Historia de dos asesinos enamorados: Txapote y Amaia (Cap. II)
Tan sólo cuatro meses después García Gaztelu pidió cumplir las condenas que tiene en Francia, en una cárcel española en virtud de un acuerdo entre ambos países de 1983. Con esa decisión rompió con una de las reglas habituales entre los presos de ETA.
Una regla que hasta entonces sólo había roto otro asesino de su banda, Juan Carlos Iglesias Chouzas, Gadafi, que lo solicitó en septiembre por un motivo similar: estar al lado de su mujer. Desde el pasado 15 de diciembre, García Gaztelu ya se encuentra encarcelado en España en virtud de una entrega temporal concedida por Francia por un período de seis meses. En ese plazo está previsto que sea juzgado en la Audiencia Nacional por dos atentados y seis asesinatos: los concejales del PP Miguel Ángel Blanco, Gregorio Ordóñez y José Luis Caso; el abogado socialista Fernando Múgica, hermano del Defensor del Pueblo; el sargento de la Policía Municipal de San Sebastián Alfonso Morcillo; y el brigada de Infantería Mariano de Juan Santamaría. Después debería volver a Francia para seguir cumpliendo condena, a no ser que el Gobierno acepte su petición de cumplir la pena en España.
Así que este tipo duro que con 18 años ya tiraba cócteles molotov contra concesionarios de coches, que en diciembre de 1994 marcaba su pistola por primera vez con una muesca de muerte y que tras otros cuantos asesinatos acababa con la vida indefensa de Miguel Ángel Blanco, este tipo duro, tiene un corazón tan blando que ha roto con la disciplina de la banda y ha pedido volver al país que odia para estar más cerca de su novia. Así podrán rememorar juntos aquella gesta que tanto parece enorgullecerles cuando dan la espalda al tribunal que les juzga. Recordarán qué valientes fueron cuando acecharon a Miguel Ángel Blanco. Lástima que les falte el etarra que les ayudó, José Luis Geresta, el único que tuvo la dignidad de suicidarse y poner fin a su miserable y destructiva vida. Se pegó un tiro en la sien en marzo de 1999. Como digo recordarán aquél día, el 10 de julio de 1997, cuando la pareja y Geresta secuestraron en Eibar a Miguel Ángel Blanco, con la certeza de que en ningún caso sería liberado vivo. Tenían que secuestrarle 48 horas y amenazar al Gobierno con quitarle la vida si no trasladaban a Euskadi a todos los presos de ETA en ese plazo de tiempo. Algo que sabían que no iba a suceder. Irantzu lo metió en un coche a punta de pistola. Quisiera imaginarme de qué modo le miraría sabiendo que lo mataría poco después. De dónde sacaría el argumento moral para la acción que estaba realizando. Blanco era un joven de su edad. Luego parece que fue García Gaztelu el que se quedó con él hasta el final. Transcurridas las 48 horas, le trasladó con las manos y los pies atados a un camino vecinal, le obligo a arrodillarse y le pegó dos tiros en la nuca. Según cuenta DEIA el día de su detención, "el procedimiento fue tan nauseabundo que el hasta ayer responsable de los comandos operativos de ETA y presunto ejecutor del asesinato vomitó tras cometer el abominable crimen. Inmediatamente después se trasladó a Francia para entrar en la dirección de ETA."
Por su parte, Amaia, podrá reflexionar también sobre el éxito de su vida personal y la de su familia. Esto último lo podrá hacer con su hermano Orkatz Gallastegi. Está condenado a 26 años de cárcel por colaborar en el asesinato del juez Lidón. También se le juzgó por algún caso de kale borroka. Quemó un cajero de La Caixa y se olvidó una camisa roja llena de restos orgánicos. Una vez detenido en comisaría lanzó un escupitajo al suelo. Por guarro, ese esputo fue usado contra él como prueba de ADN al contrastarlo con los restos de la camiseta.
Estos son sólo fragmentos de unas biografías patéticas. Seguramente den para mucho más. Lo escribo porque me gustaría que algún día el hijo que concibieron entre en Internet y ponga en google "biografía de mis padres" y no sólo encuentre las hagiografías de los sustentadores morales de esta sangría inútil. Qué sepa qué lleva en los genes. No tendrá la culpa, lo sé, pero que piense que él está vivo mientras que Miguel Ángel Blanco no pudo tener un hijo. Un hijo que tendría su edad seguramente. Qué le sirva para que en un futuro de paz pueda mirar a sus vecinos, a los hijos, padres y hermanos de las víctimas de sus padres con respeto y humildad.
Fin.


Mariana la aldeana dijo
Ante este post, y el anteirior, me quito el sombrero.
Esto sí que es de utilidad pública.
Te leo habitualmente pero hoy me has emocionado.
Un abrazo
21 Junio 2006 | 12:33 PM