11 Febrero 2008
Queridos amigos, antes que nada quiero daros las gracias por vuestra comprensión y vuestro apoyo, que aunque en silencio y a cierta prudente distancia, lo he sentido, y mucho. En mayúsculas lo pongo: GRACIAS!!!
Ayer mismo hubo una nueva muerte en la familia de Stigia, esperada, ésta sí, pues era una mujer desahuciada, una paciente terminal, pero aún así, con la acumulación de mala suerte, noticias funestas, desgracias y malas vibraciones que están teniendo, cayó como una losa sobre ellos, también sobre mi amor, que aunque se mantenga más o menos entera, últimamente no levanta cabeza.
Tengo mono de postear, de leeros, mono de blog. Pero quiero respetar la voluntad de Stigia de no detallar las circunstancias trágicas que la están rodeando últimamente, no más allá de unas leves pinceladas como las del párrafo anterior. Es su vida y su dolor, y si ella quiere guardárselo para sí (O mejor para nosotros, pues igual que hemos compartido momentos de felicidad también ahora estoy compartiendo éstos infelices) y no exponerlo al público, aunque sea un público virtual como vosotros, no queda otra que respetarlo. Comprendo perfectamente que no quiera hacer exhibición de su malestar, hay cosas que ella siempre ha preferido ventilar en privado.
Podría seguir con este mismo blog redactando artículos de mera opinión desprovistos de toda referencia personal, pero sería como traicionar su espíritu. Aquí he contado y compartido con vosotros momentos especiales, buenos y malos, de mi vida y mi relación, y ni quiero ni puedo borrarlos, ni quiero ni puedo olvidarlos y seguir sin más como un cronista social o comentarista político. NO. Dejaré este blog tal cual, con sus vivencias intensas y sus experiencias buenas y malas, pero siempre edificantes, a la espera de que mejores tiempos me permitan reanudar la narración de mi vida sin que desgracias varias tiñan el relato de tonos fúnebres y malos augurios.
Como sin embargo no puedo sustraerme a expresar mis opininones y puntos de vista, menos en estos días en que la próxima cita electoral provoca un debate encendido y contínuo sobre todos los aspectos sociales y políticos imaginables (Y eso que aún no ha empezado oficialmente la campaña!), he abierto un nuevo espacio donde expresaré mis ideas y pensamientos, eso sí, sin referencias personales.
Podéis encontrarme en www.lacoctelera.com/ixusy también en juanbergu.blogspot.com para los que prefieran blogger. Ambos blogs son gemelos, y los artículos son los mismos en uno y en otro.
NOTA 11/02/08 19:30: Por fallos reiterados en el blog que había creado esta mañana con identidad Vrenus, me veo obligado a crear una nueva casa (Y ya van...) bajo la identidad de Ixus. Siento causar molestias a quienes me habíais comentado y añadido como amigo, os avisaré individualmente!!!
Nos seguiremos leyendo y comentando. De nuevo gracias por vuestro apoyo, y hasta pronto!
servido por Janton
11 comentarios
compártelo
favorito
7 Febrero 2008
Han pasado tantas cosas y tan malas, todas juntas... Llevo días sin publicar, y aunque ciertamente no he tenido mucho tiempo para hacerlo, no es solo falta de tiempo, lo reconozco, también hay una apatía, un desánimo, una cierta desesperación incluso, que me priva de las ganas suficientes y necesarias para seguir contando mis vivencias. Del gusto por escribir, del ansia que me hacía aprovechar el más mínimo resquicio de tiempo para redactar un artículo en que reflejar los avatares de mi vida, he pasado al anquilosamiento mental de la apatía, al "ya lo escribiré otro día con más tiempo", a la pereza y la desgana. Supongo que me canso de contar desgracias y sinsabores. Y ojo, no es por vosotros, sino por mí. Me habéis demostrado repetidas veces vuestro apoyo, cada vez que contaba algo negativo, y os lo agradezco infinito, pero me niego a seguir cargando sobre vuestros hombros esta especie de penitencia, mi blog se estaba pareciendo cada vez más a un memorial de agravios, y no es eso, sinceramente, eso no es...
