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<title>inmaterial</title>
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<description>¡pobre loco! ¡no sabe alimentarse de cosas terrenas! la angustia que le devora le empuja hacia los espacios y conoce a medias su demencia
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<language>es-es</language>
<dc:subject>Cultura</dc:subject>

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<title>Perro muerto en la tintorería: Los fuertes</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/11/22/perro-muerto-la-tintoreraaa-fuertes</link>
<pubDate>2007-11-22T17:23:33+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">proscenio</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><em>Rabia y teatro</em>.<br />
<strong><br />
Angélica Liddell</strong> viene precedida por una trayectoria cuando menos convulsa, impactante. Que menos que darse uno la ocasión de verla, esta se ha presentado de la mano del <strong>CDN</strong>. <strong>Perro muerto en tintorería: Los fuertes</strong>, en cartel actualmente y, <strong>El año de Ricardo</strong>, próximamente, estas son las dos obras que esta temporada ha programado la institución.</p>
<p>El resultado no puede ser más <em>mezquino</em>, ella, moralizante, personalísima, irreverente... incomprensible, antepone su rabia a lo teatral. Una trama, en fin, apocalíptica mínimamente hilvanada, interrumpida y rota, sin forma. Tres horas, en suma, perdidas, irrecuperables.</p>
<p>Cuestiona, sí, el papel del actor, el "<em>puto</em>" actor; la relación entre arte y poder; al público, "<em>los tibios</em>"; el límite entre la verdad y la escena, en muchos casos agrede, con qué fin, comunicar, mostrar, hacer entender; está bien, pero, lo hace para-sí, no tanto para el público (al que le guste o no se debe, sino, tiene la calle), y lo hace de manera panfletaria, con maneras sectarias, esquizofrénicas, demagógicas. Se desnuda, sí, muere en el escenario, es cierto. Pone en entredicho el teatro como entretenimiento, el teatro como verdad, como exaltación de la vida, de la justicia, el teatro como denuncia, -malsana-, adoctrina; y sí, <strong>me ha hecho sentir mal</strong>, uno, porque en parte puedo compartir el parecer de la autora, dos, por no haberme levantado e ido, me di sin embargo el gusto de no aplaudir. Me quedan dos cosas de Perro muerto, asco y una confesión, un fragmento de su diario personal en el que referencia un fragmento del <em>Apocalipsis</em>, que a su vez Kierkegaard hizo leer en su entierro y que forma parte de una especie de manifiesto al que aferrarse:</p>
<blockquote><p>Conozco tus obras, que no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Así, porque eres tibio y no eres ni caliente ni frío voy a vomitarte de mi boca.</p></blockquote>
<p>A la pregunta de Liddell respondo: <em>Sí, este hijo de puta tiene ganas de matarte</em>... Que digo matarte, te morirás, y lo harás de pena... como todos nosotros, los "<em>tibios</em>".</p>
<p>Verdad. Sí. La busco. No a una persona trastornada que vomita su mierda sobre mí. Por favor, tu pena y tu mierda te las puedes guardar.</p>
]]></content:encoded>
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<title>La conquista del aire, de Belén Gopegi</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/10/17/la-conquista-del-aire-belaon-gopegi</link>
<pubDate>2007-10-17T12:36:12+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">atril</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Apenas media lectura de “<strong>La conquista del aire</strong>” y son dos libros los que encuentro. Uno, capítulo I, que no puedo evitar calificar como "<em>de militancia</em>", donde las razones, carácter, de los personajes se diluyen para dar mayor relieve al narrador. Papel que Gopegi subraya en el prólogo; la intencionalidad, participación, del narrador en la búsqueda de la "<em>verdad</em>". El protagonismo del que narra mantiene en un segundo plano la historia, los personajes, lo que no deja de chocarme dado que, como militante, todo se plantea en términos de bueno y malo. Se limita así la realidad de los personajes, dejan de serlo de carne y hueso para no ser más que pretextos, argumentos, para alcanzar un fin. Gopegi escribe sin duda lo que le viene en gana, no porque yo lo diga, sino por autonomía, por convicción, pero a mi modo de ver, pierde en intensidad, cuando el resultado ideológico, creo, sería el mismo con un narrador, digamos, más neutro. Es ese el segundo libro, el que leo a continuación, donde Gopegi retira del primer plano al narrador y deja hacer, a su merced, a unos personajes con los que uno podría confundirse en el espejo, codearse en la calle, con más artificio, más pereza, más decaimiento, más complacencia en sus vidas que verdad, ahora sí, "<em>verdad</em>".</p>
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<title>Gesto íntimo</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/10/15/gesto-aantimo</link>
<pubDate>2007-10-15T16:57:00+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">escrito</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>No reparé en el porqué sino hasta que hubo finalizado la representación. Algo en su complexión llamó mi atención en el vestíbulo, no sabría explicar qué, tampoco había diferencia alguna con tantas otras personas, desconocidas, que allí nos encontrábamos, ningún motivo especial. Permanecía de pie, el brazo izquierdo en ángulo recto soportando el derecho, que descansaba sobre la palma y se cruzaba sobre el torso. El gesto de medio lado, atento, despierto, los ojos abiertos en un vaivén que evita miradas directas. Cargaba el peso del cuerpo sobre la pierna izquierda, un poco más atrasada que la derecha. Estaba acompañada, ella, más joven, ojeaba un programa que desgranaba brevemente, a saltos, más para sí, pensando en alto, diría. </p>
<p>El exterior del teatro, la fachada, no permitía adivinar el espacio interior; amplio, ambiguo. Uno no sabía muy bien si se encontraba en la recepción de un hotel, en una estación de ferrocarril o en la sala de espera de un ministerio. El murmullo reinante, siempre distinto, anticipa lo que será la representación. El carácter del público queda impreso en el rumor, conversaciones informes, guturales de unos asistentes fríos, en ocasiones, propensos al aplauso, otras, despreocupados, etc.</p>
<p>Al contrario que tantas otras veces no prestaba tanto atención a lo que había de suceder a continuación sino a lo que había alrededor. Normalmente he leído alguna crítica, sino la obra, y me aventuro a predecir lo que podremos encontrar. Estaba fuera, mi disposición no era la mejor, aunque bien mirado serían un par de horas que podría permanecer distraído.</p>
<p>El desfile en el patio de butacas normalmente me irrita, rompe mi atención y no me permite concentrarme como quisiera. Entonces, sin embargo, era una distracción, dos mujeres mayores que necesitan que me levante para acceder a las butacas contiguas y a las que vengo oyendo desde la entrada. Una pareja, él, aburrido, ella lee la sinopsis, ninguno de los dos presta mucha atención al otro. Un chaval que hace algunas anotaciones como si del salón de su casa se tratara. Un último timbre de un teléfono que se apaga y... Ella. Está delante de mí, con las entradas en la mano, buscando el número de los asientos en los que se han de sentar. Su acompañante, más joven, le cede el asiento con mejor visibilidad, rehúsa... Accede finalmente. Se apagan las luces. Tiene comienzo la representación.</p>
<p>Pasan los minutos, el diálogo. Es texto, sólo texto, sin emoción alguna, plano. El asiento me resulta incómodo. Reparo en el fondo del escenario, veo los focos, los engranajes, el artificio que hace posible la representación. Estoy a los rumores, alguno; las toses, el papel de los caramelos. Cierto aspaviento, a mi pesar, es apreciable por mi compañera que me recrimina livianamente. </p>
<p>El marco de las butacas delimita una mínima abertura por la que, con cierta privacidad, observar a los espectadores colindantes. Lo inusual de la sala, en U, me permite ver, arropado en la sombra, las expresiones, las reacciones. El contraste de claroscuro, las butacas, los rostros, sobre los que recae apenas tenue la luz dibujan el perfil nocturno de una ciudad por conocer.</p>
<p>Ella, la mano, la mujer del vestíbulo, está en la diagonal. Su mano derecha bajo la clavícula izquierda dibuja círculos con el dedo corazón. Su pose, vista al trasluz cobra una intimidad singular; la atención, lo distraído del gesto, de los que me hace partícipe me aturden, me abstraen. Sigo sin saber por qué.</p>
<p>La vista, la que debiera mantener en la representación, está en sus manos, está en la línea del escote, en el recorrido de la mano. </p>
<p>No, no la conozco. Observarla en la oscuridad me hace sentir un intruso. El gesto, delator, es el ojo de la cerradura de una puerta maciza e infranqueable por el que conocer la verdad. Los dedos a un tiempo tapan, a un tiempo descubren, un punto en su piel, sobre el pecho, bajo la clavícula.</p>
<p>¡Vergüenza! Pudor. Me sorprendo al descubrir en el recorrido de la mano. Es un coqueteo entre lo público y lo íntimo, una mano pura que corta el aire toma lo preciso y vuelve a su ser. Es un gesto caprichoso e indiferente el de la mano. Es atractiva en lo superficial, hermosa, es bajo esta luz que cobran sentido la expresión, los ojos huidizos, la musculatura tensa de los hombros, una postura un tanto forzada. No hubiera reparado de otra manera. En verdad, resulta atractiva; cierta indefensión, determinación y desnudez en sus maneras. Quién hubiera podido permanecer tan atento; quién, tan próximo; quién hubiera reparado más allá de sus rasgos, de sus andares, de su habla... Quién podría conocer la verdad íntima. Ella; dueña, soberana, sirvienta, esclava de un único imperio.</p>
<p>Quién conoce a nadie, me pregunto. Uno; momentos antes de dormir, al cerrar los ojos, indefenso ante sí mismo, el tiempo, poco, hasta que cae dormido.</p>
<p>El rubor al interferir en la intimidad ajena es tal que evito mirar, lo que no impide que venga a mi la imagen de sus manos, sus dedos entorno al escote. Dibuja un círculo. Reiteradamente. Siempre en el mismo punto. Las yemas de los dedos hacen el mismo recorrido, el de el margen de una herida, una verruga, una que aglutina toda la vergüenza, un mal. Mal, con el que todos convivimos y que guardamos sólo para nosotros, sepultado sobre decenas de metros, de epidermis, de polvo, de impulsos nerviosos.</p>
<p>Es ella, la que siempre ha sido, la que no quería ver. Froto mis manos sobre la pernera del pantalón procurando un mecanismo que me traiga de vuelta, un hormigueo, el tacto. Me agarra un inmenso azoramiento, una compasión sin límite; por ella, por nosotros, por mí. Confundido, quién habría de verme; quién, conocerme... ¡Aplausos! </p>
<p>Vuelve la luz, que irrita los ojos momentáneamente, y con ella una cálida impostura, cierto alborozo. Como el niño inocente que ha visto al padre joder a su madre busco sus ojos, la verruga, queriendo a un tiempo mirar, a un tiempo ser observado.</p>
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http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/10/15/gesto-aantimo#comentarios
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<title>Carta de una desconocida</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/10/05/carta-una-desconocida</link>
