"La Jungla 4.0": McClane ha vuelto
Chef: Len Wiseman.
Indicaciones: Magnífica ensalada de explosiones, sangre y tiros. Ideal para todos aquellos que quieran ser duros y macarras y no sepan cómo.
Ingredientes: Thomas Gabriel (Timothy Oliphant) y su equipo de terroristas virtuales están a punto de sumir al país en lo que los piratas informáticos llaman "caos total". Solo una persona puede detenerlos...Yippi ka yei, hijos de puta. McClane ha vuelto.

Comentarios: Me declaro fan confeso de "La jungla de cristal", la filmografía de Bruce Willis en general y del personaje de John McClane en particular. Porque fue este policía de modales rudos, macarra y malhablado, el que cambió las reglas del juego en el cine de acción de los ochenta. En esta época, las pelis ultraviolentas de directores como George P. Cosmatos o Andrew Davies, ensalzaban las virtudes viriles y sobrehumanas de perfectos machos alfa. Schwarzeneger, Stallone, Seagal o Van Damme eran la punta de lanza de un ideal de sociedad que era un fiel reflejo de la agresiva y ultraconservadora política delpresidente Reagan. Hasta ese momento, los héroes eran intocables, poco menos que dioses. Hasta que en 1989, un grupo terrorista encabezado por Alan Rickman decidió tomar el Nakatomi Plaza. Allí entró en juego John McClane.La influencia decisiva del personaje en el cine de acción contemporáneo es indudable y supuso la ruptura conel carácter invulnerable del héroe de acción. En "La jungla" McClane las pasa putas. Recibe tantas leches como da, es capaz de conjugar sarcasmo y acción como nadie, y pocos polis de cine (amado Harry Callahan) han sabido ser tan políticamente incorrectos como él. Este viernes ha vuelto a las pantallas. Y ha vuelto para demostrarnos algo que ya sabíamos: Sigue siendo el puto amo.

He de reconocer que antes de entrar en el cine, y a pesar del magnífico trailer, no las llevaba todas conmigo. Esta semana, para ir abriendo boca ante el estreno, y como un auténtico yonqui de Willis, devoré en una sola tarde las tres partes de "La Jungla". Y me di cuenta de lo difícil que Len Wiseman lo tenía. "La jungla de Cristal" (John McTiernan, 1989), no solo puso en acción a McClane o lanzó al estrellato a su protagonista, sino que sentó las bases visuales y argumentales del cine de acción que conocemos y con el que crecimos y disfrutamos. Partiendo de argumentos universales ya conocidos, el brillante guión de Steven de Souza fue capaz de aunar a un tiempo acción, humor y aventura, dotando de personalidad propia e importancia capital al lugar donde se desarrollaba la acción (un rascacielos en la primera entrega, un aeropuerto en la segunda, toda una ciudad en la tercera). Y su modelo "ataque terrorista-secuestro-policía fuera de servicio" (que se encuentra en el lugar equivocado en el momento equivocado) fue repetido e imitado hasta desdibujarse y perder parte de la chispa original. Así, hemos visto secuestro de autobuses (en "Speed"), barcos (en "Speed 2" y "Alerta máxima"), trenes (en "Alerta Máxima 2"), aviones (en "Decisión Crítica" o "Air Force One") e incluso bases nucleares (como es el caso del videojuego de Hideo Kojima "Metal Gear Solid"). Y al ver y leer todo lo que podía ver y leer sin destripar la cuarta parte antes de verla, empecé a decepcionarme antes de entrar en el cine. No había espacios cerrados, el lugar donde se desarrollaba la acción no importaba y la figura de Len Wiseman y su currículum me desconcertaban. Eché de menos a McTiernan en el timón, a De Souza en el guión. Y el comienzo de la peli no ayudó a cambiar mi punto de vista.

Si en las dos primeras asistimos a los problemas matrimoniales de McClane y en la tercera era una mierda andante que tenía una resaca de tres pares de cojones, el conflicto emocional del personaje en esta cuarta entrega es una hija, Lucy McClane (Mary Elizabeth Winstead), que reniega de su padre. Con un par de secuencias intrascendentes en que McClane parece una sombra de lo que fue y una secuencia de acción con un tiroteo bastante convencional (este año hemos visto la que puede ser la mejor película de la historia del género, gracias Jason Bourne) , la entrada en juego de su partenaire en esta entrega, el joven pirata informático Matt Farrell (Justin Long), deja los primeros chistes memorables de ese poli perfectamente puteado que es McClane.Y tras este comienzo decepcionante e irregular, con una trama sin carisma, mal narrada, y un primer acto del guión de Mark Bomback no muy acertado y sin gancho, la peli comienza a crecer. Y McClane se viene arriba.

