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Categoría: conceptos (temas)

Mario Kaplún rechaza que un medio de comunicación sea participativo por "modelo". La "flechita" de retorno, de feedback "de alguna manera" es un consuelo para una enclenque teoría y un placebo para gestores de grupos mediáticos. Ni los sondeos, ni la cartas, ni el público "en directo".

Una aproximación a la participación en los medios: "que algunos grupos representativos puedan realmente orientar el programa y gravitar en él"; "el programa sometido a crítica directa de los destinatario (Producción de programas de radio, Intiyan Ciespal, 2006, 3ª ed, 145-)

Como identifica Kaplún desde los primeros trabajos: los grupos puede sentir unas necesidades y desconocer o ignorar otras que para el observador también pueden serlo Sin paternalismo ni verticalismo el comunicador puede expresar esas necesidades no sentidas.

El segundo gran problema para la participación también es señalado por Kaplún desde hace años. El estado acomodaticio, fatalista o alienado coarta las intervenciones y deja en unas pocas voces la expresión de un grupo.

Pero en su momento, Kaplún optó por la radio, no porque quisiera seguir informando, educando y entreteniendo (como dice el funcionalismo). Se trataba de un canal que llegaba al 60% de América latina, cuando la prensa y la televisión, quedaban en 21 y 34 respectivamente (2006, 27).

En cuanto al caracter educativo, importante para medir la participación sigue a Juan Díaz Bordenave en educación de contenidos, educación de resultados y educación de procesos (decantándose por ésta última).

Entrevista a Muniz Sodré (Pesquisa FAPESP 2002 en castellano) tras su publicación de Antropológica do Espelho en la que explica su planteamiento indisciplinar de la comunicología, sobre las formas alternativas de ciencias sociales que la comunicación está despertando.
Señala la prioridad del campo comunicativo estudiado, antes de la aparición de la intervención de los medios de comunicación.
De hecho diferencia los medios como relacionales (fríos, abstractos...) frente a la comunicación que establece vínculos (corporales, afectivos...; aunque esto en Red es distinto). Frente a la sociabilidad relacional del Estado, los medios simulan vínculos, lazos cuasi-interpersonales, con todo el aparato y espectáculo de emociones que nos montan.
Afirma que la comunicación es un ciencia como lengua bien estructurada. En un sentido kantiano primigenio, como en los sensualistas del siglo XVIII. No como ciencia del control y de la exactitud. Es la variante que nos permite distinguir las diversas sociabilidades. Como Choza vuelve a la Ética a NIcómaco y al Filebo platónico para separar el modo del conocimiento, que es el bíos theoretikós , el de los placeres, que es el bíos apolaustikós, y la sociabilidad política, que bíos politikós (otros lo reconocen como demos) También habla del bíos de los negocios, del bíos mediático y del bios virtual.

El método es el trayecto en dirección a un objetivo, es un camino. Esto significa que todo y cualquier trabajo científico comporta una creación, un descubrimiento, sea cual fuere. La comunicación tiene aquella invención que C. S. Peirce llamaba abducción, el instante del descubrimiento, elinsight en las ciencias sociales.

(...)

El espejo refleja y al mismo tiempo encierra a la imagen en su superficie plana. No tiene profundidad de vida, y ese estar encerrado en una superficie plana es la condición del hombre que vive en elbios mediático. Es como Alicia en el país de los espejos. Es decir, si yo estoy en el espejo y estoy con una iluminación azul, soy el ciudadano azul del espejo. Ese azul, rojo o lila que los medios iluminan constituye propiamente elbios mediático. Elbios es una cualidad, una iluminación particular. Un lado de pura apariencia que permite un contagio y una refracción infinitos: una imagen remite a otra, que remite a otra, infinitamente, y hasta que yo las recibo ya estoy tan acostumbrado a ellas que yo mismo ya soy imagen.

De cualquier manera, los medios de comunicación reducen el discurso de lo real histórico a aquello que es posible dentro de la superficie del espejo. Y en esa reducción de la substancia a suimagen transcurre la transformación del mundo. Por eso Heidegger dice sobre la técnica: la modernidad es el mundo que se transformó en imagen. La mercadería es una imagen, no cualquier imagen, sino la imagen como la forma más perfecta y acabada de la mercadería, porque lo que seduce en ella no es su valor de uso, sino el valor de cambio social que adquirió y que es sígnico, es decir, una mercadería es tanto más seductora hoy cuanto más recibe una valoración desde la mirada de los otros, desde el mercado.

(...)

