Casi cualquier otra medida de la eficacia se ha usado en la evaluación de efectos de los medios de comunicacion como dice María I e comentarios.
Los datos empíricos reciben particular relevancia en estudios empíricos anglosajones. En un principio el empirismo funcionalista casi sólo se proponía como una analítica, sin evaluación de los contenidos y las relaciones desde los medios.
Las magnitudes miden según se pregunte no es lo mismo tirada o número de programas emitidos que audiencia.
Incluso en los estudios de audiencia más cuantitativos se parte de criterios o libros de categorías escogidos y definidos por la investigación.
Entre las técnicas mixtas, se ha usado (y abusado) de la encuesta, en consulta a muestra suficiente con un tratamiento estadístico de las respuestas.
Los diseños de las investigaciones se ajustan según los interrogantes o hipótesis que se plantee conocer.
Otra de las bases técnicas, también analítica de los métodos funcionalistas ha sido el análisis de contenido, que comentamos con Berelson. Saber cuáles son los temas principales en un medio o en sus secciones ha evolucionado hasta formatos más complejos para establecer la prioridades temáticas o la agenda de cada medio. De acuerdo con el mismo paradigma funcionalista clásico era natural que la agenda de los medios se ofreciera como contraste con la agenda de los públicos, que luego ha evolucionado en distintas versiones de agendas ciudadanas.

El funcionalismo mas que ser bueno, como dice Sharon, va mejorando sus herramientas y sus conclusiones cada vez son mejor expresión de la recepción, aquel impacto casi perfecto que utópicamente se daba por supuesto como principio.
Cuanto más abiertas son las técnicas cualitativas empleadas: como encuestas abiertas, delphi o entrevistas en profundidad, mayor es el ejercicio de interpretación y de evaluación que exige a sus investigadores.

Creo que con estas orientaciones queda más claro la preferencia por determinadas técnicas investiadoras que enuncia y aclara Pablo P en el comentario que sigue