<pubDate>2007-10-05T15:22:11+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">escrito</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Se le cayó de entre las manos. Me separaban de ella unos tres metros de distancia. Levanté la voz para llamar su atención, traté de recogerlo pero fue suficiente agacharme, cogerlo y levantar la cabeza para perderla de vista. Tampoco hubiera podido reconocerla de haber coincidido con ella, la vi entre los viandantes. Llevaba un abrigo marrón, pelo largo, castaño, suelto. </p>
<p>Ligeramente desbaratado detengo la marcha y observo el sobre que con apenas atención había recogido del suelo. Manteniéndolo en vilo lo giro sobre su eje para observar una y otra cara, pero no hay nada escrito, el sobre está abierto, mordido, roto tras meter el dedo por una hendidura. En su interior hay una fotografía y unas hojas dobladas, al menos eso es lo que puede verse a simple vista. Sin pensarlo mucho llevo la mano al bolsillo interior de la chaqueta y lo guardo.</p>
<p>Qué tiempo no habrá pasado. Que el sol calienta un poco más cada día y viene arañando unos minutos a la noche cada día. El sobre en lo profundo de un bolsillo, como el paquete de chicles, como el pañuelo, ha quedado olvidado en uno de los armarios de invierno. </p>
<p>Meses más tarde.<br />
-Este chaquetón deberías tirarlo, tienes que renovarte- ella, en ropa interior, cepillando el traje de chaqueta que se ha de poner. Están frente al armario de la habitación principal.</p>
<p>-Cuál. Le tengo cariño, y sí, tiene, mucho tiempo, pero precisamente por eso no puedo desprenderme de el- él. –Además, yo lo veo bien- entre tanto se sube la cremallera del pantalón, se mete la camisa por dentro mientras echa una mirada distraída al espejo interior de una de las puertas.</p>
<p>Entre una de tantas chaquetas, trajes, camisas y pantalones el sobre mantiene su existencia irreal, al margen de la conciencia y del tiempo.</p>
<p>Ella y él se han despedido en el portal con un beso que sabe a madrugada fría, a dejar el calor de las sábanas, el cuerpo del otro. Ella en una dirección y él en otra. El camino que hace, más o menos el mismo, calle arriba por las mañanas, calle abajo por las tardes, lo recorre anticipando el que será un día más de trabajo, un día menos según se mire. Sólo algún día varía el itinerario y es por fuerza mayor, no quiere sino llegar lo antes posible a la oficina. No sabe que esa noche, cuando vuelva, ella le necesitará.</p>
<p>Ese mismo día unas horas más tarde. La puerta de casa se abre, entra ella mientras habla por teléfono. Su tono es fuerte, bronco.</p>
<p>-Cómo, ha podido hacerme esto después del tiempo que llevo trabajando para él, catorce años... – escucha.- Catorce, sí... Hijo de la gran puta. El muy cabrón me ha invitado a tomar un pincho a media mañana para decírmelo y que no le montara el pollo.</p>
<p>-Sí, sí.</p>
<p>-Se lo diré, sí...- escucha. Ha dejado el bolso en el mueble de cajones que hay a la entrada junto al perchero, cuelga la chaqueta del traje y se dirige al salón retira la cortina y se apoya en contra el marco de la ventana para, desde allí, observar la calle.</p>
<p>-No, no te preocupes...<br />
-Sí, ya estoy más serena. Gracias, eh.<br />
-Bueno, ahora te dejo que quiero darme una ducha caliente y sentar un poco las ideas.</p>
<p>Sin mucho aspaviento, se dirige a la habitación. Se desviste, se ha sentado en la cama para desanudarse los zapatos. Le tranquiliza observar el orden del armario, de chaquetas, camisas y pantalones arriba, cajones abajo, el zapatero a la derecha, la temperatura, los colores. La ropa así dispuesta diluye la presencia de la persona, parece algo impropio, ajeno, son las prendas, una por una las que tienen ese poder evocador, coge una chaqueta de él, la cierra sobre si, cogiendo las solapas. Qué hay en el bolsillo.</p>
<p>Dentro hay una carta escrita de puño y letra y una fotografía en blanco y negro, una imagen desencuadrada, tomada muy cerca de la cara de una mujer, parte del mentón, los labios y la nariz es lo único que se puede apreciar. La foto ha sido tomada desde el ángulo en que sólo una persona muy cercana puede haber llegado. Los labios sonríen mostrando los dientes ligeramente, sin contención.</p>
<p>«<EM>Hola,<br />
Soy esa persona que no encuentra las palabras adecuadas cuando la tienes delante, muchas veces torpe, muchas ingenua; la que encuentra extrañas o ajenas tantas cosas familiares y cotidianas; la que sabe de cosas etéreas y lejanas, ilusorias, es por eso que sólo sé compartir lo que tengo, ilusiones, lo que soy; la que está abocada a un paso incierto; la que tubo de refugiarse en mínimas certidumbres, palpables, cercanas. Una caricia. Un rayo de sol que, se abre paso entre las nubes, para venir sobre la piel. Una conversación. Un sabor que la lengua paladea e inunda al cuerpo. Una sintonía, un compás que es mi cuerpo.<br />
La que fue olvidada y enterrada en el tiempo, que a mi y a tantos nos ha dejado atrás, nunca lo pensé. La que hubo dedejarse ir y me trajo, ahora, hasta ti. Un beso</EM>»</p>
<p>Cae la tarde. La puerta se abre y la saca del mutismo en que había quedado. Es él. Ella se dirige a la puerta y sin mediar palabra le echa los brazos al cuello. Se aferra, le estrecha entre sus brazos, y permanece así, sin hacer nada, sólo lo abraza. </p>
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http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/10/05/carta-una-desconocida#comentarios
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<title>Play Strindberg, de Dürrenmatt</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/10/03/play-strindberg-durrenmatt</link>
<pubDate>2007-10-03T09:39:18+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">proscenio</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Nunca pensé que pudiera presentarse una circunstancia como esta, ¡una colaboración! <STRONG>Ícaro</STRONG> nos envía la crónica de <STRONG>Play Strindberg </STRONG>en el <A id=link_0 title=http://www.teatroabadia.com href="http://www.teatroabadia.com/">Teatro Abadía</A>, que a pesar de no haber visto (precisamente por eso), y por el tono que no creo hubiera podido aplicar, quiero compartir: </p>
<p>“<EM>Tostón, qué es un tostón</EM>. Un tostón es la representación del Teatro Abadía, Play Strindberg.</p>
<p>Me siento mal, parece que esté cometiendo perjurio. No es posible que en una misma frase se vean involucrados José Luis Gómez y su(mi) Abadía y el calificativo Tostón, pero de verás la cáustica del texto no es suficiente como para mantener una representación que dura cerca de una hora y media y que en el original son cerca de cuatro horas. Buena muestra es la sucesión de asaltos finales en los que uno llega a pensar que realmente tienen prisa por terminar. </p>
<p>Sí, queda claro. El matrimonio, infeliz matrimonio, se odia. Queda claro, pero y después, qué hay después de la convivencia insana y enferma. Está bien, hay mucho de dominación, el único gesto cariñosa de ella, Alice, para con él, Edgar, es el momento en que él se encuentra impedido, inválido; de lo que creen que fueron y de lo que hubieran sido, cargando las culpas al otro a la vista de lo que hay; y un único punto en común, una leve tregua, hábito del que Alice participa y al que el militar aspira. </p>
<p>El arranque de la obra resulta tan realista que creía estar viendo a mis abuelos, que en paz descansen. Conversaciones, que digo conversaciones, entradas, lances, frases huecas que, en efecto, muestran que no hay nada que decir después de 25 años, que el único disfrute que queda es llevar la contraria al otro, eso y matarlo de hambre, “porque yo soy más fuerte que tú”; compartir las miserias. Este hecho solo se verá interrumpido por las ausencias de Edgar, el de las canillas enfundadas en botas de montar, y la aparición del primo de Alice, Kurt, contrapunto ilusorio del hombre viajado, cuál será nuestra sorpresa.</p>
<p>Y dicen que esta fue la producción más aclamada de la temporada anterior. Qué podía esperar en tal caso sino tocar el cielo. Es verdad, quizá quiero ver otra energía en el escenario, otro asunto y no a mis ancianos abuelos, gran ejercicio actoral... Gran teatro, sí, del que no me alcanza, del que no me toca.</p>
<p>Por cierto, me pone muy nervioso que finjan repartir una baraja de cartas o comer una pata de cordero. Que se firme un cheque imaginario con un bolígrafo, uno de verdad, lo siento, estamos en un sitio o no lo estamos pero no estamos en ambos a un tiempo.</p>
<p>Sí, hubiera querido ver al Dürrenmatt del “<EM>Proceso por la sombra de un burro</EM>”, pero no, no era el día, ni el lugar... Ni la obra. Sí, la culpa es mía. Lo siento Sra.Espert, Sr. Bosch, Sr.Gómez. Mis respetos.<br />
Afectuosamente.<br />
Ícaro.<br />
--<br />
<A href="http://www.lacoctelera.com/elhombredeteatro">http://www.lacoctelera.com/elhombredeteatro</A> ”</p>
]]></content:encoded>
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http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/10/03/play-strindberg-durrenmatt#comentarios
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<title>Tocan a muerto</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/10/02/penado</link>
<pubDate>2007-10-02T12:53:09+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">escrito</category>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">proscenio</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><EM>Escena primera</EM><br />
Un hombre se lanza contra otro, forcejean violentamente, el primero, el agresor tras vencerse, es golpeado violentamente, su defensa es débil, más verbal que formal. El estrépito atrae a dos hombres que sin mediar palabra lo inmovilizan y golpean brutalmente, uno de ellos, preso, como él, sobre la boca del estómago, certero y mortal, lo arruga, lo dobla. Cae. Los vigilantes, que no han participado, y los agresores se retiran parsimoniosamente. </p>
<p><EM>Escena segunda</EM><br />
Desciende la luz, se mantiene lo suficiente como para que podamos verle levantar. Se vuelve hacia nosotros, magullado y ensangrentado. Dice así:</p>
<p>“Me ha roto, ha acabado... Ninguno de ustedes sabe los motivos por los que lo he hecho, ninguno de ustedes puede ponerse en mi lugar o saber cómo he llegado a este punto.</p>
<p>Fui condenado. A muerte. Tuve un juicio justo, mi abogado, gente de principios, un juez, el fiscal y un jurado, me encontraron culpable. Probablemente lo sea, sí. Yo en su lugar hubiera hecho lo mismo, las pruebas presentadas no dejaban lugar a dudas, la maté, y lo hice de forma abominable, alevosa (palabras estas que aprendí en el juicio), vil, ruin, ¡enferma…? No, no voy a decirles aquello de la sociedad enferma. Era absolutamente consciente de lo que hacía. La maté, sí, pero ¿Era verdaderamente importante que la hubiera matado o que me encontraran culpable? ¿He de morir por ello? ¿El que muera y lo haga de esta forma le traerá paz a ella? ¿Y a ustedes? Ya antes de que hubieran pronunciado sentencia yo estaba condenado, la expresión del jurado al oír los pormenores de la muerte eran suficientes para buscar un culpable y, desembarazarse de la pena, de la amenaza, quién puede vivir con ella.</p>
<p>Me dirán, que era consciente, que soy culpable, que he de pagar. Sí, les digo yo, pero se lo vuelvo a repetir no saben cómo he llegado a este punto o cómo me siento. Tampoco es importante, estoy muerto. Muerto por la gracia del estado.</p>
<p>Seguro se preguntarán si estoy arrepentido, pero créanme no estoy preparado para responder, aún no.</p>
