Ayer hablamos mucho antes de dormir acerca de nuestro sexo, de lo que nos gusta y nos enciende. De las ocasiones inolvidables, de las miradas delatadoras en público, de las fantasías que hemos hecho realidad...

En fin, abrazada a EL, luego del beso de las buenas noches, nos quedamos recordando muchos momentos importantes en nuestra historia.

- Por qué te gusta tanto mi sabor? - Le pregunté-

- Porque cuando te calientas tu sabor cambia, sabes a dulce y en ese momento sé que queda poco para que me pidas que te clave.

- Jajajaja.. En serio? Pues debo confesarte que tu lengua es maravillosa.

-Y te gusta que te la chupe?
-Mmmmm tu que crees?

-No se, dime tu...Me dijo con una sonrisa pícara mientras me daba un beso en la frente.

- Me enloquece, me gusta que te dediques a ella, que la recorras con tu lengua, que me mojes y te saborees, me gusta verte entre mis piernas,me gusta que cierres los ojos porque se que piensas en lo mucho que te gusta tener tu lengua dentro de mi. Dime en qué piensas cuándo lo haces?

- No pienso Isabela, solo te siento, siento tu sabor a hembra, siento como te estremeces, como me aprietas, siento tus gemidos, siento que eres mia, te siento mia. Y solo me dentengo porque tu me lo pides. No te has dado cuenta que siempre eres tu quien me dice "Ya no me aguanto más, métemela"

- Jajajaja... si es verdad. Y si no te lo pidiera?

- Mmmm.. Eso es poco probable Linda. Te conozco y se que no puedes aguantarte. Pero me encanta que me lo pidas. Mira, es algo que disfruto mucho y que hago porque me gusta. Me gustalamerte comoun helado. Tu cuerpo se tensiona, tu te enloqueces y eso me emociona, te conviertes en una gatica, es más gimes igual que una gata en celo. Me gusta que la pongas en mi cara, me gusta olerte, me gusta comerte.

En ese momento, luego de escuchar todo esto, era inevitable no tener ganas de sentir su lengua entre mis piernas, lo besé con toda mi fuerza, lo miré y le dije:

-Adivinas qué quiero?

- Si .. lo se. Pero pídemelo, dime qué quieres.

- Quiero que me la chupes y no quiero aguantarme las ganas.

Y entonces siento su aliento cálido, soplando, me saborea despacio, pasando la lengua alrededor, y tal como lo recordábamos hace unos intantes comienza a lamerme como un helado. No puedo evitar gemir como una loca. Abre sus ojos, me mira y me dice:

- Ahí está mi gatica.