Cuéntame como vives, como vas muriendo...
Cuéntame cómo vives;
dime sencillamente cómo pasan tus días,
tus lentísimos odios, tus pólvoras alegres
y las confusas olas que te llevan perdido
en la cambiante espuma de un blancor imprevisto.
Cuéntame cómo vives;
ven a mí, cara a cara;
dime tus mentiras (las mías son peores),
tus resentimientos (yo también los padezco),
y ese estúpido orgullo (puedo comprenderte).
Cuéntame cómo mueres;
nada tuyo es secreto:
la náusea del vacío (o el placer, es lo mismo);
la locura imprevista de algún instante vivo;
la esperanza que ahonda tercamente el vacío.
Cuéntame cómo mueres;
cómo renuncias -sabio-,
cómo -frívolo- brillas de puro fugitivo,
cómo acabas en nada
y me enseñas, es claro, a quedarme tranquilo.
-Gabriel Celaya-
Gracias por existir, por estar siempre ahi, por tener siempre la palabra correcta en el momento adecuado, el abrazo cuando flojeo, por hacerme poner los pies en el suelo cuando me da por levitar, por traerme a la realidad cuando me vuelvo autista, por escucharme y comprenderme, por cuidarme sin cortarme las alas, por las notitas de las mañanas, por abrirme las puertas de tu casa, de tu vida, por ofrecerme todo lo que tienes y eres, por ser como eres y devolverme la fe, por seguir siendo un niño pese a todo y proteger la niña que soy yo también, te quiero un huevo tio.
-lamanu-

Estherifubia dijo
Siempre es bueno tener alguien que nos cuide de esa forma.
6 Septiembre 2006 | 09:29 AM