Con una magnífica fotografía de interiores de Simon Duggan y un potente score de ese genio que es Marco Beltrami (que no recurre a clásicos como ocurría en las tres anteriores), Len Wiseman dirige la película con tanta pericia como irregularidad y poca personalidad. Por eso, si las secuencias de acción con armas o vehículos que llenan la cinta (a excepción de las secuencias del túnel y el puente, ya la verán) son visualmente convencionales y no consiguen transmitir la tensión que se le presupone a una cinta de este género, las secuencias de acción física (las hostias, para que se me entienda) están correctamente filmadas, mejor montadas y con el perfecto anticlímax cómico que supone un McClane en estado de gracia. Me quedo con las peleas del protagonista con Maggie Q ("he conocido muchas putas en mis tiempos, pero tú te llevas la palma") y la presencia en el reparto de ese maestro de las artes marciales que es Ciryl Raffaelli en un rol de terrorista acróbata un tanto desaprovechado.

El principal riesgo de una cuarta entrega es la autoparodia,la repetición y el convertir la cinta en un intrascendente vehículo de lucimiento de su estrella y su personaje más emblemático. En "La Jungla 4.0" no hay autoparodia, hay homenajes sanos a las anteriores entregas y, qué carajo, yo pago para ver a John McClane repartir hostias a diestro y siniestro. Y para verlo puteado. Aquí los antagonistas del héroe tienen mucho que decir.
Tras unos villanos de las entregas anteriores que eran divertidos estereotipos e iban desde la fina ironía de los hermanos Groover (primera y tercera) a la mala leche de los mercenarios de la segunda, la cuarta parte necesitaba de un rival digno que pudiera plantarle cara a McClane. Y el equipo de ciberterroristas encabezado por Timothy Olifant, perfecto en su papel de genio destructivo, el mejor antagonista de toda la saga, representa a la perfección el papel de un mundo moderno, peligroso, que avanza sin mirar atrás y que amenaza con aplastar a dinosaurios del analógico como McClane. De lo mejor de esta entrega.

Una buena película de acción requiere de secundarios emblemáticos para subsistir con decencia y arropar al héroe en su misión. Y Mark Bomback ha sabido llenar su libreto de personajes divertidos y carismáticos que salpican el metraje de ironía y algunos de los momentos más brillantes de esta cuarta entrega de "La jungla". Del lado de los aliados del héroe, a destacar la labor de Mary Elizabeth Winstead en el papel de Lucy McClean (¡quiero un spin off ya!), el siempre correcto Cliff Curtis y un impagable, inconmensurable, magnífico Kevin Smith, en el papel de un pirata informático de alias Brujo que vive con sus padres, se prepara para el fin del mundo y es fanático de Star Wars.

Mucho peor parado sale Justin Long, el joven compañero de McClane en esta aventura. Con el antecedente más lejano de Reginald VelJohnson como el sargento Powell de "La jungla de cristal" y el más cercano de Samuel L. Jackson en la tercera entrega (Zeus te amo), Long se defiende como puede con un papel irregular que parece crecer por momentos para caer en lo insustancial después, y que finalmente logra una tímida redención que podría darle continuidad en la saga pero que no le permite siquiera rozar el carisma de los anteriores compañeros del héroe.
"La jungla 4.0" es una película para fanáticos de McClane. Si como digo, las secuencias de acción no son la octava maravilla del género, es en las distancias cortas y las conversaciones entre McClane y el malvado Gabriel donde podemos encontrar los mejores momentos de un filme que da risas sin tensión, un buen rato sin pretensiones y el encuentro con un viejo amigo cabrón que nos recuerda que sigue siendo el mejor. Bruce Willis es el Humprey Bogart contemporáneo (sí, jóder, pueden lincharme). Sólo él es capaz de encarnar con humanidad al perfecto antihéroe, al tipo cínico y amargado que no cree en políticas ni gobiernos y que solo hace lo que hace porque tiene que hacerlo y es su jodido trabajo.
En definitiva, una película menor en la saga que sin desmerecer al resto no alcanza el nivel de sus predecesoras, una cinta de argumento desaprovechado, secuencias de acción convencionales y todos los defectos del blockbuster veraniego menos exigente. ¿La diferencia? En ella está John McClane, un Bruce Willis soberbio que se come la pantalla y hace olvidarnos de todos los defectos de la trama.
Una buena película que deja una impresión extraña. Es divertida, entretenida, su ritmo es frenético yconsigue hacernos reír, sí...Pero da la sensación de que el material de base, bastante bueno, no ha sido aprovechado como debiera. ¿La culpa? Wiseman y Bomback, director y guionista, a partes iguales. ¿Qué hubiera sido de esta cinta si la hubiera dirigido McTiernan? ¿Y Doug Liman? ¿Se imaginan "La Jungla de Cristal" con Paul Greengrass a la batuta? Creo que la sombra de "El últimatum" sobre el género de acción va a ser muy larga...
No obstante, larga vida a John McClane. Y que cumpla muchos más.
Lo mejor: Bruce Willis, Mary Elizabeth Winstead y Kevin Smith. Los diálogos de Gabriel y McClane.
Lo peor: La falta de un espacio definido donde se desarrolle la acción, característica marca de la casa y clave de la saga, hace que el espíritu original de "La jungla" se desvirtúe y veamos a un personaje genial como McClane inmerso en una buena película de género, quizás algo simplona, que no pasará a la historia.