El origen es el mercado y el consumo, por lo tanto es el cambio en el universo de la producción. El modo de producción tradicional involucraba como ideología al trabajador, que produce directamente alguna cosa, y el modelo de ese trabajo surge de la fábrica, aunque se trate de un trabajador intelectual: doy tantas horas y mi trabajo puede medirse en horas o según mi rendimiento. Con la devaluación del trabajo fabril y su sustitución por especialistas en máquinas o en administración o gestión del conocimiento, pasamos cada vez más a operar con signos, con imágenes de las cosas, y muchas veces, el trabajo en una gran empresa es la imagen, es aquel tipo que no sabe hacer nada, pero circula, gestiona, administra relaciones. La relación en sí misma pasó a ser un valor. La imagen pasó a administrar, a invadir, a colonizar lo social. Pero se puede objetar: ¿pero no fue siempre así? Sí, fue siempre así, pero psíquicamente, internamente, a nivel individual. El problema es que esto ha salidodel individuo y se realiza a través de los medios. Por lo tanto, las imágenes se sustancializan sin que se pueda tocarlas, éstas solicitan únicamente la potencia de la mirada.

(...)

-El poder de ver se traslada, se democratiza, ya no se trata de verse magnificado en los espejos de la gran casa burguesa, en los retratos, en las avenidas con las cuales se racionalizaron las ciudades. Estas estrategias oculares clásicas se trasladaron a las máquinas de visión, la mirada de las subjetividades dominantes o dominadas se trasladó a los objetos técnicos, como los de la medicina o los de la diversión. Tenemos entonces un paisaje en el cual lo interobjetivo es más fuerte que lo intersubjetivo. El individuo es un elemento humano en una cadena de objetos técnicos en el sistema.

El portero que controla el garaje es un elemento en una cadena técnica. Y esto transforma profundamente las relaciones en la sociedad. Con relación a los medios de comunicación, las máquinas de visión ensanchan el espacio público. El acto político público, que era para algunos miles, llega ahora a millones. Pero, por otro lado, la ampliación tecnológica reduce la promesa de libre actuación social. La representación se autonomiza. El poder ya no está en donde creemos que está, se trasladó a la esfera técnica. Los medios traen aparejados la muerte de la política y de la democracia representativa clásicas, entramos a la democracia plebiscitaria.

(...) Considero extraño el carácter sombrío de su diagnóstico, ante la sensación sutil que su libro transite de que existen salidas.
-Yo coincido con la perspectiva del Milton Santos, que era la misma de Michel Serres, en el sentido de que la producción continua de escasez, de precariedad en las condiciones reales del mundo, genera un saber. Ese saber es aquello que denomino experiencia -lo constituyente, la fuente de cualquier acción. Y el Estado, o aprende con la plebe o desaparece.

Otras ideas en el pdf de Diversidade e Diferença (brasileiro, 12 pgs, revista científica de información y comunicación, 2, 2006. sevilla, ISSN: 1696-2508 _ [5])

Enlaces a buenas fuentes de ayer y de hoy

HERRERA, Susana (2006), Internet y las nuevas formas de participación de los oyentes, Comunicação e Sociedade, vol. 9-10, 2006, pp. 83-90

HERRERA, Susana (2004), La radio como medio para la participación, Pulso del periodismo, Julho 2004

Los orígenes de la idea de radio tienen que ver con la simplificación de la comunicación como comunicación de masas. Desde historias de la comunicación se percibe mejor el peso del contexto cultural en sus definiciones más clásicas.

Por ejemplo, la idea que tiene Cebrián Herreros del poder y de la capacidad de significación social de la radio se puede rastrear desde el artículo en Comunicación y Estudios Universitarios, 1996; (6) 97-115 issn 1132127X titulado La radio en la configuración de la cultura de masas hasta 1936.
Según el abstract en compludoc: la oferta radiofónica española más antigua se dirige a todos, contenidos tanto populares como elitistas, incidiendo en el sentido periodístico de la actualidad desde estereotipos asimilables a la cultura de masas.

El actual impacto de la transformación digital e hipermedial de la radio destruye los elementos básicos de las definiciones originarias. Con una débil reflexión teórica el mundo de la radio se enfrenta a una competencia indiferenciada con el resto de medios de comunicación que han aterrizado en Internet. Todo los más algunos apuntes como el monográfico del CAC de 2004 (html, pdf) incentivando nuevas modalidades de producción radiofónica como la que demanda en ese número Pilar Martínez Costa:

Fundamentalmente esta nueva radio desarrollará nuevos formatos especializados con una gran sinergia e interactividad de contenidos y servicios entre los diferentes soportes digitales. De lo contrario ocurrirá lo que ya presagió Bertolt Brech en su Teoría de la radio en 1932, que teniendo todos los canales disponibles, no tengamos nada que contar: "[la radio] tiene la posibilidad de decirlo todo a todos, pero, bien mirado, [hay que tener] algo que decir". O aún peor, que lo que la radio cuente, no interese a los oyentes de la era digital (Martínez Costa 2004:11).

