Yo compro, tú compras, él compra
Odio hacer la compra semanal, como casi todos pero yo más. También odio comer verdura, pero como tengo que hacerlo, cojo la cuchara, cierro los ojos y palada va, palada viene y sin respirar porque así “sabe menos”. Pues con la compra igual. Llego, compro y marcho emulando a Julio César con sus tropas: “veni, vidi, vinci”
.
Empezamos. El imbécil que te quita el aparcamiento, la dichosa moneda para el carro que nunca llevas suelta, la selección del carro… Porque después de revisar cuidadosamente que mi carro no tenga catálogos tirados, bolsas, roña ni restos de puerro, resuelta que se tuerce al empujarlo. Y llevarlo “derecho” es una odisea.
.
Durante la compra no me estoy a tonterías. Nada de hacer la raíz cuadrada del precio dividida entre el peso multiplicado por “pi” Π más la suma de los puntos de la tarjeta Carrefour al cuadrado. Cojo las marcas de siempre de lo que necesito y bajo todos los santos al comprobar las subidas.
.
Circular por los pasillos es una aventura. No soporto a la gente que planta su carro en un lado del pasillo y en el otro su culo en pompa mientras coge algo de una estantería inferior. Y claro, no me dejan pasar.“Estimado bastardo, ¿sería tan amable de apartarse?” Eso cuando no estacionan indebidamente en doble o triple fila. Ahí directamente envisto el carro ajeno y miro mal a los que me rodean ante la posibilidad de que sean sus dueños en usufructo.
.
Cuando acabo de comprar y parece que todo termina viene lo peor… la cola de la caja. Confieso mi criterio de selección: busco que quien esté delante no sea un hombre solo porque los varones (y permitidme la generalización) se tiran dos horas para meter las cosas en bolsas y pagar y colapsan la cola. En este caso, un jueves a las 21 horas no hay problema porque no hay casi gente.
.
La modernidad, además de los matrimonios homosexuales, ha traído a la sociedad el cajero varón. Atrás quedaron las jóvenes que tecleaban números de códigos de barras. Ahora hombre o mujer de cualquier edad y físico puede atenderte. Eso está bien.
.
Veo una caja vacía y me gusta quien me va a atender, así que no dudo. Nuestra primera conversación:
.
- No saque las patatas, la leche y el agua del carro, que paso la pistola. - Como me pite la alarma, te mato. - Bueno, si pita tampoco pasa nada. - ¿Que se me quede mirando todo Carrefour te parece poco?
.
Sonríe y escáner en ristre, se esquila a la silla poniendo su cuerpo en 90º. La camisa blanca con su abierto escote cae por efecto de la gravedad y el peso de la chapa con su nombre dejándome ver un pecho precioso. “Con lo malo que ha hecho, ¿de dónde habrá sacado este moreno de piel tan bonito?” Y me pierdo buscando el ombligo.
.
Como me he quedado tonto, finalmente me sorprende mirando donde no debo… ¿O sí? Vuelve a sonreír. Tiene los dientes tan perfectos y blancos… Flirteo, flirtea…
.
- Son 38 con 41, por favor. ¿Tarjeta Carrefour?
.
Entrego la tarjeta Carrefour, la tarjeta de crédito, le enseño el DNI sin sacarlo de la billetera y justo encima hay una foto de mi canija. La mira y deja de sonreír.
.
Oo
!!!
- No, nooooo… ¡Esto es un terrible error! ¡Has malinterpretado la foto! ¡¡¡No es mi hija!!!
.
Pero la telepatía no funciona y mi mensaje mental se pierde.
.
Y en ese momento siento que sólo falta mi amiga para estirarme la camiseta arrugada por la espalda después de conducir… Había encontrado un nuevo amor pero tampoco me hará padre de sus hijos…
.








Fresito dijo
YA-te-va-le
asi no te casamos ni a la de 3
><
estrategias esas fotos se ponen detras
"siegque no me aprendes"
5 Julio 2008 | 05:33 PM