No es que espere en un futuro inmediato que mi vida se vuelva de color de rosa, pero tal vez tras un tiempo en barbecho me vuelvan las ganas, me posea de nuevo el ansia de escribir, y reanude el relato en este punto exacto donde lo interrumpo. No pienso en una suspensión definitiva del blog, y por eso lo he titulado suspensión provisional, creyendo en un futuro no se cuan lejano, esperando y deseando volver algún día a proseguir el hilo de mis pensamientos y experiencias. Pero ahora, de momento, me paro aquí. Ya me he parado, de hecho. Desde el último artículo, han pasado muchas cosas y me siento sin fuerzas para contarlas. Mejor pues detenernos antes de agotarnos, reflexionar, descansar, y en su caso volver con la mejor disposición y ánimo.
Os seguiré leyendo, seguro, pues dudo que pueda prescindir de vuestra compañía virtual, pero dudo que llegue a comentar nada, me parece incoherente hacer comentarios si no se redactan artículos. No sé cuando volveré a salir a la luz. Ahora, de momento, me ocultaré entre las sombras, en el que parece ser mi sitio... Gracias de nuevo, gracias infinitas a todos por vuestro apoyo y vuestro cariño. Hasta pronto.
servido por Janton
10 comentarios
compártelo
favorito
31 Enero 2008
Después de una durísima sesión de cuatro horas con el grupo de preparación de oposiciones, trabajando con mucha intensidad uno de los temas más áridos de nuestro temario, nada me apetecía más que cenar con Stigia en su casa, tal como habíamos quedado. Nos fundimos en un largo beso en el andén de la Línea 1 de la estación de metro de Universitat, lo que provocó ciertas miradas envidiosas a nuestro alrededor, y nos subimos entre risas al primer convoy que pasaba en dirección Hospital de Bellvitge. Ni cinco minutos nos duró la felicidad. Apenas saliendo de la estación de Urgell rumbo a la de Rocafort sonó su teléfono móvil, y, al ver en pantalla el nombre del llamante, curiosamente la primera reacción de Stigia fué alegrarse."¡Hola!" saludó efusivamente en alegre tono. Fué lo único que dijo. Dos segundos más tarde su sonrisa se congeló en el rostro, convirtiéndose en mueca, y clavó en mí, aunque sin verme, una triste mirada cubierta de un velo de oscuridad. Supe que el Ángel de la Muerte que la ronda estaba cerca, podía sentir su frío aliento en mi nuca, y me volví con ganas de escupirle a la cara, pero, naturalmente, no lo ví. Tres mujeres asiáticas hablaban en voz alta en su indescifrable idioma en un extremo del vagón. Dos parejas de mediana edad se hacían confidencias en un grupo de cuatro asientos. Cinco o seis jóvenes reían y bromeaban en el otro extremo. Un par de solitarios, con traje y corbata y aspecto cansado, leían el periódico. Pero del Ángel de la Muerte, ni rastro, aunque sin duda estaba cerca, riéndose de nosotros, protegido por su invisibilidad.
