. Mis fuentes me habían informado que en el Centro Cultural, dependiente de la embajada española, ofrecían jamón serrano. Tras medio año en Chile, se extrañan muchas cosas. El jamoncito es una de ellas. En consecuencia, guiado por mi paladar, opté por ver el partido con la comunidad española y tirarme a por las lonchas de jamón cual depredador se abalanza sobre su presa.
En el Centro Cultural varias decenas de personas, en su mayoría españolas, disfrutaba del partido. Aplausos, cánticos, "uiiiiis" en las ocasiones de España y alguna que otra bandera o camiseta con el toro de Osborne. En primera fila, el embajador español con una camiseta de la "roja" exclusiva en la que en el dorsal rezaba: EMBAJADOR.
Tras los primeros 45 minutos, llegó el 'momento jamón'. Salí lanzado hacia el jardín, donde había unas mesas instaladas en las que yo esperaba encontrar el preciado manjar. Observé: zumito, refrescos y, obviamente, vino tinto. Vale. Vamos a por algo sólido. Bandejas con pequeños bocadillos y cinco o seis tipos de canapés. Ni rastro del jamón. ¿Qué coño pasa? ¿Dónde está mi jamón? ¿Porque en el partido de cuartos y la semifinal hubo jamón y en la gran final no? Superado el desconcierto y la frustración inicial, decidí empezar a zampar canapés, eran las 15.30 y aún no había comido nada.
Con el estómago semi-vacío, afronté la segunda parte, animado y divertido por los comentarios de dos amigos sevillanos, unos cachondos. Al final, éxtasis en el Centro Cultural de España en Santiago de Chile y una imagen que no olvidaré. El jefe de policía de la Embajada -un Policía Nacional afincado en Chile que se ocupa de la seguridad del embajador- subió al escenario donde había la pantalla gigante, junto al embajador. Éste, pronunció unas palabras. Después, el jefe de policía, se desabrochó el cinturón, seguidamente los botones del pantalón y, ante el estupor del público presente, se bajó los pantalones y mostró unos calzoncillos -estilo boxer- con los colores de la bandera española. Asomando la cabeza encima la rojigualda, una trabajada panza cervezera que el sujeto ondeó con total deshinibición ante los eufóricos y atónitos -yo, por lo menos- asistentes. Espectacular. El broche de oro a una tarde de fútbol y a una gran actuación de los chicos de Luis, a los que pronostico un brillante futuro.



María dijo
Jajajajajaja... ¡Tremendo! ¡Menuda imagen! Jajajajajaja... Menos mal que al embajador no le dio por imitar a su policía porque si no ahí te veo en plan Full monty... Jejejejeje
Por cierto... En la web de efebecarios están recolectando blogs, deberías paserles el tuyo y avisar a los que tengas por ahí.
Un beso desde Montevideo
1 Julio 2008 | 03:29 AM