Las delicias que puedes comer en Madrid son muchas, pero hay una que me apetece siempre: alcachofas frescas (no en vinagre como porfiadamente tienen en Chile) saltadas en aceite de oliva con jamón Ibérico.
Una delicia sencilla, fácil y comprable sin verguenza (EU 8).
Cuando pases por Madrid, no dejes de ir por tus alcachofas donde el Sobrino de Botín, media cuadra de Plaza Mayor.
servido por Jorge
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Noche de domingo, todos medios es sus cosas, nadie da un peso por la cena (las pizzas acechan como un enemigo siempre alerta)
Entro a la cocina, mi mujer limpia unas alcachofas y siento el hervor de la olla para los fideos, colaboro con unas tiras de jamón serrano que guardé celosamente en el último lugar de refrigerador, mis hijos ponen la mesa, esa, la de la cocina, la de todas las cenas, la mesa simple donde nos reímos y peleamos.
Abro un Cabernet Sauvignon Porta del 2003 (no había merlot, pero está bien este noble vinillo) y lavo unas hojas de lechuga española; Manuel encuentra unas de rúcula lavada que mezclamos con las lechugas que aliñamos con limón y un poco de vinagre balsámico más mucho aceite oliva Cánepa.
No han pasado 15 minutos y ya estamos cenando en ésta noche fría de domingo en junio.
Los fideos servidos en platos hondos están de repetición.
Nos salvamos de las pizzas!
servido por Jorge
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Fué con la Babi que aprendí el sabor y la gracia de comerse unos fideos del 3 al dente sólo con mantequilla y queso rallado.
Si le sumas una copa de vino tinto, está. Tienes tu buena comida.
Sencilla, simple y sin pirotecnias.
Esa es una costumbre italiana, la de que la comida es parte de la vida y como tal es simple, sin sofisticaciones. La belleza de esta cocina está justo en eso. Lo simple, lo cotidano hecho especial.
Fué su laletta (QEPD) Lidia que me enseño el secerto de hacer una pasta buena en casa.
"una taza de harina y un huevo, te haces un volcán con la harina, con las manos haces un crater y le quebras el huevo, vas girando de a poco como si tus dedos fuesen una batidora en baja velocidad dentro del volcán, tus manos se humedecrán con el huevo y de a poco se irán secando con la harina, hasta que te queda una masa que debe estar ni mojada ni seca, dúctil y fácil de amasar..."
Esas instrucciones que venían de sus antepasados ahora estaban en mi inconciente no-italiano pero de gran cariño por estas "recetas de la nonna" como dice mi amigo Miguel.
Igual me pasó con el kubbe, fué por teléfono que mi paisana amiga Carola me dijo cómo hacer con el burgol y la carne para saborear esa maravillosa mezcla árabe.
Son muchos los días en que lo único que deseo es sentarme en un restorán sencillo de barrio, tomarme una copa de vino de la casa con unos fideos con mantequilla.
Todas las cocinas tienen esa esencia que a veces olvidan; la peruana con sus tiraditos, la francesa con la sopa de cebolla, la chilena con su charquicán, la española con sus albóndigas o unos sencillos garbanzos.
Siempre tienen que ver con la vida sencilla, con las cosas cotidianas y con el maravilloso trasvasije de datos y recetas entre los viejos y los no tan viejos como nos dicen a los jóvenes los que ya son viejos.
servido por Jorge
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Uno de mis vicios es el café.
Odio el Nescafé. Con gusto a papa molida y quemada, lo único que tiene de café es la propaganda.
Amo el café de grano -obvio-.
Los expresos, los ristretto, me cargan los cortados -esa odiosa costumbre chilena de tomar poquito, entonces para que el café no te pesque mucho le hechan una gotita de lechecita, ojalá cortadita-.
Amó el amora al café haciéndose, el aroma de las cafeterías de café-café como decimos en Chile para referirnos a que es de grano.
Hasta ahora mi gran inversión perversa era unas bolsas de café al mes, del bueno decía yo el muy ignorante, "pon Haití o del otro... Caribe" que son las marcas famosas de café en Chile.
Error.
En una locura de esas que sólo pagan mi Amex me compré un tarro de Illy.
A la mañana siguiente, como de costumbre hice café.
Eran otros aromas, otros deseos, otras imágenes de placer.
La droga era distinta, era de primera.
Que mugre estaba tomando!
Sabrán que me duró poco mi tarro Illy etiqueta roja, es que estaba buenisimo.
Locamente corrí al supermercado por más y sorpresa no había!
me conformé con un Kimbo, no tan bueno pero muy superior a la porquería que tomaba por buena antes de conocer el Illy.
servido por Jorge
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