Primero, hace un año, fué la operación de su madre, y la posterior rehabilitación, extremadamente larga y dolorosa. Luego, el diagnóstico de cáncer de su padre, las pruebas, las dudas, las incertidumbres y por fin la gélida certeza de una sentencia de muerte no se sabe por cuanto tiempo aplazada. Y los horribles ciclos de quimioterapia, y ese mes de Julio separados, con ella acompañándole en A Coruña, viviendo a su lado las duras sesiones diarias de radioterapia. Y volviendo de A Coruña a los Ancares un viernes por la noche, el accidente de coche en una curva cerrada, cerca ya de Navia de Suarna, del que salieron ilesos por puro milagro, pues el Toyota de su tío Luis quedó siniestro total. Y luego, en verano, la muerte súbita de su tío Manuel, a quien un vecino que iba a faenar a su huerto halló tendido sin vida, solo y agarrotado, en el empinado camino que sube hasta Quintá. Más tarde, un nuevo diagnóstico de cáncer, el de su tío Eugenio, éste con mejor pronóstico, pues la próstata hoy día se cura en la mayoría de los casos, aunque no deja de ser cáncer. Y luego un tercer caso en la familia, el de la madre de su cuñada, a quien se lo han detectado en una fase tan avanzada ya que no le han dado ni seis meses de vida. Y luego la hija de la anterior, su cuñada Mari, la que tiraba de la familia en medio del temporal, a quien han tenido que extirpar totalmente útero y ovarios, recién cumplidos los cuarenta, y a quien a no dudar tendrán que volver a hospitalizar como no se cuide, porque ha abandonado su propia recuperación para hacer frente a la de todos los demás. Y una nueva muerte hace apenas dos semanas, la de otro de sus tíos, Antonio, que se precipitó al vacío cuando cedió la barandilla de una terraza de su casa, en la que estaba haciendo obras. Y ayer, finalmente, una nueva y dolorosa vuelta de tuerca, su hermano Jorge ingresado de urgencias, con crisis renal y hepática, con infección grave en la vejiga, y a la espera de nuevas pruebas para un posible peor diagnóstico de hepatitis o cirrosis...
Y naturalmente la cena no fué lo romántica que imaginábamos. Y no me importa eso en absoluto, porque hay que estar en los buenos y en los malos momentos, y porque puedo fácilmente empatizar con su dolor y desconsuelo. Es solo que tanta acumulación de desgracias en tan poco tiempo hace que ya la casualidad no me resulte bastante explicación. Será que me estoy volviendo paranoico. O será que, como me dijo a los catorce años mi entonces compañera de clase Carina, bruja descendiente de una antiquísima estirpe de brujas, tengo la facultad de "ver" más allá, frase que en su momento me resultó más bien hilarante, pues decirle a un miope como yo que "vé más allá" es como de mucha risa, sobre todo si tienes catorce años y poca molla en el cerebro, pero ahora mismo ya no sé qué pensar...
Un poco a disgusto, porque mi pasión por el coleccionismo de armas blancas no es algo que a Stigia le haga demasiada gracia, si bien sabe de sobra que una cosa es coleccionarlas y otra ser un fanático de su uso, entre otros regalos de Reyes añadió a mi colección una robusta navaja Muela con afiladísima hoja de buen acero 440. Hoy, como manda la secular tradición que de muy niño aprendí oralmente de mi abuelo, he grabado sendas cruces en ambas láminas de la oscura madera de boj de su empuñadura, y bañado por siete veces su filo en agua bendita, para luego secar cuidadosamente el acero con un paño de seda (Un buen filo de acero solo puede secarse en seda o en el cuerpo de un enemigo muerto, si no, se estropea). Si alguna vez el ángel de la muerte pierde su invisibilidad, o sobre todo, si descubro quien es el o la hideputa que le está echando mal de ojo a Stigia, me voy a llevar la Muela de paseo y le regalaré a mi amor un colgante con las orejas taxidermizadas de su enemigo/a, y esto, queridos amigos, es una promesa.
servido por Janton
10 comentarios
compártelo
favorito
26 Enero 2008
No es que tuviéramos grandes planes para la noche de ayer, hace ya tiempo que nuestros planes se ven siempre invariablemente condicionados por circunstancias externas, pero después de una semana tan jodida como la anterior, y después de un par de días muy cargados en ésta, se suponía que ayer noche debíamos aprovechar para "desintoxicarnos" por ahí. Sin embargo, Stigia ya me avisó a mediodía que no la fuera a buscar a la salida de su trabajo, porque debía ir al tanatorio. El Ángel de la Muerte ronda su familia, ya no me cabe duda, ¿Cuántos entierros ha habido desde el verano? Ni llevo la cuenta, y sí, son tíos y tíos abuelos, gente mayor, algunos enfermos de hace años, pero tanta acumulación... ya pasa de casualidad. Y su padre enfermo de cáncer (Aunque en el último TAC salía ya limpio, lo cierto es que no acaba de estar bien, ahora va teniendo crisis respiratorias como la que obligó a hospitalizarle y retuvo a Stigia allí todas las navidades...), y su madre que no quiere operarse porque no quiere pasar una convalecencia que le impida cuidarle, y su cuñada recién "vaciada" de útero y ovarios por los dichosos miomas y pólipos de los que la misma Stigia se está recuperando, aunque ella sin necesidad de haber sido operada (Espero que en la revisión del próximo Febrero el ginecólogo le dé ya el alta definitiva)... Sí, el Ángel de la Muerte huele su sangre desde hace meses, la ronda, y a mí me hace muy poca gracia, pero es de esas jugadas del destino que no admiten respuesta.