<p>Hace doscientos noventa y ocho días que fue dictada sentencia, pena capital, pena de muerte, estoy seguro de que no son conscientes del significado de esas tres sencillas palabras. Tiempo he tenido para paladearlas, para rumiarlas uno tras otro, para digerirlas, devolverlas incluso. Pena de muerte, un bocado acre, un olor a habitación cerrada durante años, pena, una aflicción, una tristeza honda... Lástima de muerte. </p>
<p>¡Atención! Ustedes, yo, todos, podemos morir. Yo sé lo que es eso, morir, muero lenta pero inexorablemente, empecé a morir el día en que puse un pie en este corredor. Morir y matar, arrebatarle su tiempo a otra persona, nunca lo sabrán, no han matado a nadie, no han visto sucias sus manos. Es una pena, me apena, nos apena, nos sentimos apenados ante la proximidad de la muerte; la hemos desterrado, ocultado, por temor, por ambición ¡Viviremos mil años! La muerte no existe, si no la vemos no existe, si no la ejecutamos no existe. A diferencia de ustedes para mi no hay incertidumbre alguna, sé el día y la hora en que iba a morir. Esta, bueno, muerte administrativa, legal, precisa y proporcionada... civilizada en una palabra que estaba por venir ya no tendrá lugar. Se la he arrebatado.</p>
<p>Es por eso que lo hice, me lancé contra él, le sabía brutal y capaz. No es el “tormento” de las voces de Anna, no, sus súplicas cuando la maté, a medida que pasa el tiempo lo he ido olvidando. Ese es mi destino, ser olvidado. Supe que ese tipo me vencería sin gran dificultad, no vacilaría a la hora de matarme. No lo conocía, ¡Bah...! No se apuren, seguro habrá alguna razón, algo por lo que hubiera de pagar. Una barbaridad, dicen, su opinión ha de cambiar si les digo que está aquí, conmigo, en el corredor, ya pueden imaginar porqué. Me lancé contra él y bueno, ya saben lo que pasó.</p>
<p>¡Que liberación, Señor! Lo he meditado varios días, esos hijos de puta no me iban a matar como a un perro, no les concedería ese capricho. Lo he meditado pero por más que lo pensaba no encontraba la manera de hacerlo, no había forma adecuada de hacerlo. Más de uno entre ustedes quisiera verme pendiente de una soga, alguno incluso estaría dispuesto a ayudarme, a darme un empujoncito, ¿verdad? Es humano.</p>
<p>Lo hice sin embargo el día en que no me lo propuse, fue fortuito, fue accidental, fue eléctrico. Me di la vuelta y me fui contra él. Me dije, ya está, todo ha terminado, no habrá más padecimiento, ni el mío propio, ni el de Anna, mi víctima. Se han terminado el silencio y la soledad, y la espera. No había tiempo que perder.</p>
<p>Viéndome ahora, tal cual, aquí; agredido, calmado, resulta incomprensible, imposible saberme capaz de lo que hice. Es otra persona, es un recuerdo ajeno, de otra persona que se ensañó con esta otra, Anna, mi querida Anna. No era yo, era otra persona. Eso me permite, nos permite, seguir adelante. Ninguno de ustedes se ha visto en la situación en la que yo me he visto, pero eso no es importante, yo estoy aquí y ustedes no lo están. Dirán, nunca hubiera reaccionado igual, quizá no, quizá sí. No trato de justificarlo, cuando lo hice estaba ciego, sordo, no lo pensaba, es como un dolor, uno no lo piensa, lo siente, y sería capaz de cualquier cosa con tal de calmarlo. Es un acto involuntario, no hay que pensarlo, de hacerlo nunca encuentra uno el momento, es un dejarse ir.</p>
<p>Soy violento, sí, violento y brutal, y no merecía morir como un perro, no merecía esta muerte limpia, aséptica y formal. De veras he soñado con aferrarme a los brazos de mi verdugo, las manos sudorosas que se cierran sobre mi cuello. Necesito sus ojos clavados en los míos, necesito su aliento sobre el mío, que huele a miedo y saber como la vida se me va entre sus manos. Pero, no. No esta muerte burocrática, técnica, limpia. Qué clase de práctica impía es esta, que clase de orden es el que sustenta esta creencia, esa que trata, ya no a mí, sino a todos y cada uno de nosotros como si nada fuéramos, como si de un expediente se tratara, quién aplica y dispone. Me pregunto además, ¿es esta la suma de nuestras voluntades?, ¿es esto lo que quieren, muerte civil, muerte burocrática?, ¿cómo legitiman esta muerte, este vaciado? Porque eso es lo que hacen, legitiman algo que no tiene legitimación alguna, y lo hacen en aras del orden, del cuidado, de la sociedad, de la moral. No me miréis así, no quiero compasión, comprensión, sólo quiero pudrirme aquí el tiempo que resta. ¡Me están desollando vivo!</p>
<p>No me iba a dejar anular. Denme mi último esfuerzo, denme mis últimos instantes y no una sucesión de días muertos, denme el miedo a morir, me pertenece, no esta anulación, esta cosificación, esta barbarie. Sé de lo que hablo ¡Yo soy el bárbaro, ustedes los civilizados! Son ustedes que hablan de cuidados médicos, alimenticios, atenciones todas para morir mejor. Quiero el pulso acelerado, la adrenalina, no saber que está pasando hasta que un último suspiro me anuncie la muerte, una, humana, cansada, vital y no como deshecho.</p>
<p>Morir, sí, hubiera podido morir. De pena. No espero que lo comprendan, tampoco yo sé, cómo o por qué, tan sólo esperaba que no me supusiera una tortura, un vaciado. Lo merezco, me pregunto, merezco vuestro respeto, probablemente, no, empezando por el mío propio que perdí no se dónde ni cómo, quizá no hubiera nada que lamentar si me hubiera tenido respeto, si me hubiera guardado respeto. Pero morir, así, de pena, a manos de una administración, de algo inanimado, sin sentimiento ninguno, tratado no como una persona sino como objeto, como ganado. Pero, ¡Por Dios... No lo ven! Tratan mejor a sus animales, a sus mascotas.</p>
<p>Sí, soy culpable, merezco un castigo. Merezco la pena. Contra qué me he de enfrentar, contra quién. Cuál es tu cara ¡Muéstrate miserable! Cuál es tu rostro, cuál tu ánimo. Estoy sujeto de pies y manos; quieren que lo esté de conciencia, estrechan los grilletes de la pena sobre mi conciencia, se impone saber que no habrá nada más allá del espacio de los grilletes. </p>
<p>Quién eres tú, qué puedes contra los hombres. ¡Dispara miserable! Hazlo ahora, ante todos estos testigos pero, no, así, no, no me dejes languidecer entre los estrechos márgenes de los grilletes, no me dejéis morir de pena, de dolor. </p>
<p>¡Matadme!, ¡Ahora!, Por favor.”</p>
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http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/10/02/penado#comentarios
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<title>Un hombre que se ahoga, de Veronese</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/10/01/un-hombre-se-ahoga-veronese</link>
<pubDate>2007-10-01T11:08:08+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">azar</category>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">proscenio</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>El <A id=link_0 title=http://cdn.mcu.es/index.php?leng=es href="http://cdn.mcu.es/index.php?leng=es">CDN</A> nos trae nuevamente a Veronese. Tuve ocasión de verle la pasada campaña con su "<EM><A id=link_0 title=http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/04/19/mujeres-sonaron-caballos-daniel-veronese href="http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/04/19/mujeres-sonaron-caballos-daniel-veronese"><EM>Mujeres soñaron caballos</EM></A></EM>" que me dejó en la butaca incómodo e interesado, vamos, picado por la curiosidad y, no fue sino el pasado fin de semana que era capaz de entender y aprehenderla propuesta de Veronese. El suyo es un <STRONG>Teatro de lo </STRONG><STRONG>Grotesco</STRONG>, -sin acritud sea dicho-, más extravagante que ridículo; <STRONG>Grueso</STRONG>. Vivaz e intenso. La creación, versión o adaptación, dígase como se quiere del clásico de Chéjov resultaba prometedora. La contención de Chéjov y el nervio, el ímpetu de Veronese, así como el plantel de actores, cuando menos resultaban dignos de interés. </p>
<p>El resultado sin embargo es desigual, y lo es por dos motivos, uno, el hilo argumental y, dos, los elementos técnicos. Vaya por delante el trabajo actoral, verdadero, extremo en algunos casos y lindando la extravagancia; reacciones infantiles, inesperadas, en hitos dramáticos que descolocan un tanto al espectador. </p>
<p>La puesta en escena y el conjunto de la obra únicamente permite atisbar un puñado de perlas, de escenas, de gran valor por si solas pero de difícil comprensión dentro de un todo. Por establecer un símil se me antoja un racimo de uvas, -por qué-, no encuentro solución de continuidad entre unas y otras escenas, el barullo en algunos casos y la falta de conexión en otros, me hacen admirar los pequeños trabajos y no tanto el todo, como decía. Obvio algún problema “de genero” que por momentos se colaba en el diálogo.</p>
<p>La puesta en escena, mínima, pone toda la atención en la palabra, en lo que está ocurriendo, sin embargo determinados elementos técnicos no ayudan a establecer una definición de los personajes. La relación emocional tiende a un exceso, a un cogerse, a un empujarse, a un no distinguir, y choca. Los personajes se erigen desdibujados ante las razones de unos y otros personajes con cierta ceguera, con cierta incertidumbre, lo que diluye el resultado. Es una abstracción de la que se levantan rasgos del personaje, destellos.</p>
<p>En suma, la puesta en escena puede resultar confusa y perder al espectador, una propuesta escénica me parece válida siempre y cuando respete una comprensión, una verdad. La propuesta ha de ser clara, mantener un ritmo.</p>
<p>El resultado es una asfixia, un ahogo, una bola en la boca del estómago. Quiero pensar que Veronese parte de una muy personal manera de entender el teatro, dejando a un lado supuestos técnicos, para, de manera poco convencional, <EM>dar voz a la emoción, una sin freno, sin contención, sin forma a veces</EM>. </p>
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<title>Momentos estelares. La fotografía en el siglo XX.</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/09/26/momentos-estelares-fotografia-el-siglo-xx-</link>
<pubDate>2007-09-26T16:53:59+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">material</category>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">exposición</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><EM>Momentos estelares</EM> es una exposición única tanto por sus características como por sus dimensiones. En todo caso, no se trata de una historia de la fotografía sino de un recorrido por momentos y autores que han contribuido y siguen contribuyendo a su desarrollo y pleno reconocimiento como lenguaje creativo. </p>
<p>Comisarios: <EM>Hans-Michael Koetzle </EM>y <EM>Oliva María Rubio</EM></p>
<p>SEDES<br />
<A id=link_0 title=http://www.circulobellasartes.com/ag_expo.php?ele=38 href="http://www.circulobellasartes.com/ag_expo.php?ele=38">Círculo de Bellas Artes</A><br />
Canal de Isabel II</p>
<p><EM>La Vanguardia</EM> publica al respecto la siguiente <A id=link_1 title=http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070925/53397143454.html href="http://www.lavanguardia.es/lv24h/20070925/53397143454.html">noticia</A>, destaco un breve estracto:</p>
<blockquote><p>“La fotografía del siglo XX' recorre una centuria de la historia universal a través de 300 instantáneas de fotógrafos tan influyentes como Cartier-Bresson, Robert Capa o Riefenstahl, exhibidas desde hoy en el Círculo de Bellas Artes y en la sala Canal de Isabel II.<br />
Hasta el 18 de noviembre, día en que concluye la exposición, las sedes de la muestra serán "el Museo del Prado de la fotografía", afirmó Hans-Michael Koetzle, comisario de la exposición, que reúne obras de 138 de los fotógrafos más destacados de la historia.”
