Bien. Cumpliendo promesas...
El viernes cogí el teléfono, y volví a marcar su número, por segunda vez en menos de un mes. Sí, lo hice... pero nadie respondió mi llamada. Nadie me dijo nada al otro lado. Solo ese contestador de nuevo.
Tampoco sabía que decir, no... pero sí que tenía que hacerlo.
Renato... hablé con Renato. Sus ojos oscuros me miraron como cuando intenta no reírse, pero no puede evitarlo. Y esa sonrisa en sus labios me dijo que no había hecho nada malo.
Lo sé... a día de hoy nunca os he hablado de Renato. Y eso que es una de las personas más importantes en mi vida. Él es diferente. Es una de esas personas que entran en tu vida y vas queriendolas cada día un poco más. Es como si fuese mi hermano mayor, ese que no tengo. Y también es amigo de Jordi.
Es el hombre en que más confío. Fué el primero a quien le dije en voz alta lo que sentía por Jordi. Fué quien me animó a ir a Santander. Y quien me dijo que todo saldría bien. Sí... y si no, siempre estará Renato. Él siempre está ahi, para mi.
Me miraba como siempre, con esa sonrisa.
-Para que lo sepas y estés al día... ayer le volví a llamar, pero no contestó al teléfono- me río nerviosa. Le miro con las mejillas sonrojadas y veo como su sonrisa se ensancha y me mira entre sorprendido y satisfecho.
-Pues vuelve a llamar- dice con esa tranquilidad que solo él tiene. Por que Renato nunca se enfada. Renato tiene paz y hace sentir bien a los demás. Si.
-Pero... no resultaré pesada?- digo nerviosa.
-No- se rie -Es Jordi...-
-Bueno, está bien, pero por que lo dies tú y yo siempre te hago caso- digo agachando la cabeza. Sí, vuelvo a parecer una niña pequeña a su lado.
Él sonríe satisfecho. Parece super orgulloso de que por fin no me comporte como una niña tímida, o como si se alegrase de que por fin me arriesgase con algo. No sé. Él siempre dice lo justo, no necesita nada más.
Bueno... habrá que arriesgarse entonces. Sí.