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¡pobre loco! ¡no sabe alimentarse de cosas terrenas! la angustia que le devora le empuja hacia los espacios y conoce a medias su demencia

18 Septiembre 2007

Me paré, a secas

Despojado, sí, ha oído bien usted, así es como me siento... veo cierta sorpresa en su rostro, quizá piense que tiene cosas mejores que hacer que hablar con un desconocido... No, no diga nada, al menos aún, déjeme explicarle. No, no me malinterprete, no es que no me interese, es que, en fin, son varios los días que le he visto en esta línea y, no me pregunte porque le he cogido confianza... No, por favor, no se levante, aún le quedan cuatro paradas hasta su destino... No me mire así, es simplemente, que yo voy un poco más allá y casualmente lo hacemos a esta misma hora. Qué tiene que perder, ande, siéntese.

Le decía, confianza, sí, por extraño que resulte le he cogido confianza, despierta usted confianza, se le ve seguro, sensato. No sé, los ojos grandes, la expresión atenta y viva. Disculpe, ha sido algo completamente fortuito, yo no pretendía que las cosas se sucedieran así, pero, de veras necesito hablar con usted. No crea que yo mismo no me encuentro extraño, llevo unos días meditando los pros y los contras de hacerlo... Obviamente, me considerará un loco, yo, en su lugar así lo hubiera hecho. Pero ya ve que resulto poco menos que inofensivo, al menos para los demás. No, por favor, no pretendía asustarle... Discúlpeme, son los nervios, fíjese me sudan las manos, no tendrá un pañuelo, por cierto... No, uno de papel será suficiente.

Pero, vayamos al asunto, no hace tanto iba y venía tal cual podía hacerlo usted, tenía mis responsabilidades, mis ocupaciones, un trabajo fijo, el aprecio de mis compañeros... Mire, aquí tiene, la de la derecha es mi mujer, Adela, y estos de abajo son mis hijos, Laura y Rodrigo, lo fueron todo para mí... ¡Oh! No, no... Gracias, ya está. No será necesario, ya se me pasa... Bueno, gracias, le agradezco los pañuelos.

Esto, acaso, es todo lo que queda de entonces, una foto familiar, no me pregunte, no recuerdo que estábamos celebrando... Ja... Ja, ja... ¡Ay! Dios mío, mire que pinta. Y, sí, mire, este reloj, me lo dieron a los veinticinco años en mi empresa, ya no da la hora y ha perdido el lustre de entonces, era... ¡Es, un buen reloj! he leído que los astronautas lo utilizan en las misiones espaciales.

Entonces, todo era distinto, se lo dije, yo he tenido una vida plena, como usted, como cualquiera de estas personas. Se sorprendería, nunca pensé que pudiera verme así. Creí haber alcanzado la felicidad; una familia, un buen trabajo, pero, todo fue haber llegado y no supe ni cómo ni por dónde continuar. Me quede inmóvil, ¿sabe? ¿Qué he hecho en la vida? Me preguntaba. Me resultaba imposible tomar ninguna decisión, no sentirme atemorizado, todo aquello por lo que había luchado, no sé, a ver si me entiende, se desvanecía... Corría el riesgo de perderlo todo... O quizás, no había conseguido nada y apenas tenía ningún valor, ¡Agh!

Ella, Adela, fue paciente y muy comprensiva, lo fue hasta que traté de encontrar refugio en otra persona... Creí que el problema era ella. Estaba equivocado.

No supe qué hacer, no sentía haber hecho nada, era desolador, no tener objeto alguno... Sí, perseguir la nada. En el trabajo cualquier tarea por pequeña que fuera me resultaba ardua y compleja. Procuraba llegar una vez los niños estuvieran acostados, me mostraba evasivo con ellos, cuantas veces corrían alborozados hacia la puerta cuando me oían llegar y yo secamente les pedía silencio... ¡Qué no daría yo por volver a escucharles una vez más!

Me acechaban constantemente las dudas, una forma de desidia. Mi trabajo me permitía vivir muy por encima de mis posibilidades, en un principio no llamaba la atención, incluso se percibió como síntoma de valentía. Sin embargo con el tiempo me mostraba imprudente, temerario, perdía los nervios con facilidad, ya sabe. Me dejaba llevar y me comportaba de un modo extraño, por momentos parecía otra persona, una que me gustaba más. Quería creer que esa otra persona sabría tener una respuesta. Empecé a frecuentar las amistades de un compañero al que debía sacar cerca de veinte años.

Sólo me interesaba por el plan de esa noche, a quién conoceríamos o si iba a ir tal o cual amiga. No tardaría mucho tiempo antes de que mi trabajo se viera resentido, un par de remesas que no llegaron a Bremen, facturas que no terminaban de cuadrar... Bueno, ya se imaginará.

Hice muchos amigos, los mismos que tiempo después, apenas me dirigían la palabra sino para preguntarme que tomaría. Adela ya no estaba y eso me daba aún más opciones.

¿Qué ocurrió? Me paré, a secas. No encontré motivo por el que seguir. Dejé de andar. Una fuerza, una falta de ella mejor dicho, me atenazaba, me impedía continuar, era incapaz de dar un paso más, acababa de salir, era de noche, hacía frío y, una vez rebasado el portal de entrada era incapaz de dar un solo paso. No sé el tiempo que pude permanecer allí, en pie, con la vista perdida. Inánime. ¡No sucedía nada! Nada dentro de mí me impulsaba a seguir, no ocurría nada, si no hacía nada, no pasaba nada, ¿lo entiende? Era como el espacio de aire que ocupaba, no sabía que me había llevado hasta ese instante y, desde entonces, permanezco anclado a ese momento, no hay antes, tampoco después.

Por eso acudo a usted, llevo tiempo observándolo, usted ha de saberlo, dígame, ¿Por qué continúa? ¿Cómo tiene la seguridad?

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

sergio edgardo malfe

sergio edgardo malfe dijo

Hola, sino te atrista.
"Me paré..." es la lectura precisa para el comienzo de otra semana ( ! ). Un señor arrojado, dentro de un reloj que le dejó de funcionar. Quizá porque quiso revisar su maquinaria, dudando de la desolación, cosa tan real. Y el desolado de junto en el bus: ¿estaría soñando con el dudador?. Soñemos como arpa vieja; el bus tiene una panne, soñada o no. ¿Cómo proseguir?.
Tal vez con Buenas Jornadas.

24 Septiembre 2007 | 07:50 AM

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-yo creo que te comprendo – dijo la maga, acariciándole el pelo -. vos buscás algo que no sabés lo que es. yo también y tampoco sé lo que es. pero son dos cosas diferentes. eso que hablaban la otra noche… sí, vos sos más bien un mondrian y yo un vieira da silva.

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