Alguna explicación de tanta reflexión sobre teorías "periféricas" de la comunicación.
Tuve una dirección de tesis que me llevó a teoría del protocolo, ahora estamos acabando unos estudios sobre la radio en el entorno de las tecnologías móviles.
Aunque no estuvieran esas investigaciones, me interesan los puntos de vista que puedan renovar o clausurar la tradiciones con las que afirmamos explicar la situación actual de la comunicación.

Muchos de los textos que encuentro describen la radio como medio, casi exclusivamente como instrumento.
Me gustó el capítulo 4 Meanings de Radio in the Global Age en el que David Hendy (2000: 148-193) la trata como acción comunicativa, como texto: habla o música y su relación con la modernidad.
El tono del capítulo es hermenéutico: ¿qué sentidos imprime la radio en lo que transmite?

  1. sentidos comunicados por la radio
  2. textos específicos de la radio
  3. carácter moderno de este medio

Otros textos y temas del autor
David Hendy (2008) Life on Air: A history of Radio Four (2008)
BBC Radio Four

Categorías de la modernidad como espacio, tiempo y competencia llevan a Hendy a plantearse la modernidad de la radio como medio de comunicación de masas. (tercera entrada sobre fragmentos de Hendy 2000)

Hablando de la radio en general se entiende como un medio temporalizado. Recibe una coherencia prestada de unos momentos de escucha determinados. Se ve la radio como la televisión: en flujos más o menos continuados de "estoy viendo la tele" (Williams 1974, Fiske 1978: 166-167, Goffman 1980: 162-165). Hasta los sistemas actuales para saltar de canal Hendy encuentra una escucha más fidelizada de un programa a otro de radio, más que el zapping entre canales en la recepción televisiva. Entre los autores de estudios culturales está más extendida la idea de que la radio no sólo sigue los ritmos vitales, sociales sino que también los amolda y los crea.

Otra condición para la recepción radiofónica es aceptar su construcción del lugar. Se socializa un espacio público sonoro, si muchas similitudes icónicas (sonoro-representativas) pero similar a los fondos sonoros del deporte, de la información.... en programas audiovisuales. La diferencia se encuentra en una mayor localización de los espacios radiofónicos. Este interiorismo radiofónico reviste los espacioes profesionales y domésticos.

El sentido moderno de poder, lo reduce Hendy a capacidad, potencia del medio radio. Lo resume en los modelos institucional y empresarial: el público, que no lo ve como pro-gubernamental, lo trata como paternalista, de servicio público o informativo y el modelo que no tiene nada que decir sino hacer dinero, que llama modelo populista, comercial o de entretenimiento (Tolston 1991).
Quizá pese aquí la formación historiográfica del autor, que no se ocupa en este capítulo 4 de la competencia del oyento y lo deja para la visión cultural general.

Texto hablado
En una situación semiótica como la de Crisell 1994 (entrada anterior), incluso el texto musical de la radio se explica por la selección y distribución de las intervenciones habladas, por la situación de los identificadores, de las presentaciones o incluso de los mismos anuncios que acompañan. Es general que se considere el código hablado como el código base o primario de la radio.
Comparada con la conversación ordinaria, la radio carece del paratexto de gestos y factores no verbales que determinan el diálogo cara a cara, cercano, interpersonal. Se mantienen aspectos informales del habla por los momentos y lugares en que se recibe la radio, pero se trata de textos construidos para ser entendido sólo con lo que se oye. Código perfectamente aceptados para la lectura bibliográfica o de diarios impresos son inadecuados para la difusión radiofónica a muchos. Incluso la aparente informalidad e improvisación de locutores/as, o los aparentes diálogos con públicos, deben someterse al flujo continuo, condicionado por el ritmo, por el tiempo, para sostener el discurso radiofónico (Scannell 1991, 1994). Simula co-presencia con el/la oyente para reducir la separación real.

En los distintos análisis y ejemplos que recorre Hendy se destaca lo producido y lo institucional de ese habla aparentemente informal, interpersonal. Es conducción de la recepción hacia la línea narrativa que secuencia un programa. Aunque parezcan intervenciones de gente de la calle, en el aire se recomponen para recibir una forma consensuada, políticamente correcta, o cuando menos, no muy distante de líneas ideológicas dominantes.