</p></blockquote>
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<title>El observador</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/09/26/el-observador</link>
<pubDate>2007-09-26T11:34:11+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">absurdo</category>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">escrito</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Desde la calle es una de tantas ventanas, una de decenas, de cientos de una modesta fachada. Nadie diría que tras esos cristales, uno tras otro, un hombre observa los días pasar. </p>
<p>No sabría por donde empezar, siempre ha sido así. Observaba, escuchaba y no sabía cómo acercarme, qué contar o siquiera entenderles pero mi ingenuidad aún era más fuerte. Por el contrario lo que recibía eran reserva y desconfianza en forma de miradas, una acogida, digamos, fría. Mi aspecto físico, unos ojos por ávidos vacíos, unos movimientos maniatados y torpes; la corporeidad, no sé. Un aspecto francamente serio, frío incluso como reconocieron en alguna ocasión. </p>
<p>Desencuentros, muchos, que no me impedían frecuentar su compañía. Esos devaneos primeros una vez estudiada y dominaba la técnica me supusieron incluso un aliciente. Habíamos de llegar a un entendimiento, estaba seguro de que podría llegar a formar parte, siempre hay un espacio.</p>
<p>Así hasta que realmente no he sentido nada, en un principio me afligía, trastornaba incluso y, no, no es que haya dejado de importarme es sencillamente que no podía mantenerme siempre en ese estado de angustia, de vigilia.</p>
<p>En qué momento dejé de dirigirles la palabra no lo sé. Por momentos, entusiasta, me creía con un mayor conocimiento que aquellos que me rodeaban. Cuestionaba y defendía posiciones que no compartía o desechaba porque en ellas no había cabida para mí. Todo era fruto de una mayor sensibilidad, no afirmo, pregunto. Si no conseguía conectar era fundamentalmente porque estaba rodeado de mentecatos. Afortunadamente esta particular percepción había de caer, no sin procurarme gran satisfacción, demiurgo de mi jardín de las delicias era capaz de arrasarlo si así lo consideraba oportuno. </p>
<p>Esta soledad, renuncia, elegida ha sido mi elección, mi meta, para beneficio de estos pobres ingratos que deambulan, que no entienden, que no saben, que no ven, era yo quien había de sacrificarse para que cobraran una pizca de la vitalidad que experimentaba.</p>
<p>Hoy, no soy capaz de rebasar esa puerta que me separa del exterior y me limito a observar desde esta ventana. Digamos que he hecho de estas cuatro paredes un cuerpo íntimo, materno, en el que he de vivir. Aquí he de encontrar todo aquello que haya de necesitar, aliento, calidez, -esto fue lo más doloroso, hubo de pasar tiempo hasta que no necesitara de un abrazo, de una palabra amable-, distracción, conversación; a medías claro, nunca han de tener una réplica, tomé la costumbre de llenar el espacio con la voz de un interlocutor que no era otra sino la mía; fragmentos recitados, impresiones primeras, imágenes, movimientos, aullidos. Terminé por verbalizar cada impulso eléctrico que recorriera mi cerebro, haciendo caer la membrana que contenía neuronas e impulsos nerviosos para, proyección de mi cabeza, mis pensamientos, empapar las cuatro paredes en las que me veo confinado. Confundiendo así, rebasando, una frontera de hueso y de carne, de piel. Todo, porque nunca me he acostumbrado a ese rumor hogareño del propio cuerpo que se desplaza por el espacio, de los electrodomésticos que enfrían, la caldera, un hervor, un pitido, pasos que van… La voz, la mía es una forma de taparlo.</p>
<p>Hoy es fácil. No, llevadero. Me siento en la ventana y miro. Es el único medio de relación con el exterior, aséptico, anónimo, distante, que cobra un tono prácticamente cinematográfico, de gran pantalla, un plano secuencia. Estás fuera, aísla los sentidos, desde este lado la piel no percibe la temperatura, la humedad del aire, puedes ver las copas de los árboles alborotadas a merced de una ráfaga repentina, los rayos verticales que rompen las nubes caen sobre la tierra, que tan pronto brilla como se oscurece, ellos, nunca los mismos. Las sombras que se proyectan, que se confunden, forman volúmenes y compases, todo en una inmensa coreografía orquestada por el observador, único, dador de sentido, inamovible, pero estás fuera, siempre estás fuera, ajeno. </p>
<p>Observo y sé que nunca llegaré a ver a cada uno de ellos individualmente, al menos no como persona viva o que no haya dejado su impronta en folleto, libro o legajo alguno. De ese modo no tengo que preocuparme, no hay respuesta, es mi palabra contra la suya, es su palabra y mi voz. Por qué, creí que así entendería, creí que así aprendería, que bastaría un entrenamiento. Que aprehendería las motivaciones ocultas, de la vida que se dice. De ahí a no volver a salir no hay tanto. Es como tratar de pasar dos, tres veces por el mismo sitio, y, puedo decir, que ni siquiera así tiene uno garantía de dar con las palabras adecuadas. </p>
<p>En alguno de los últimos encuentros repetía conversaciones, expresiones o reflexiones que previamente hubiera leído o ensayado. Había quien se dejaba impresionar, los menos, pero ese destello nunca duraba lo suficiente como para que pudieran conocerme, menos aún yo a ellos. Por más que lo he intentado, por más que observo, no alcanzo a entender, seres diminutos que hacen acto de presencia en este mi pequeño escenario, ventanal, no son siquiera, son un ir y un venir, son movimiento; aprisa, distraída, maquinal… es una corriente. Qué contrasentido, me digo, concibo este mi entorno como un todo, como una colectividad que no entiende de identidades, es un todo impenetrable por informe, un todo que en el otro extremo me tiene a mí, observador, expectante; único, singular y que a un tiempo visto desde la calle no ha sino de formar parte. Soy parte de un todo que cobra sentido en la medida que yo, una porción, le doy coherencia.</p>
<p>La elección tomada en su día dejó de tener importancia en el momento en que confundo los motivos, puedo decir incluso, no sin cierto rubor, que los he olvidado, sin saber bien si es miedo, hábito o simple cerrazón la que me mantiene. </p>
<p>Hoy, ahora, me resta una sola pregunta, cómo va a terminar esto.</p>
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<title>&quot;De noche justo antes de los bosques&quot;, de Koltés</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/09/24/-de-noche-justo-antes-los-bosques-koltes</link>
<pubDate>2007-09-24T11:16:15+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">proscenio</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Sobre "<STRONG>La nuit just avant les forets</STRONG>", de <EM>Koltès</EM>, versión de <EM>Sergi Belbel</EM> (De noche justo antes de los bosques) escribe <STRONG>Marcos Ordóñez</STRONG> en <EM>El País</EM> una interesante crítica. No, no he tenido ocasión de verla pero lean y entenderán porque, permite en parte hacerse una idea de lo que pudo ser, dicho con sentimiento de pérdida, se ha perdido. El artículo puede consultarse de forma íntegra en el siguiente <A id=link_0 title=http://www.elpais.com/articulo/arte/Poliedro/Koltes/elpepuculbab/20070922elpbabart_9/Tes href="http://www.elpais.com/articulo/arte/Poliedro/Koltes/elpepuculbab/20070922elpbabart_9/Tes">enlace</A>. Quizá como dice el Sr.Ordóñez tengamos ocasión de verla ante las peticiones de los programadores, ¡Ojalá! Ahí va entre tanto:</p>
<p>"Se trocea y encarna en seis voces, seis grandes voces, seis actorazos. Por orden de aparición: <EM>Pere Arquillué</EM>, <EM>Andreu Benito</EM>, <EM>David Selvas</EM> (que sustituye a Lluís Homar), <EM>Josep Maria Pou</EM>, <EM>Jordi Bosch</EM> y <EM>Francesc Orella</EM>[...]. </p>
<p>El protagonista de La nit es un extranjero, un paria, un hombre que escapó del yugo de la fábrica y vaga en la noche de un París ajeno y hostil. Como todos los desheredados de Koltès, se expresa en un lenguaje articuladísimo, de alto vuelo poético, todavía cercano a Céline en su angustia y su furia, pero alboreando ya la tensión genetiana entre mordisco de arroyo y majestad formal. Es decir, que ese texto no se puede dar a la carrera ni "bajar" hacia lo coloquial[...]. </p>
<p>Lo singular del trabajo de <EM>Rigola</EM>, no sé si por azar o por cálculo, es que, obviamente, no ves a un solo hombre sino a seis, individualizados por sus narraciones [...], mostrando las diversas facetas, únicas y complementarias, de un mismo poliedro. A lo largo de esa noche errabunda conoceremos, pues, todas las caras y caretas de un solitario que camina bajo la lluvia buscando un interlocutor, un compañero, "un ángel en la mierda". Como Jerry en Historia del Zoo, sus palabras son estrategias de aproximación, fintas de defensa, recordatorios de su identidad: habla para tocar y tocarse y ser tocado. </p>
<p>Pere Arquillué es la voz del principio de la noche, asediado por lobos y espejos pero todavía sonriente, invitador; una voz que intenta mostrarse fuerte y segura, un hombre que dice preferir los hoteles de paso a las casas burguesas, y lavarse el pito en los aseos públicos, casi un autoestopista beat a la caza de un breve satori compartido ante dos tazas de café caliente. </p>
<p>Andreu Benito, en cambio, parece un viejo situacionista a la deriva, perdido en la edad de plomo y en los bares del Marais; un superviviente del 68, un personaje de Garrel que cae en la trampa de una joven y rubísima neofascista al postular una imposible Internacional de los Desheredados, una fuerza de agitación y, sobre todo, de defensa. </p>
<p>Le sucede en escena David Selvas, que no es un reluciente black pero lo parece, y también un hijo de Oliveira buscando a la Maga de puente en puente, y un Hamlet de suburbio que clama por una arrasadora venganza cósmica: su mano izquierda quiere empuñar la daga y en la derecha todavía hay restos de la tiza con que escribió en todas las paredes el nombre de esa Ofelia que muy probablemente flote a tales horas río abajo. </p>