Stigia llegó a mi casa pasadas las diez, entera y resignada, pero inevitablemente triste. Llevaba las botas que le regalé po rReyes, y el vestido imitación de Dolce & Gabanna que se compró porque cuando se lo probó en una pequeña tienda de ropa medio hippy de la zona de Sagrada Família, a mí me gustaba cómo le quedaba, aunque ella no estaba muy convencida. Supe que se había vestido para mí, pensando en lo que a mí me gustaría que llevara para salir juntos, creyendo que disfrutaríamos de una noche de viernes por las zonas de ocio de la ciudad. Y sin embargo llegó sin fuerzas para recorrer la agitada noche barcelonesa, sin ánimo para copas ni bailes, y lo comprendí perfectamente, cómo no comprenderlo, y la abracé largamente, y la besé con suavidad, y no hizo falta decir nada más, me miró con ojos brillantes, y sonrió con tristeza, y solo dijo "me voy a poner el pijama".
Así que fué una noche hogareña y con largos silencios, porque también las ganas de hablar se pierden cuando solo puedes contar desgracias y sinsabores. Una de esas noches de sofá que al fin y al cabo son inevitables de vez en cuando. Cogí el mando de la tele, como en la foto que ilustra el artículo, que he sacado de un anuncio de sofás, y recorrí todos los canales sin encontrar nada que valiera la pena, así que al final lo dejé como ruido de fondo, sin prestar atención, concentrado en una Stigia que finalmente se había quedado dormida en mi regazo. La dejé dormir a gusto allí, mientras le acariaba el pelo. Fuera, en la calle, había un bullicio infernal, y todo eran gritos, voces estentóreas, cláxons y sirenas. Pero eso era afuera, al otro lado del muro de nuestro santuario, en ese mundo que a veces veo tan ajeno y tan lejano... Cuando ya hasta me dolían las piernas de su peso encima mío, la desperté con un beso. Le costó retornar a la plena consciencia, y me reí de su expresión de sorpresa y su mirada asustada de animalillo acorralado, mirando en derredor sin acabar de reconocer el lugar donde estaba. Entonces, la cogí en brazos, y la llevé a la cama.
Esta mañana desayunábamos en un bar en el que tomaban la última copa los últimos y más recalcitrantes noctámbulos que aún no habían acabado la noche anterior, y Stigia, mirándoles de reojo mientras daba vueltas a la cucharilla en la taza de café con leche, me ha pedido disculpas por haberme hecho quedar en casa anoche, en vez de salir como teníamos pensado. He puesto mi mano sobre la suya, y la he mirado con gesto severo, porque ya no debería ni pensar estas cosas. "Eres TÚ la que me hace estar bien, cielo. Me gusta salir CONTIGO, eso sí, pero si tú no estás en condiciones, no necesito nada que no tenga a tu lado en el sofá del salón, no quiero ni me interesa nada de lo que hay fuera". Y ella, de nuevo, ha sonreído, con toda la dulzura y la tristeza del mundo. y por un segundo, todo ha sido perfecto.
servido por Janton
7 comentarios
compártelo
favorito
21 Enero 2008
Estoy en el trabajo por sexta noche en siete días, y sí, lo reconozco, estoy más rayado que una cebra con uniforme presidiario. Oigo a mi izquierda a L. diciendo que tiene ganas de quemar a J. a lo bonzo, y a mi derecha a P. diciendo que si fuéramos budistas deberíamos asumir que hemos debido ser muy pero que muy malos en alguna otra vida para merecer tanto castigo en ésta... Navego por internet, al tun tun, para evadirme, y de repente me encuentro con un artículo sobre una de las palabras más versátiles de la lengua castellana: MIERDA (No es la más versátil porque existe COJONES, expresión de infinitas aplicaciones de las que hablaré otro día). Y pienso yo, "Esto me va al pelo para desahogarme de toda la MIERDA que me rodea!" Y claro, como me gusta compartir todo con vosotros, pues aquí tenéis, para vuestro solaz y también para vuestra reflexión, las principales (que no todas!) acepciones de la palabra mierda:
- Ubicación Geográfica: Vete a la mierda!