Texto musical
Frente a este tipo de explicaciones, Hendy recoge de Wall (1999) la primacía en la radio de los códigos musicales. Como también dicen Shingler y Wiering (1986), la música es la presencia de la industria musical en la radio, pero además el instrumento para segmentar y separar audiencias o recuperarse de bajadas en las encuestas. Esto relaciona la marca de las cadenas con la revisión de los estilos musicales que seleccionan en unos periodos u otros.

Often at a concert we have to look away from the performers or, better still, close our eyes to really hear the music. One of the advantages of radio is that it closes our eyes for us, focusing our attention on the product rather than the process of musical performance. Radio renders music more important than the performers and, consequently enhances its elemental power (1986:62 in Hendy 2000:169).

Independientemente de nuestro tipo de escucha, quizá más atento a la interpretación que lo que estas líneas sugieren, en efecto, la música puede ser un telón de fondo, una atmósfera de nuestra jornada diaria, "without making strenuous efforts to imagine whats is being referred to, but assimilate it, if we wish, to our own thoughts and moods" (Crisell 1994:49).

Como otros precursores de nuestro tiempo, Barthes (1977) distingue la escucha musical, "la buena", de la escucha radiofónica, aunque en ocasiones pueda descubrir valores musicales o acercar preferencias populares, pero en general se rige por criterios tecnológicos y masivos y en su opinión la deprecia. Podemos ser aún más concretos con Garner (1990) cuando dice que no se programa la música por atributos o públicos, sino por "the clock on the studio wall": por los ritmos de nuestra jornada yendo, en, o volviendo del trabajo o en los momentos caseros de recuperarse de aquellos. Otros autores (Glenn Gould, Page 1990) destacan en la radio la textura sobre el tempo, llegando a interpretar la cadencia y la sonoridad de los programas o los momentos hablados en clave de música, atmósfera, acompañamiento.

viene de y sigue en los textos de la radio (habla y música)
Siguiendo estudios de la radio hablada en Australia (Hiiggins y Moss 1982,1984) se puede afirmar que incluso las llamadas a programas están condicionadas por ellos. Algo muy en línea con la visión escapista, romántica e idealista de la radio (Barnard 1989:154; Hennion&Meadel 1986; Negus 1993). Los dj's hacen de románticos salvadores de la soledad y el aburrimiento.
Desde la fenomenología política criticista, Jody Berland (1993: 211) se muestra aún más ácida con estas asunciones en su estudio de la radio canadiense:

The absence fo any spontaneous or innovative event, or any specific (vs.abstract) intimacy, contributes ultimately precisely to depression, which after all is merely a sideways description of powerlessness, of being prevented in various ways from achieving anything spontaneous or innovative, of having or living a new idea. (en Hendy 2000:150)

Según estas contundentes carencias de valor, el producto global radio es alienante y punto.

Frente a sentidos tan marcados en el producto radio, y tan poco transformados por sus receptores, Scannell (1991, 1996) encuentra que los oyentes nos conformamos con lo que buscamos: voces distintas, diferencias,.. un indudable sentir social. Oímos gente (como la que vemos en televisión) y no masas (el people word de Giddens) tras cada uno de los elementos del producto radiofónico recibido. La prioridad significativa queda en esta opinión del lado de la producción y de su intencionalidad comunicativa.

All programmes have an audience-oriented communicative intentionality wich is embodied in the organization of their setting (context) down to the smallest detail: there is nothing in the discourses of radio and television that is not motivated, that is not intended to generate inferences about was is being said... All broadcast output is, knowingly, wittingly public (Paddy Scannel 1991:10-11) in Hendy 2000: 151).

En cierto modo una necesidad, para que en el momento que conectes te sitúes sobre el programa (Scannell 1996:177).

Hendy encuentra más allá de la fenomenología política y de la fenomenología funcional, en la semiótica, una tercera aproximación al sentido de la radio. El producto radiofónico (Crisell 1994: 47-51) se puede identificar con Peirce como icono (quizá en la narrativización de algunas realidades), como indicio (de un acontecimiento, de una línea editorial, de una dirección, de una expectativa cumplida del oyente) o incluso como símbolo (de una comunidad, de un mundo artificial). Para Scandell estas claves interpretativas ensalzan la dimensión expresiva, sólo un componente de la comunicación radiofónica. Ampliando estas teorías podemos ver los usos de los productos informativos (desplazando la fenomenología a los usos y gratificaciones9 o abriendo la semiótica francesa inicial a los códigos de los receptores en las propuestas correctores de Eco a su primera semiótica.

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