<p>El tercer hombre es Josep Maria Pou, una súbita criatura de Bukowski o Fonollosa, bronco y alucinado de dolor y mal vino, sonámbulo en el termitero de putas y clientes de Barbès, ojeando la violencia nacida de la desesperación y el miedo de cada viernes por la noche, las zonas de sombra y peligro, los innumerables ghettos, con un fanfarroneo ("yo pego antes de preguntar") que no engaña a nadie, agotado por el desconcierto, recontándose la historia de la puta que se mató comiendo puñados de tierra del cementerio, tierra oscura y profunda, empapada de muerte, y en ese recuento intuimos que el personaje nunca ha estado más cerca de la emulación suicida, pero es sólo un relámpago antes de que doble la esquina y se aleje por Rochechouart y ocupe su espacio otro soliti ignoti con el rostro de Jordi Bosch, una voz ahora más ligera porque no tiene el peso de una historia que contar: es el momento de dejarse ir en la alta madrugada, de acogerse al breve ensueño de un poco de calma sobre la hierba y bajo los lejanos y altísimos árboles de Nicaragua, pero llega la certidumbre fríamente desesperada, todo igual, la jungla de las ciudades y la selva donde un general y sus secuaces disparan contra los hombres ocultos. </p>
<p>Cercano el amanecer entra Francesc Orella con el empapado abrigo de La caída y los ojos incandescentes de dolor y rabia, de infinita fatiga. Cae la máscara inicial: el vagabundo ha sido robado y deshombrado por las fieras, sólo tiene humillación y soledad, y el eco de esa ira caótica que estalló, para apagarse como una cerilla, en un andén de la estación de Clichy. </p>
<p>La nit just abans dels boscos es un hermoso y hondo espectáculo. Aquí nunca ha resonado Koltès tan bien dicho y sentido, pero la función resulta un punto sombrona, tonal y literalmente (¿es necesaria tanta penumbra?); todavía demasiado "educada" y solemne; demasiado tirada hacia abajo por una gravedad que no es la de la piedra atada al cuello sino la tristeza ritual, unificada y un tanto circunspecta del oratorio de lujo. Esa melancolía ha de predominar porque se trata de una voz (o voces) sin salida y no conviene, está claro, agitar los parlamentos ni precipitarse, pero yo diría que el texto pide un poco más de fisura, de electricidad. Quizás sea eso, que todavía falta un hervor en la dirección y en las palabras: un hervor de fiebre."</p>
]]></content:encoded>
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<title>Me paré, a secas</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/09/18/me-pare-secas</link>
<pubDate>2007-09-18T13:57:48+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">escrito</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Despojado, sí, ha oído bien usted, así es como me siento... veo cierta sorpresa en su rostro, quizá piense que tiene cosas mejores que hacer que hablar con un desconocido... No, no diga nada, al menos aún, déjeme explicarle. No, no me malinterprete, no es que no me interese, es que, en fin, son varios los días que le he visto en esta línea y, no me pregunte porque le he cogido confianza... No, por favor, no se levante, aún le quedan cuatro paradas hasta su destino... No me mire así, es simplemente, que yo voy un poco más allá y casualmente lo hacemos a esta misma hora. Qué tiene que perder, ande, siéntese.</p>
<p>Le decía, confianza, sí, por extraño que resulte le he cogido confianza, despierta usted confianza, se le ve seguro, sensato. No sé, los ojos grandes, la expresión atenta y viva. Disculpe, ha sido algo completamente fortuito, yo no pretendía que las cosas se sucedieran así, pero, de veras necesito hablar con usted. No crea que yo mismo no me encuentro extraño, llevo unos días meditando los pros y los contras de hacerlo... Obviamente, me considerará un loco, yo, en su lugar así lo hubiera hecho. Pero ya ve que resulto poco menos que inofensivo, al menos para los demás. No, por favor, no pretendía asustarle... Discúlpeme, son los nervios, fíjese me sudan las manos, no tendrá un pañuelo, por cierto... No, uno de papel será suficiente.</p>
<p>Pero, vayamos al asunto, no hace tanto iba y venía tal cual podía hacerlo usted, tenía mis responsabilidades, mis ocupaciones, un trabajo fijo, el aprecio de mis compañeros... Mire, aquí tiene, la de la derecha es mi mujer, Adela, y estos de abajo son mis hijos, Laura y Rodrigo, lo fueron todo para mí... ¡Oh! No, no... Gracias, ya está. No será necesario, ya se me pasa... Bueno, gracias, le agradezco los pañuelos.</p>
<p>Esto, acaso, es todo lo que queda de entonces, una foto familiar, no me pregunte, no recuerdo que estábamos celebrando... Ja... Ja, ja... ¡Ay! Dios mío, mire que pinta. Y, sí, mire, este reloj, me lo dieron a los veinticinco años en mi empresa, ya no da la hora y ha perdido el lustre de entonces, era... ¡Es, un buen reloj! he leído que los astronautas lo utilizan en las misiones espaciales.</p>
<p>Entonces, todo era distinto, se lo dije, yo he tenido una vida plena, como usted, como cualquiera de estas personas. Se sorprendería, nunca pensé que pudiera verme así. Creí haber alcanzado la felicidad; una familia, un buen trabajo, pero, todo fue haber llegado y no supe ni cómo ni por dónde continuar. Me quede inmóvil, ¿sabe? ¿Qué he hecho en la vida? Me preguntaba. Me resultaba imposible tomar ninguna decisión, no sentirme atemorizado, todo aquello por lo que había luchado, no sé, a ver si me entiende, se desvanecía... Corría el riesgo de perderlo todo... O quizás, no había conseguido nada y apenas tenía ningún valor, ¡Agh! </p>
<p>Ella, Adela, fue paciente y muy comprensiva, lo fue hasta que traté de encontrar refugio en otra persona... Creí que el problema era ella. Estaba equivocado.</p>
<p>No supe qué hacer, no sentía haber hecho nada, era desolador, no tener objeto alguno... Sí, perseguir la nada. En el trabajo cualquier tarea por pequeña que fuera me resultaba ardua y compleja. Procuraba llegar una vez los niños estuvieran acostados, me mostraba evasivo con ellos, cuantas veces corrían alborozados hacia la puerta cuando me oían llegar y yo secamente les pedía silencio... ¡Qué no daría yo por volver a escucharles una vez más! </p>
<p>Me acechaban constantemente las dudas, una forma de desidia. Mi trabajo me permitía vivir muy por encima de mis posibilidades, en un principio no llamaba la atención, incluso se percibió como síntoma de valentía. Sin embargo con el tiempo me mostraba imprudente, temerario, perdía los nervios con facilidad, ya sabe. Me dejaba llevar y me comportaba de un modo extraño, por momentos parecía otra persona, una que me gustaba más. Quería creer que esa otra persona sabría tener una respuesta. Empecé a frecuentar las amistades de un compañero al que debía sacar cerca de veinte años. </p>
<p>Sólo me interesaba por el plan de esa noche, a quién conoceríamos o si iba a ir tal o cual amiga. No tardaría mucho tiempo antes de que mi trabajo se viera resentido, un par de remesas que no llegaron a Bremen, facturas que no terminaban de cuadrar... Bueno, ya se imaginará.</p>
<p>Hice muchos amigos, los mismos que tiempo después, apenas me dirigían la palabra sino para preguntarme que tomaría. Adela ya no estaba y eso me daba aún más opciones.</p>
<p>¿Qué ocurrió? Me paré, a secas. No encontré motivo por el que seguir. Dejé de andar. Una fuerza, una falta de ella mejor dicho, me atenazaba, me impedía continuar, era incapaz de dar un paso más, acababa de salir, era de noche, hacía frío y, una vez rebasado el portal de entrada era incapaz de dar un solo paso. No sé el tiempo que pude permanecer allí, en pie, con la vista perdida. Inánime. ¡No sucedía nada! Nada dentro de mí me impulsaba a seguir, no ocurría nada, si no hacía nada, no pasaba nada, ¿lo entiende? Era como el espacio de aire que ocupaba, no sabía que me había llevado hasta ese instante y, desde entonces, permanezco anclado a ese momento, no hay antes, tampoco después.</p>
<p>Por eso acudo a usted, llevo tiempo observándolo, usted ha de saberlo, dígame, <EM>¿Por qué continúa? ¿Cómo tiene la seguridad?<br />
</EM></p>
]]></content:encoded>
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http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/09/18/me-pare-secas#comentarios
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</item>

<item>
<title>¡Arriba el telón!</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/09/12/aarriba-telon-</link>
<pubDate>2007-09-12T18:02:35+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">proscenio</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Algunos nombres propios, Festival de Otoño, CDN, Teatro Español, Teatro Abadía, Teatre Lliure, etc. son sólo algunos de los que estos días, algunos antes otros después, presentan la programación de la campaña entrante. Propuestas atractivas y esperadas, quizá la resaca veraniega. </p>
<p>El programa del <STRONG>Festival de Otoño</STRONG>, muy madrugador, se presentó a mediados del mes de julio. Esta edición cuenta con nombres ilustres y una amplia programación que se celebrará del 15 de octubre al 18 de noviembre. Entre las que destacaría la presencia de la compañía <EM>National Theatre of Great Britain</EM> que representará Happy Days de Samuel Beckett; <EM>Peter Brook </EM>que dirige The grand inquisitor, basada en un capítulo de Los Hermanos Karamazov de Dostoievski; la <EM>Comédie-Française </EM>con Le Misanthrope de Molière; <EM>Piccolo Teatro di Milano </EM>con Il Vengaglio de Carlo Goldoni; Calixto Bieito; Daniel Veronese y así tantos otros dignos de verse, no hay más que consultar la página.</p>
<p>El programa completo puede consultarse en la página del <A id=link_0 title=http://www.madrid.org/fo2007/es/index.html href="http://www.madrid.org/fo2007/es/index.html">festival.</A></p>
<p>El <STRONG>CDN</STRONG> (Centro Dramático Nacional) hoy día 12 ha presentado la programación de la presente temporada. Las obras se repartirán entre las dos sedes con las que cuenta, el Teatro María Guerrero y el Teatro Valle-Inclán.</p>
<p>Por su parte el <STRONG>Teatro María Guerrero </STRONG>arranca con la obra:<br />
‘<EM>Un hombre que se ahoga’</EM>, versión de Tres hermanas de Anton Chéjov<br />
creación de Daniel Veronese, al que tuvimos ocasión de ver en la pasada temporada.<br />
20 de septiembre a 21 de octubre de 2007</p>
<p>Por su parte el <STRONG>Teatro Valle-Inclán </STRONG>presenta con la obra:<br />
‘<EM>Extinción</EM>’, de Thomas Bernhard.<br />
Dirección de Krystian Lupa<br />
Teatr Dramatyczny de Varsovia<br />
18 a 21 de octubre de 2007</p>
<p>No será la única obra del autor austriaco, ‘<EM>Sobre la jubilación</EM>’. Entre otras se presentarán producciones propias y coproducciones, una de ellas con el TNC, ‘<EM>La plaça del Diamant’</EM>, o el Teatre Lliure, ‘<EM>Après moi le déluge</EM>’. El programa completo se puede descargar en la página del <A id=link_1 title=http://cdn.mcu.es/index.php?leng=es href="http://cdn.mcu.es/index.php?leng=es">CDN</A>.</p>
<p>El <STRONG>Teatro Español </STRONG>por su parte presenta en este inicio de temporada:<br />
‘<EM>¿Dónde estás, Ulalume, dónde estás?’</EM><br />