· Adjetivo calificativo: Eres un mierda!
· Escepticismo: No me creo una mierda!
· Deseos de venganza: Lo voy a hacer mierda...
· Resultado de un accidente: Se hizo mierda...
· Apuro: Dale, dale, mierda!
· Dificultades ópticas: No se ve ni una mierda!
· Sensación olfativa: Huele a mierda
· Deseos para nuestros contertulios: Iros todos a la mierda!
· Desconocimiento: Qué mierda es esto?
· Sorpresa: Oh, mierda!!!
· Exceso de velocidad: Se va a ir a la mierda!
· Resentimiento: No me regaló ni una mierda!
· Sensación gustativa: Esto sabe a mierda!
· Impotencia: Joder, no puedo parar esta mierda!!
· Ánimos: Apúrense con esa mierda!
· Desorden: Está todo hecho una mierda.
· Rechazo despectivo: Qué se cree esa mierda?
· Alquimia: Todo lo que toca se vuelve mierda.
· Interrogación: Qué mierda quieres?
· Valor intrínseco: No vale una mierda.
· Pensamientos racistas: Negro de mierda...
· Inutilidad: Y esto para que mierda sirve?
Da que pensar todo lo que se puede decir con una sola palabra, eh? En fin, disfrutad de la noche vosotros que podéis...
servido por Janton
9 comentarios
compártelo
favorito
18 Enero 2008
Creo que nunca hasta ahora había estado once días sin actualizar el blog. Tampoco nunca desde que abrí este espacio en junio (Seis meses ya! Cómo pasa el tiempo...) había realizado una tan larga y agotadora travesía del desierto. Una compañera con una reciente y dolorosa separación a cuestas me pidió un favor, y no pude ni quise negarme, aunque significara complicarme el calendario laboral hasta extremos irracionales. Todo sea porque pase el trance arropada por su familia, lejos, en su isla, ajena a las prisas y sinsabores de esta Barcelona gris, contaminada y corrupta, en la que tendría que enfrentarse a ese momento especialmente duro en el que quien ha sido su compañero durante años desmantele el piso que fué vivienda común. Que lo haga, sí, pero sin que ella lo vea ni lo viva. No me arrepiento de haberle cambiado turnos para ayudarla, aunque haya significado pasar dos semanas de guardia casi permanente, saltando cual alegre grillo cantarín de un equipo a otro, noche tras noche, hasta formar parte del mobiliario de la oficina. Como en toda travesía del desierto que se precie, ha habido momentos de desánimo, y hasta de desesperación. Ha habido espejismos, y encantamientos, y encuentros extraños con viajeros más extraños aún. Pero he aprendido mucho, y vivido mucho, y todo lo doy por bueno. Al menos hoy, optimista tras descubrir que un jueves cualquiera, ayer mismo sin ir más lejos, puede convertirse en un oasis, en un remanso de paz y felicidad, de amor y ternura, en un trocito de paraíso. Porque anoche viví mi solitario día de fiesta, corto interludio antes de un nuevo fin de semana de trabajo, y aunque ese oasis en medio del árido desierto me supiera a poco, no puedo decir que no lo aprovechara, que no exprimiera hasta la última gota del agua fresca y cristalina de su manantial...
