Laotsé y el bibliotecario
Eran tiempos antiguos: los bibliotecarios eran entonces sutiles, misteriosos, profundos, receptivos.
La profundidad de sus conocimientos, insondable.
Porque era insondable no conocemos más que su imagen.
Vigilante, como un jefe ante una auditoría.
Alerta, como un oficinista ante una evaluación de rendimiento.
Cortés, como el personal subalterno tratando con la mujer del jefe.
Complaciente, como un empleado de mantenimiento persiguiendo un murciélago.
Sencillo, como un edificio bien planeado.
Hueco, como un negociado adminstrativo.
Opaco, como la política presupuestaria.
¿Quién calladamente espera mientras el fango avanza?
¿Quién aguanta hasta justo el momento de la acción?
Aquéllos que permanecen en la biblioteca no buscan sentirse realizados.
No buscando sentirse realizados no les agita el deseo de cambio.
[Publicado originalmete en febrero de 2006 en Xanga]

Graviter et iniquo animo maledicta tua paterer, M. Tulli, si te scirem iudicio magis quam morbo animi petulantia ista uti. sed cum in te neque modum neque modestiam ullam animadverto, respondebo tibi, ut, si quam male dicendo voluptatem cepisti, eam male audiendo amittas.
C. SALLVSTI CRISPI