Autor: Alfonso Sastre<br />
Director: Juan Carlos Pérez de la Fuente<br />
Intérpretes: Chete Lera, Zutoia Alarcia y Camilo Rodríguez<br />
Género: Drama<br />
Fecha: 13 de Septiembre de 2007 hasta 23 de Septiembre de 2007</p>
<p>Obra que en palabras de <EM>Rosana Torres</EM>:</p>
<blockquote><p>‘[...]obra que se adentra en la psicología y los últimos días de la vida de un maldito y genial alcohólico, Edgar Allan Poe.<br />
[...]el teatro de Sastre es posible y necesario. "El que enlaza con la tradición española de lo grotesco, del sainete trágico, del realismo social estilizado por la buena escritura y la construcción teatral, de la ironía cervantina", dice Pérez de la Fuente.’</p></blockquote>
<p>La programación puede consultarse en la página del <A id=link_2 title=http://www.esmadrid.com/teatroespanol/jsp/programacion.jsp href="http://www.esmadrid.com/teatroespanol/jsp/programacion.jsp">teatro</A>.</p>
<p>No podemos dejar de atender a la oferta catalana y es que <STRONG>Teatre Lliure </STRONG>y <STRONG>Teatre Romea </STRONG>cuentan con grandes programas que merecen un, -por qué no-, fin de semana en Barcelona:<br />
<STRONG>Teatre Lliure</STRONG><br />
Que arranca con “<EM>La nit just abans dels boscos</EM>” (De noche justo antes de los bosques) con un plantel, -cómo decirlo-, único.</p>
<p>Entre otros esta temporada contará con la participación de Lluisa Cunillé, Álex Rígola (al que tenemos por partida doble, “La nit just...” y la obra presentada en el Grec “<EM>2666</EM>”), Veronese, Ollé, Rodrigo García y así un largo etcétera, consultar la <A id=link_3 title=http://www.teatrelliure.com href="http://www.teatrelliure.com/">página</A>. </p>
<p>Le van a la zaga el <STRONG>Teatro Bellas Artes</STRONG>, <STRONG>Abadía</STRONG> o el <STRONG>Centro Cultural de la Villa</STRONG>.</p>
<p>El <STRONG>Teatro Bellas Artes </STRONG>tras la gran afluencia de público de la pasada temporada, entre otras presentó la laureada ‘<EM>La cabra</EM>’, quiere revalidar dichas cotas empezando con una versión de ‘<EM>Fedra</EM>’ de Juan Mayorga, estará en cartel hasta del 28 de octubre desde el 7 de septiembre. Contará así mismo con la presencia de Manuel de Blas en ‘<EM>El sí de las niñas</EM>’ para continuar con Calixto Bieito, ‘<EM>Los persas</EM>’. Ver resto de la <A id=link_4 title=http://www.teatrobellasartes.es/ href="http://www.teatrobellasartes.es/">programación</A>.</p>
<p>El <STRONG>Teatro Abadía</STRONG> apuesta sobre seguro y reestrena ‘<EM>Play Strinberg</EM>’.<br />
Apuntan en su páginasobre la presente temporada:</p>
<blockquote><p>‘Quien se desplaza posee inquietud y eso es siempre positivo. Este año pasarán por La Abadía varios artistas que han nacido en un país y que, movidos por distintos impulsos, se han asentado en otro diferente. Los montajes que presentaremos están poblados de personajes que cruzan fronteras en busca de la verdad, de la felicidad, o a veces ignorando qué buscan’</p></blockquote>
<p>El resto de la programación está accesible en su <A id=link_5 title=http://www.teatroabadia.com href="http://www.teatroabadia.com/">página</A>.</p>
<p>El <STRONG>Centro Cultural de la Villa</STRONG> sorprende en su inicio con la actriz Blanca Portillo y el director esloveno Tomaz Pandur y su '<EM>Barroco</EM>', que en palabras de <EM>Rosana Torres</EM>: </p>
<blockquote><p>‘La obra se llama Barroco y ha sido escrita por el propio Pandur y por Darko Lukic, basándose en dos textos muy conocidos: Las amistades Peligrosas, de Choderlos de Laclos, y Cuarteto, de Heiner Müller.<br />
[...]Esta propuesta de Pandur se sitúa en un espacio que se supone anterior a la Revolución Francesa. "La historia completa del mundo occidental en un refugio, la víspera del cataclismo del Gran Cambio. Fuera, el mundo se va cuarteando, dentro, la seda se va agrietando a golpes de miedo y de belleza. Muy pronto nada volverá a ser lo mismo", dice Pandur. Y añade: "En la obra, el exterior y el interior se transformarán definitivamente en dos universos remotos, en tanto que la existencia humana se tornará en un viaje eterno en busca de un punto de encuentro".’
</p></blockquote>
<p>Programación del <A id=link_6 title=http://www.esmadrid.com/ccvilla/jsp/index.jsp href="http://www.esmadrid.com/ccvilla/jsp/index.jsp">CCV</A>.</p>
<p>Por si esto no fuera suficiente contamos con la <A id=link_7 title=http://www.redteatrosalternativos.com/ href="http://www.redteatrosalternativos.com/">oferta</A> de la <STRONG>Red deTeatros Alternativos</STRONG> que siempre aguardan con alguna grata sorpresa para los espectadores, sirva como ejemplo el ‘<EM>Esperando a Godot</EM>’ del <STRONG>Teatro de la puerta estrecha</STRONG> (ver <A id=link_8 title=http://www.unapalabraotra.org/lapuertaestrecha/ href="http://www.unapalabraotra.org/lapuertaestrecha/">página</A>). Mencionar también <A id=link_9 title=http://www.cuartapared.es/ href="http://www.cuartapared.es/">Cuarta pared</A>, <A id=link_10 title=http://www.teatrotriangulo.com/ href="http://www.teatrotriangulo.com/">Sala Triángulo</A>, <A id=link_11 title=http://www.teatropradillo.com/ href="http://www.teatropradillo.com/">Teatro Pradillo</A>, etc.</p>
<p>La elección de unos y otros teatros y obras por arbitraria es más interesante, ya que sólo quiere ser un punto de partida que habrá de completarse con sorpresas y decepciones que, a buen seguro, tendrán lugar al cabo del año.</p>
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<title>Crímenes ejemplares de Max Aub</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/09/11/crimenes-ejemplares-max-aub</link>
<pubDate>2007-09-11T16:37:12+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">atril</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>"Pienso, luego soy, dijo el hombre famoso. Los árboles de mi jardín son, pero no creo que piensen, con lo que se demuestra que el señor Renato no estaba en su sano juicio y que lo mismo sucede con otros seres: mi suegro, por ejemplo, es y no piensa, o mi editor, que piensa y no es. Y si lo ponemos al revés, tampoco es cierto. No existo porque pienso ni pienso porque existo. Pensar es cierto, existir es un mito. Yo no existo, sobrevivo, vivir –lo que se dice vivir- sólo los que no piensan. Los que se ponen a pensar no viven. La injusticia es demasiado evidente. Bastaría pensar para suicidarse. No, don Descartes: vivo, luego no pienso; si pensara, no viviría. Hasta se podría hacer un bonito soneto: Pienso luego no vivo, si viviera no pensara, señor... etc., etc. Si para vivir se necesitara pensar, estábamos lucidos. Pero, en fin, si ustedes están convencidos de que así es, soy inocente, totalmente inocente, ya que no pienso ni quiero pensar. Luego si no pienso, no soy, y si no soy, ¿cómo voy a ser responsable de esa muerte?"</p>
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<title>Fedra</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/09/10/fedra</link>
<pubDate>2007-09-10T15:11:10+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">proscenio</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><STRONG>Versión</STRONG>: Juan Mayorga.<br />
<STRONG>Dirección</STRONG>: José Carlos Plaza.<br />
<STRONG>Elenco</STRONG>: Ana Belén, Alicia Hermida, Fran Perea, Chema Muñoz, Javier Ruiz de Alegría y Daniel Esparza.<br />
<A id=link_0 title=http://www.teatrobellasartes.es href="http://www.teatrobellasartes.es/">Teatro Bellas Artes</A>, de 7 de septiembre a 28 de octubre.</p>
<p>Arranca la temporada y lo hace de manera irregular. Ya me duele, ya. Más que dolido es frustrado lo que me encuentro, -¡y desganado!-. No en vano quise ir al Grec o al Festival de Mérida para ver este mismo montaje, afortunadamente no lo hice y tuve ocasión de ver la adaptación de Rígola de 2666 del chileno Roberto Bolaño. Aunque, para mi sorpresa, la obra fue del agrado del público, la mitad del patio de butacas aproximadamente en pie aclamaba a los actores entre bravos, vítores y encendidos aplausos, lo que para mi no había sido sino un despropósito.</p>
<p>Qué, por qué digo que fue un <EM>despropósito</EM>. No fueron, no, las cuatro llamadas telefónicas que tuvieron lugar durante la representación, de veras me hubiera levantado y torteado a los susodichos; tampoco las dos personas que se levantaron durante la representación, -aguas menores imagino-, para luego volver a entrar; tampoco la broma socarrona de un gracioso con sus ronquidos y, finalmente, estos sí, verdaderos, no ronquidos pero sí profundas espiraciones de alguien echándose la siesta.</p>
<p>La versión de <EM>Mayorga </EM>más que sencilla, simple, deja desnudos a los actores. La trama requiere de una intensidad tal, de una escucha, que de lo contrario queda desmembrada, muerta, el texto no tiene volumen alguno, sí en lo intelectual, no en lo vivenciado. </p>
<p>Es desde un primer momento que uno se siente engañado, la confesión de <EM>Fedra</EM> a <EM>Enone</EM>, no casan sus palabras, el texto y la compostura, la presencia, la energía precisa. La emoción era la misma que pondría un frutero, dicho con todo el respeto del mundo, para despachar dos kilos de patatas, es así cuando un cuchillo en manos de Fedra es poco menos que un chupa chups para Enone.</p>
<p>La escenografía ya no minimalista sino ridícula no sirve en nada al propósito del texto cuando un simple cuchillo se convierte en un problema, -¿dónde está el cuchillo? En la esquina, en el rincón-. Los exiguos elementos no sirven para hacer entrar en la trama al espectador. No olvidemos que el teatro es una ficción, gente que cree, sobre el escenario (los actores), y gente que quiere creer, el público, es una ilusión la que se produce, una ilusión de la que cualquier elemento por pequeño que sea puede sacarte.</p>
<p>Una trama sin transición, sin modulación alguna de la emoción, estas personas sobre el escenario decían sentir, decían amar, odiar... pasan sin solución de continuidad de un teórico clímax al café con leche, por favor, <EM>Fedra</EM> ante el rechazo de <EM>Hipólito</EM>. No puedes decir ver en los ojos de nadie una emoción o sentimiento si ni siquiera los estás mirando, es inaudito. Cuerpos agarrotados y sin pulso alguno, y que decir de <EM>Teseo</EM>... ¡valientes mitos los que pululaban por el escenario... mariposas!</p>
<p>Es cierto que tenía todos los reparos en ver a Ana Belén o a Fran Perea pero quise confiar en el buen hacer de Mayorga y José Carlos Plaza, fue en vano. El texto va por un sitio y los actores, -¿he dicho actores...? perdón-, por otro. No creo, de verás, que los “personajes en el escenario” transitaran una sola emoción, impostaban la voz, gritaban a lo sumo, pero en modo alguno sentían. No había emoción alguna que les moviera a hacer, recitaban, sí y nada más.</p>