Ayer concentramos en un solo día todos los días que hubiéramos debido pasar juntos, Stigia y yo, y tuvimos Reyes atrasados, y rebajas rebajadísimas, y cena íntima con velitas, y noche de pasión juntos y revueltos, y un tierno despertar en este viernes que vuelve a ser triste, aunque tal vez no tanto si recuerdo el calor y la tibieza de su cuerpo desnudo cuando la abracé a primera hora, justo después de abrir los ojos, justo antes que el radioreloj despertador nos volviera a la realidad cotidiana, y se giró en una extraña postura, medio vuelta hacia mí y medio girada hacia el otro lado, y me dijo tras ese primer beso del día, dulce y fugaz "Hace rato que quería levantarme pero me he estado aguantando porque sé que te gusta despertarte a mi lado y no quería dejarte solo en la cama..." Y después de esa frase que solo en apariencia es simple, pues encierra en su interior toda una profunda declaración de amor, aún me dió tiempo a besarla una segunda vez, algo más dulce y algo menos fugaz que la primera, antes que ella ya no pudiera retener más sus líquidos y saliera disparada hacia el baño, cuando ya la voz grave y entonada del locutor de la emisora de noticias que tengo programada en el despertador empezaba a desgranar los titulares del día.
Esta noche retomaré la travesía del desierto donde la dejé el jueves por la mañana, un desierto repleto de trampas y peligros. Podría contaros cosas para no creer de las semanas pasadas, gente del Comité de Empresa (No compañeros, aunque debieran serlo, solo "gente" en la acepción más despectiva de la palabra) que ya no oculta que se ha vendido, que convoca reuniones a las que no soy invitado para que no exprese mi opinión disidente, que se reúne por sorpresa con la Dirección y pacta vergonzosos acuerdos con humillantes condiciones que son una capitulación más que un pacto y que sin embargo por su condición de legales representantes de los trabajadores nos acabarán vinculando a todos nos guste o no... Y rumores malintencionados circulando de departamento en departamento, extendiéndose como mancha de aceite y fomentados para mi sorpresa y para mi mal (lo tengo claro, con pruebas más que sobradas) por alguien que gozaba de mi confianza, sin ser merecedor de ella. Y más cosas de las que no quiero acordarme, que tampoco se trata de convertir este blog en un Memorial de Agravios. Semanas para olvidar bajo el abrasador y traicionero Sol de Satán. Y un solo oasis en todo el camino, ese jueves que ni teniendo 48 horas hubiera durado lo suficiente...
Ah, pero al menos, cuando esta noche regrese a las ardientes arenas de ese desierto laboral del que ya estoy haciendo planes para escapar cuanto antes, tendré armas con las que antes no contaba, una bien repleta cantimplora de fresca agua de ese oasis que me calmará la sed que me provocan las mentiras y me curará las quemaduras que me producen las traiciones, incontables recuerdos y dulces ensoñaciones para aislarme del corrupto ambiente a mi alrededor, y un pañuelo empapado en su perfume para no olvidar su aroma en medio de las numerosas y mortíferas tormentas de arena que nos azotan... No temo las maldiciones del desierto tras haber conocido las bendiciones del oasis del que si nada irreparable ocurre volveré a disfrutar a partir del lunes. Cuando peor lo esté pasando, pensaré en Stigia, y sabré a ciencia cierta que ella, esté donde esté, estará igualmente pensando en mí.
servido por Janton
6 comentarios
compártelo
favorito
6 Enero 2008
Nunca había sospechado de la actitud de L. Tampoco había tenido motivos antes para sospechar, ni tiempo ni ganas para buscar esos motivos. Pero ahora que el ambiente en mi empresa se acerca peligrosamente a un reality-show, ahora que gente aparentemente normal planifica y ejecuta extrañas estrategias y crueles boicots, y los que parecían tranquilos y equilibrados protagonizan las más irracionales idas de olla, ahora es buen momento para replantearse todo lo replanteable. Ayer a última hora del turno, o sea, para que me entendáis los "diurnos", a primerísima hora de la mañana, L. se comió un plátano, y seguidamente escenificó con todo lujo de detalles innecesarios lo mal que le había sentado el plátano, y lo girado que tenía el estómago. Y de repente una bombilla se encendió sobre mi cabeza. Porque L. no vino a trabajar la noche del viernes por indisposición (Según ella, había vomitado en un McDonalds, lugar por otra parte bastante a propósito para echar la pota...), pero sí había venido las tardes de miércoles y jueves en que se había apuntado a turnos extra. Y vino ayer sábado, Noche de Reyes, festivo navideño de los especiales pagado también a precio especial. O sea, que el único día que se encontró mal y no pudo venir, es el que estaba pagado a precio normal, mire Ud. que suerte. Y esta mañana, tantos aspavientos... se me hace bastante teatral todo, preparación del terreno para darse de nuevo de baja esta noche, que también es de las "normales"... Si finalmente no viene, aparte de cagarme en sus muertos, porque va a dejar bien cojo el equipo en una noche que se anuncia complicada, disminuirá más si cabe mi ya escasa fé en que en algún lugar quede algo de honradez atesorada...
Tensionados ya todos por el aumento exponencial del volumen de trabajo que tenemos desde antes de fiestas, y por la falta de criterio y la inutilidad general de las medidas tomadas por Dirección para hacer frente a esta punta de trabajo, solo ha faltado la nómina de Diciembre para que el stress mute en cabreo, cuando no directamente en rabia, provocando como en toda situación de rebote generalizado una apatía igualmente generalizada que a su vez redunda en una pérdida aún mayor de calidad. Un círculo vicioso que si alguien de arriba no logra romper, nos conducirá al abismo. Y es que en esta última nómina del año 2007 nos han efectuado la regularización de fin de ejercicio de las retenciones a cuenta del Impuesto Sobre la Renta, y como esta regularización coincide con el més de los festivos especiales mejor pagados, el resultado ha sido de escándalo: A mí me han estado reteniendo un 13% mensual durante todo el año, y en esta nómina he pasado a una retención del 24%, con lo que el mes que más debía cobrar me han ingresado menos dinero que en Noviembre. Una verdadera putada. El caso más extremo e injusto lo viven quienes durante Diciembre han aceptado muchos turnos extra aprovechando las vacaciones universitarias, esperando ahorrar una pasta para remontar la cuesta de enero: Sus retenciones han llegado a superar el 35%, con lo que habiendo trabajando diez o doce días más han cobrado menos que quienes no han hecho ni un solo día extra!!! Imaginaos las ganas que le ponen y la motivación que tienen ahora para hacer bien las cosas...
Y a todo esto, hoy es la Epifanía del Señor, uséase, la fiesta de Reyes, el último rito consumista navideño antes de meternos de cabeza en el mes consumista (Creo yo que más sincero, consumista porque sí, sin escudarse en liturgias, tradiciones ni monsergas...) de las Rebajas de invierno. Y no, no he tenido ningún regalo. Aparte que ayer pasé la noche despierto, y ya se sabe que los Reyes solo dejan regalos a los nenes buenos que se acuestan pronto, hace ya muchos años que tanto con Stigia como con mi familia decidimos que no íbamos a pagar un 30% más caro un artículo solo por comprarlo dos días antes de iniciarse las Rebajas, así que cualquier regalo esperará hasta la semana que viene. ¿Demasiado práctico para ser ilusionante? ¿Demasiado poco romántico para ser bonito? Tal vez, pero qué queréis que os diga, barato sí que es bastante más barato, y después del palo de la retención tributaria, no estoy para demasiadas ilusiones ni romanticismos...
NOTA DE ÚLTIMA HORA (07/01/08 02:10H.) Efectivamente y como me temía, L. se ha dado de baja por "problemas gastrointestinales". Me llena de satisfacción (triste, pero satisfacción al fin y al cabo) ver que la gente es tan mentirosa y deshonesta como uno espera que sea...