<p>Sin entrar en cuestiones de gusto, afinidad, creo se debiera ser más exigente. Nunca en todos los años que llevo asistiendo al teatro he visto una reacción semejante y, verdaderamente, he visto “obras de arte”, y la de ayer no fue una de ellas. Es excesivo, sin hablar de la falta de respeto y educación de algunos, los menos, es verdad, que ayer asistieron como público.</p>
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<title>Arder en el agua Ahogarse en el fuego </title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/08/29/arder-el-agua-ahogarse-el-fuego</link>
<pubDate>2007-08-29T12:29:52+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">escrito</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>-No te pido que lo entiendas- él<br />
-No puedes hablarme así, no atiendes a razón ninguna- ella<br />
-No pretendo hacer ver que tengo razón, sólo quiero intentarlo, ¿es tan difícil de entender? Tan sólo quiero tomarme un tiempo, no pretendo dejar de trabajar.<br />
-No es tiempo lo que reclamas, si así fuera yo misma te daría el dinero que pudieras necesitar. No eres ni remotamente consciente de lo que esto va a acarrear. Es un capricho.<br />
-Necesito hacerlo, no puedo evitar sentir como lo hago.</p>
<p>Sale. Lo deja con la palabra en la boca, lo deja con el estómago vacío y, lo que es peor, un eco que nada apagará. Es extraño, no es ese el modo en que se comporta normalmente, acostumbra a mostrarse más dialogante. Es entonces que el frío del piso, en contacto con los pies desnudos, se hace más agudo, el olor del café acre, la luz matinal débil. Es entonces que, agarrotado, extraño, se deja caer en la silla de cocina. </p>
<p>Del pasillo provienen pasos firmes y apresurados que se detienen en el armario, un abrigo o prenda cualquiera, las llaves, la puerta que se abre y un portazo. </p>
<p>La posibilidad de que pueda no haber sopesado las opciones. Más importante, de haber roto, de haber quebrado la confianza le llevan de súbito a ver miedos y amenazas que antes no sentía. Descolocado, trata de resguardarse, parapetarse sobre sí mismo, como si eso bastara para asentarse.</p>
<p>El eco vacío se repite en las sienes, en la boca, los ojos, al cerrarlos, al beber. </p>
<p>Trata de serenarse, de retroceder, de volver a sus razones, las que le llevaron a hacerlo. Se convence y avanza, punto por punto, hasta ese momento, ese en que ha caído y se ha roto. Retrocede, avanza... retrocede. Escucha una y otra vez su voz, no tanto sus motivos, la suya es una única discusión, iniciada el día que se conocieron y que no tendrá fin, no importan los motivos y sí la modulación de la voz. </p>
<p>Acaso no sabe hacer ver sus razones, se pregunta, acaso no es claro. Afecta, daña, a alguien su decisión. Es acaso egoísta. No, es ingenuo, es torpe, es sencillo. Es...<br />
<EM>Arder en el agua<br />
Ahogarse en el fuego </EM>(<STRONG>*</STRONG>)</p>
<p>--<br />
(<STRONG>*</STRONG>) Título del libro de poemas de <EM>Charles Bukowski </EM>que, además, venía muy a cuento. Editorial: <EM>La poesía, señor hidalgo</EM></p>
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<title>Cansado</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/08/28/cansado</link>
<pubDate>2007-08-28T12:54:22+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">absurdo</category>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">escrito</category>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">kitsch</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy cansado, cansado de los manifiestos, de las despedidas, de los legados. Decepcionado por las ilusiones últimas, por las conclusiones al cabo de una vida, de lo que está bien, de lo que no lo está tanto, de lo que hubiera hecho si las cosas hubieran resultado de otro modo. Hay algo, y digo bien, hablo de algo por indeterminado, dentro de uno que le impulsa ha tomar unas y no otras decisiones, a pesar de resultar no equívocas, no, pero sí arbitrarias, ilusión de poder y libertad. </p>
<p>Frustrado, sí, por lo pobres que resultan, porque sólo cobran sentido en el mismo instante que son escritos, ni antes, ni después, y tan sólo porque uno está imbuido por la proximidad del vacío que, lleva a magnificar lo que no ha sido sino una sucesión de días, impresos en la memoria algunos, amasijo de neuronas, aliento esquivo, mecánica caprichosa que burla un ánimo trascendente de lo que debe ser, de lo intelectual, sí.</p>
<p>Estoy <EM>harto</EM>.</p>
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<title>Primigenia</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/08/24/primigenia</link>
<pubDate>2007-08-24T13:52:22+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">escrito</category>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">azar</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Es una suerte de tacto, una desazón, un pulgar contra la palma que descubre un color, absorbido por el roce, por el sonido leve que provoca y aproxima a la oreja, perdido en un vaivén que le corre del estómago a la cabeza, de la cabeza a las manos y de ahí a la oreja de nuevo. </p>
<p>Son concavidades de los nudillos, el vello que gradualmente hacia los brazos se hace más tupido, la parte anterior, la de las muñecas, ¡abierta, más suave! Las líneas, la forma, el tamaño no son estas, no hay otra igual, qué significan esas durezas, tersas, estas cerradas, en los extremos de cada uno de los dedos.</p>
<p>Es un llanto, un peso en el centro del estómago, que se expande con cada respiración, que colma de aire un pecho que, como el mar, se hincha y deshincha, que no está sólo, que dentro, aquí, bajo el aire hay un tiempo, que corre, que corre, bum, bum, bum, bum... el aire, bum, bum, bum...</p>
<p>Es claro, es luz. Es sombra. Es luz, es color, es el pulgar que amasa la luz, es brillante, este es sucio, es como frío, este como calor. Amasa, amasa sangre, amasa tierra, amasa sombra... </p>
<p>Es pelo que corre, son unos que corren. Lo son. Son líneas y forma y tamaño y no son, no son el pulgar, los nudillos, la mano, son roca que corre, son corteza, son cuatro manos, son cuatro pies. </p>
<p>Son la mano, el bisonte. Son su tiempo que no morirá. Es el contorno rojo de la mano en la roca. Es el animal que estaba en la roca, esperando ser perfilado. Son los trazos de una mano diestra que sigue el pulso del aire, bum, bum, bum... el tacto de la roca. Son los que ya no están, como yo, que tampoco estaré, son los que vengan. </p>
<p>Es un tiempo y tierra. Son rastros que corren la piel.</p>
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</item>

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<title>Precipitarse</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/08/23/precipitarse</link>
<pubDate>2007-08-23T13:11:22+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">escrito</category>
<content:encoded><![CDATA[<p><EM>“La vida no es para ser soñada. Siempre quise indagar, escribir, para encontrar la verdad, tener un sentido. La última de las pretensiones taradas es pensar que lo que escribo tiene algún valor literario, ¡dios santo! espero que no sea así. También he leído, no me he limitado a escribir, con el mismo objeto, con el mismo resultado, viene a decir Bolaño en uno de sus libros, “Los detectives salvajes”, los lectores lo único que persiguen es apuntalar sus certezas vacías... sí, o algo así. Es posible que así me entienda, soy como un puto cristal a través del cual pasan los rayos de sol, sin dejar residuo alguno.”</EM></p>
<p>Entre tanto recuerdo que no dejaba el vaso, generalmente lleno de ron, hielo y coca cola como supe más tarde, esas fueron sus primeras palabras...</p>
<p><EM>“Sí, quiero escribir, ¿sabe?, pero sobre qué, sobre los pequeños universos personales, sobre los sentimientos, pequeñas parcelas y rencores que todos y cada uno de nosotros atesoramos... eso no vale una mierda, hombre.”</EM></p>
<p>En momentos como este se alteraba un tanto y acompañaba estas sus palabras con un mandoble en la mesa que venía a darle un mayor peso a sus razones. Los que como yo no tenían otra cosa que hacer que vagar de uno a otro sitio entre semana, cafés en mi caso, se sentían atraídos por tan singular reacción.</p>
<p><EM>“Son migajas que no interesan a nadie, la vida, sí la de cada uno de vosotros...”</EM></p>
<p>Se irguió y señaló, copa en mano, a los que permanecíamos en el local. Tuve que pedirle que se moderara, lo que no pareció sino extrañarle. Levantarme fue suficiente para que echara un ojo a la copa y reclamara dos nuevas consumiciones a una de las camareras, esa segunda para mí.</p>
<p><EM>“No me interesa qué coño haces cuando te levantas, si has dormido bien o no, con quien, si acaso, te levantas. Qué puedes ver desde la ventana de tu habitación, si estás de buen o mal humor, si tu madre te preparaba un bocadillo para el colegio o un cruasán... me importa una mierda.”</EM></p>
<p>No te ofendas, me dijo, a estas alturas y teniendo en cuenta los muchos cafés que tomo sin más, no podía estar más que expectante.</p>
<p><EM>“No es personal, seguro tampoco YO procuro el más mínimo interés. Piénsalo, qué vida es la que hemos hecho, debemos tener la misma edad. Estoy seguro de que más menos hemos hecho las mismas cosas, nos han movido intereses sino idénticos, sí parejos.”</EM> </p>
<p>Su atención se dividía a partes iguales entre el vaso y mi persona, al que tan sólo respondía con monosílabos. Ciertamente parecía ensimismado observando la mezcla a través de la luz natural. Cerraba los ojos de tanto en tanto y parecía regodearse con el sol a su espalda.</p>
<p><EM>“Podemos decir que hemos terminado por pensar como vivimos. Está bien, primera gran lección aprendida... dónde cabe refugiarse, dónde cabe dirigirse.”</EM></p>
<p>Aproveché para echar un trago, no acostumbro a beber a estas horas, es pronto incluso para mi. Sin duda sabe beber, no hube probado nada igual hasta ese momento y no en vano son muchas las copas que he podido tomar, casi siempre para embriagarme, sin gusto alguno.</p>
<p><EM>“Bah, estupideces, llegados a este punto resulta que no hay certidumbre alguna, que no nos quedan sino conjeturas...”</EM></p>
<p>Percepciones, dije, a lo que parecía reflexionar.</p>
<p><EM>“Sí, impresiones... dime, que es lo que puedes ver en mi persona, crees que coincidirá con la idea que puedo tener yo, y a la inversa. Ese, ese y no otro es el problema, quiero un suelo firme sobre el que pisar, coño.”</EM></p>