servido por Janton
10 comentarios
compártelo
favorito
3 Enero 2008
A las 21.00 horas del lunes 31 de Diciembre, abrigado hasta las pestañas porque la noche era de perros, y nervioso como una debutante vienesa justo antes del primer vals, me subí en la parada del Corte Inglés de Plaza Catalunya al Aerobús 536, que siete minutos más tarde partía rumbo al aeropuerto del Prat. Aparte del conductor, en el inmenso vehículo de tres ejes y setenta plazas solo viajábamos un hombre de unos treinta años, todo vestido de negro, con la cabeza afeitada, y la mala costumbre de hablar a gritos por un teléfono móvil de última generación en alguna desconocida lengua indostánica, y el que suscribe. Barcelona se preparaba para una larga noche. La Plaza Catalunya estaba literalmente tomada en sus cuatro costados por patrullas de la Guardia Urbana, y por doquier se veían grupos de jóvenes portando gorros ridículos y las consabidas bolsas de cotillon, algunos ya bastante borrachos a aquellas tempranas horas. Calle Entenza arriba, una especie de procesión de antorchas bajaba hacia la Avenida de Roma desde la altura de la cárcel Modelo, dando un toque fantasmagórico al panorama ya un tanto desolador de calles desiertas, gélidas ráfagas de aire siberiano barriendo ululantes las aceras, y sirenas azules de vehículos policiales rasgando aquí y allá la negrura de la noche. La autovía de Castelldefels estaba tan absolutamente vacía de coches que un trayecto que normalmente lleva cuarenta minutos lo hicimos, sin correr, en menos de veinte.
Quiero agradecer aquí públicamente al comandante del vuelo VY1191 procedente de Santiago de Compostela sus ansias de celebrar la nochevieja. Esas ansias hicieron adelantar la salida del vuelo una vez estuvieron todos los pasajeros embarcados, de modo que por rara excepción en la historia de la aviación comercial española, el vuelo no solo llegó a tiempo, sino que se adelantó casi media hora! Me reencontré con Stigia en el inmenso hall de la Terminal B, por el que solo pululaban algunos turistas japoneses despistados y un par de vigilantes de seguridad con cara de circunstancias (Vaya putada, tocarles trabajar esa noche...) No hubo grandes aspavientos, ni palabras enternecedoras, no hacían falta. Estábamos juntos después de diez largos días llenos de incertidumbre, a su padre le habían dado el alta hospitalaria por la mañana, y todo volvía a encajar en su sitio, o casi.
La insistencia de su hermana en irnos a buscar con el coche en vez de coger el Aerobús de vuelta hizo que perdiéramos tontamente tres cuartos de hora... Total, llegamos a su casa pasadas las 23.30 y sin nada preparado. Contentos pero muertos de frío y sin demasiadas ganas de fiesta. ¿Resultado? Sopinstant. Sí, así como suena, y sé que es una cena un tanto pobre para nochevieja, pero... La verdad, nos sentó de muerte, seguramente mucho mejor que a toda la gente atiborrada de carísimas viandas que al día siguiente sufrieron las consecuencias de sus excesos. Una sopa calentita bebida en su correspondiente tazón, y el tiempo justo de preparar las uvas en dos platos de postre justo antes de iniciarse la retransmisión de las campanadas desde la Puerta del Sol. Después, brindis con cava, más por el reencuentro que por un nuevo año que de momento se presenta con más dudas que certezas y con más sombras que luces, al menos en mi caso. Poco más tarde llegó su hijo, que había cenado en casa de su padre, de la cual marchó nada más tomar las uvas, pues al día siguiente, uno de enero, tenía guardia de doce horas en el hospital. Nuevo brindis los tres juntos, y un breve (Pero intenso!) viaje en metro desde su casa a la mía, un metro atestado de toda clase de borrachos vociferantes, en el que nos sentimos, aparte de sardinas en lata, que así es como uno se siente habitualmente en el metro, los únicos seres sobrios de la Tierra en aquel instante.
Todo ese ajetreo de aquí para allá, la cena miserable, el aliento apestoso a alcohol barato y sudor pegajoso del abarrotado vagón del suburbano, en el que se oía canturrear y lanzar juramentos en todas las lenguas del planeta, y también la angustia de los días anteriores, de estas fiestas que para mí no han sido tales, toda la ansiedad, la rabia, la incertidumbre y hasta la desesperación, todo eso lo doy por bien empleado, todo valió la pena, solo por volverme a encontrar a Stigia a mi lado en la cama esa noche, solo por ese despertar, juntos de nuevo, en la primera mañana del año.
servido por Janton
7 comentarios
compártelo
favorito