<p>En este punto parecía a punto de perder la cordura, el mecanismo el mismo, se armaba con el vaso entre ambas manos que acariciaba con ambos pulgares mientras lo contemplaba y, así, tras unos instantes recobraba sino la seguridad si la calma, mejor, la ausencia de emoción.</p>
<p><EM>“Además, estas, digamos, experiencias que no suscitan el más mínimo interés, por qué estamos de acuerdo, ¿no?”</EM></p>
<p>Asentí con la cabeza, no tanto porque compartiera su punto de vista sino por no interrumpirle. </p>
<p><EM>“Continuemos pues, estas vivencias que no son de interés, me pregunto, pueden sin embargo tener algún valor artístico, pueden tener algún valor para aquellos que nos rodean, ya no hoy, sino dentro de doscientos años. Y si se hubiera perdido, quiere decir eso que no tiene valor. Demasiadas preguntas, ¿verdad? Y ninguna satisfactoria. No, no como estás pensando, no porque sean de dudosa respuesta sino porque no son preguntas radicales, preguntas cruciales, trascendentes. Las respuestas a estas preguntas no alcanzan sino a decidir si hoy quiero filete con patatas o pasta. No son las preguntas, no son aquellas que involucran y conciernen al hombre, a la bocanada de aire, una tras otra, que nos mantiene, al deseo que siento cuando veo a la mujer que está en la barra, vengo aquí por ese y por ningún otro motivo, bueno quizá el que ya me conocen, el café no es bueno, por eso no lo tomo. No te preocupes por mí, es una visión dulcificada, complaciente de una vida vacía, qué digo vacía, en potencia.”</EM></p>
<p>Hablaba de preguntas radicales, trascendentales, intervine, qué tiene que ver con lo anodino de nuestras vidas.</p>
<p><EM>“Lo ves, te lo dije, filete con patatas o pasta. No lo entiendes, creí haberme visto en la brecha, en el pulso del corazón, en la esencia, en la verdad, porque el arte persigue eso, la verdad... no vagas certidumbres, es la fuerza de un río cuando cae por una pendiente, no necesita explicación, es dejarse ir, no es pensar en lo que hay que decir, tampoco pensar en cómo se ha de decir. Es precipitarse.”</EM></p>
<p>Esa fue la primera vez que quise levantarme e irme. No lo hice por educación, por cortesía.</p>
<p><EM>“Próximo sí, lo ves, ahí está y no es posible aproximarse, es tratar de ver el universo a través de un agujero en la pared, son esas pequeñas conjeturas individuales. Cómo, entonces, emprender camino, hechos trascendentales, no somos tanto individuos, sino...”</EM></p>
<p>Parecía ir elucubrando, inventando a medida que hablaba.</p>
<p><EM>“Parte de un conjunto, de la sociedad, de una estructura, son las interacciones entre unos y otros las que dominan e impulsan el devenir. Tu y yo, por ejemplo, aquí ahora, no somos tanto personas, elementos individuales, sino parte de un todo.”</EM></p>
<p>Precipitadamente, echó mano al bolsillo interior de la chaqueta, tomó una cartera y algunas notas que de manera ordenada contenía e hizo diversas anotaciones. Es el momento, es el momento, es el momento, se repetía. Sin más, hablando para si, se levantó y se fue. </p>
<p>He vuelto alguna que otra mañana al café, la misma mesa y, ya lo saben, no he vuelto a verle, tampoco a ella, la camarera. Tiempo después creí verlo entre tantas y tantas personas en el metro, así lo creí al menos, traté de alcanzarle pero fue en vano. </p>
]]></content:encoded>
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</item>

<item>
<title>Atrás</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/07/23/atras</link>
<pubDate>2007-07-23T13:54:40+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">escrito</category>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">proscenio</category>
<content:encoded><![CDATA[<p>Qué ha quedado al término de esta temporada. <EM>Queda la verdad, instantes de verdad</EM>. </p>
<p>La verdad de una bailarina de striptease que no se llama <EM>Alice</EM>, y que ante los embates de <EM>Larry</EM> termina por confesar, -no, no confesar, compartir-, su nombre ante la incredulidad del mismo, uno de tantos ‘clientes’ que buscan la verdad en el agujero de su culo. </p>
<p>Queda la ficción descrita por <EM>Ulrika</EM>, plano a plano; las sensuales grupas de los caballos del cuerpo de caballería que desde la barandilla contempla una mujer, homicida, perpleja; aliento arrinconado a empellones por lo sórdido y desquiciado de la escena. </p>
<p>Quedan los motivos para levantarse una mañana más, ver despertar a aquellas personas que uno tiene cerca, que quiere, dice <EM>Idaho</EM> viendo el último sueño de <EM>Utah</EM>. </p>
<p>El cariño del hijo, -maricón-, por el padre, -follacabras-, el que en palabras de <EM>Billy</EM>, “cómo voy a explicarles que mi padre [<EM>Martin</EM>] está cavando un hoyo en el sótano, tan profundo que cabemos todos en él y del que no podemos salir... las personas a las que más quiero”.</p>
<p>La necesidad de volcarse el uno en el otro, de sincerarse, de hablar. De, en palabras del actor, Helio Pedregal, “Mi personaje [<EM>Andrei</EM>] es un hombre que quiere vivir y que convierte su fracaso en un hecho vital porque demuestra que en la oscuridad también hay placer”.</p>
<p>Delirantes conversaciones de dos oficinistas que dirimen sobre lo adecuado, lo oportuno, de saltar o no al vacío.</p>
<p>Queda un gesto, imperceptible apenas, en la comisura de los labios.</p>
<p>---</p>
<p>Closer - Mujeres soñaron caballos - Idaho y Utah - La Cabra - Afterplay - Función Beckett.</p>
]]></content:encoded>
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http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/07/23/atras#comentarios
</comments>
</item>

<item>
<title>2666</title>
<link>http://www.lacoctelera.com/inmaterial/post/2007/07/18/2666</link>
<pubDate>2007-07-18T14:07:03+00:00</pubDate>
<category domain="http://www.lacoctelera.com/inmaterial">proscenio</category>
<content:encoded><![CDATA[<blockquote><p>‘hay quien dice que tras los asesinatos de Santa Teresa se encuentra el secreto del mundo’</p></blockquote>
<p>Así termina la tercera parte de la teatralizada <STRONG>2666</STRONG> Roberto Bolaño.Adaptación de incalculable valor de <EM>Álex Rigola </EM>y <EM>Pablo Ley </EM>presentada en el marco de <STRONG>El Grec</STRONG>, Barcelona. Ingente labor la de uno y otro que recrean e intensifican un texto que lo fue para ser leído; en poco más de cinco horas se debaten diálogo y una sugerente escenificación. </p>
<p>La obra se compone de cinco partes, cada una de ellas con un hilo argumental y tratamiento propios, que confluyen de uno u otro modo en Santa Justa, Ciudad Juárez, y la figura de Archimboldi. </p>
<p><EM>La parte de los críticos</EM>. La contraposición de un entorno académico con las relaciones afectivas que se establecen entre cada uno de los críticos y/o conocedores de Archimboldi. </p>
<p><EM>La parte de Amalfitano</EM>. Amalfitano, el huido, recala sin saber muy bien como en Santa Teresa donde se suceden la que pudo ser la conversación con su, digamos, exmujer y se sugiere el momento por el que pasa una mujer que trata de cruzar la frontera. Son dos historias, la una hablada, la otra sugerida, que se solapan y se entienden paralelas. </p>
<p><EM>La parte de Fate</EM>. No, Santa Teresa no muestra su verdadera cara sino en espacios difusos. Juego de luces y sombras, ritmos bailables, a un tiempo maquinales, y un reducido, mínimo, espacio que a modo de insectario sirve para mostrar los ejemplares claveteados sobre un fondo verde, verde baño.</p>
<p><EM>La parte de los crímenes</EM>. El cuerpo de una mujer desnudo y ensangrentado en mitad del desierto es estudiado por un agente en busca de pruebas que clarifiquen cómo, a manos de quién, ha muerto. Su actitud voluntariosa será reprendida por superiores y hombres más habituados ya, hastiados incluso. La escena es brutal, brutal y plomiza; comentarios bajos y degradantes, chistes, en torno al cadáver dan pie a lo que, ya sola, pudo ser su muerte. Para ello se sirve únicamente de su voz, de súplicas, de lamentos, de lloros, basta oírla para que uno se sienta sobrecogido, violentado, pudoroso, dolido, avergonzado. Sin ser precisa una sola acción, un solo gesto, basta oírla. Las súplicas y lamentos de la mujer muerta y un listado de los nombres de las mujeres asesinadas aturden finalmente al espectador. Cuando uno piensa que no es posible, que no pueden ser tantas las mujeres asesinadas, cuando uno se siente verdaderamente abrumado la sucesión de nombres no ha hecho más que empezar.</p>
<p><EM>La parte de Archimboldi</EM>. Desvela los que fueron los pasos del soldado que se hace llamar Archimboldi. Figura pétrea, inánime, que únicamente percibimos en la distancia, fotograma a fotograma. </p>
<p>Lo cierto es que a <EM>Rígola</EM> le debo ese espléndido “<STRONG>Largo viaje hacia la noche</STRONG>” que tuve ocasión de ver en el Teatro Abadía. Por cierto, uno de los actores que vi entonces asistía como público, <EM>Israel Elejalde</EM>, también, <EM>Francesc Orella</EM>... presentes ambos en “<STRONG>Un enemigo del pueblo</STRONG>”... el mismo <EM>Alejandro González Iñárritu</EM> compartía asiento en el patio de butacas. Lo que para mí no dejaba de ser una extraordinaria circunstancia. De algún modo el poder compartir, aunque sea como público, la vivencia con aquellos que no me han sino emocionado es poco menos que mágico. </p>
<p>En suma el programa de <STRONG>El Grec</STRONG> resultaba especialmente sugerente, alguna de las obras que no pude ver entonces espero poderlas ver en esta temporada que entra, <STRONG>Fedra</STRONG>, también presentada en el <STRONG>Festival de Mérida</STRONG>, me pongo en manos de <EM>Mayorga</EM> y confiado me tragaré el prejuicio e iré a verla a pesar de Fran Perea. Temporada que se presenta más que atractiva con un plantel del <STRONG><A id=link_0 title=http://www.madrid.org/fo2007/es/index.html href="http://www.madrid.org/fo2007/es/index.html"><STRONG>Festival de Otoño</STRONG></A></STRONG> que ya ha sido presentado, día 10, ojo que para algún espectáculo casi no quedan entradas. Entre otras quisiera ver:<br />
<EM>Happy days</EM>, Nacional Theatre of Great Britain.<br />
<EM>El conquistador</EM>, The Lucidity Siutcase International.<br />
<EM>Espía a una mujer que se mata</EM>, Veronese.<br />
<EM>El maletín</EM>, Josep María Mestres.<br />
<EM>Il Ventaglio</EM>, Piccolo Teatro di Milano.<br />
<EM>Tirant lo Blanc</EM>, Bieito.<br />
<EM>The Grand Inquisitor</EM>, Théâtre des Bouffes du Nord, -y sí, ya tengo la entrada-.</p>
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