Perros callejeros en las pantallas colombianas
Para desgracia de los que piden que en Colombia sólo se realicen películas que hablen de lo lindo que es nuestro país, que muestren sus paisajes y su gente que son su principal potencial, se acaba de estrenar la película "Perro come perro" del director caleño Carlos Moreno.
Digo esto para empezar, pues siempre se llega a la vieja discusión sobre si el cine debe o no reflejar la triste realidad del país y a la queja de miles de colombianos que protestan porque el cine nacional "sólo" presenta películas violentas; pero que cuando se les indaga por las cintas que han visto, sólo mencionan a Rosario Tijeras, La sierra, La virgen de los sicarios y María llena eres de gracia; visiones extranjeras sobre nuestra cruda realidad. Reitero lo dicho en comentarios anteriores (ver tag de cine colombiano) al decir que la solución para acabar la “mala imagen” de nuestro país no es otra que cambiar la realidad misma de Colombia.
Al margen de que sea una película colombiana, Perro come perro es una buena película de género, fiel representante del thriller, con algunas dosis del cine más violento, cercano al terror gore, al estilo de las películas de los hermanos Cohen, Takeshi Kitano, Quentin Tarantino o Robert Rodríguez. Comparada con algunas películas similares, podríamos decir que la cinta colombiana sale bastante bien librada, con un guión muy bien logrado, actuaciones destacadas y una fotografía que hace más énfasis en la historia que en el preciosismo de escenarios maravillosos y colores deslumbrantes.
La película presenta una historia intensa, con personajes tan macabros como verosímiles, en una situación tan cruel y compleja como la colombiana, en la que conviven las mejores personas del planeta con los villanos más desalmados e inhumanos. Cali, como cualquier ciudad latinoamericana, se nos presenta en medio de grandes contrastes y tenemos, en primer plano, los lugares más desagradables que podamos imaginarnos de esta hermosa ciudad para tormento de quienes esperan que cada película sea un comercial de “Vive Colombia, viaja por ella”.
Para entrar en más detalles, la película nos muestra el bajo mundo de personajes acostumbrados a la delincuencia, el crimen y la venganza, casi adictos a la sangre. No es una película que se disfrute, pues permanentemente nos pone al frente ese espejo sucio, roto y empañado que nunca quisiéramos mirar sobre la realidad colombiana. Su violencia extrema, la suciedad de sus personajes y situaciones, la atmósfera ocre y casi sangrienta con la que se tiñen los demás colores y hasta el manejo frenético de su cámara, produce una profunda incomodidad que no nos deja relajar durante el tiempo que permanecemos en la sala y que podría atormentarnos por días.
Es muy claro que la película parte de la realidad nacional y de algunos (no todos) componentes de nuestra identidad, por esta razón, el humor negro comparte escenario con la crueldad, la brujería y la desconfianza. Lo único que no se ve en la historia son personajes nobles o heróicos (algo muy típico de este género y que molesta mucho al cine color de rosa).
Hay que resaltar las buenas actuaciones, que parten de personajes bien construidos desde el guión. Luna Negra (Oscar Borda) es un sicario ignorante, supersticioso y atormentado que es víctima de la brujería y el remordimiento y nos deja ver su mundo interior hasta el punto de hacernos sentir su propio malestar. Parte de su tragedia es compartida con Víctor Peñaranda (Marlon Moreno), que a pesar de ser el personaje principal, es un hombre sombrío, frustrado y de muy pocas palabras, con unas características de villano sin corazón tan bien definidas, que es casi increíble que los espectadores terminemos por involucrarnos y hasta simpatizarnos con su causa. Terminan el cuadro dos personajes interesantes que nos muestran el lado más bizarro del crimen: El Orejón, interpretado por el fallecido Blas Jaramillo, que a pesar de ser el jefe y mostrar la mayor de las crueldades, es un hombre enfermo y atormentado y Sierra (Álvaro Rodríguez), que pone el tono de humor negro a la historia. Todo esto ambientado con la salsa frenética que es tan propia de Cali como de todas aquellas ciudades latinas llenas de movimiento, vértigo y pasión. Destaca también la participación del grupo Superlitio con excelentes arreglos a la música tradicional de Henry Fiol.
Es casi inevitable recordar la película mexicana Amores Perros de Alejandro González. Ambas cintas comparten la metáfora del hombre como un perro callejero, acostumbrado a rebuscarse cada día la comida, poco sociable, desagradable, sin pedigree ni modales. El perro de la cinta colombiana es aquel que, sin hacer caso al refrán, sí se come a los de su especie cuando se trata de subsistir en una atmósfera viciada por la desconfianza y la traición. Los perros aparecen todo el tiempo en la película mostrándonos el lado más animal del ser humano: su instinto de supervivencia. Muchos preferirían tener a un Lassie en la pantalla pero tenemos que reconocer que los perros criollos, chandosos y callejeros y sus equivalentes humanos también hacen parte del panorama nacional y no deberíamos meterlos debajo del tapete. Para quienes quieran historias con enseñanza, nada como la moraleja de esta película: La plata corrompe, enloquece y mata.
Para terminar vuelvo al punto de partida sólo para aclarar que estoy a favor de que Dago García presente cada año sus películas navideñas en las salas del país y que éstas se llenen con espectadores que quieren ver las comedias y seriados de
La solución no es quitarle el espacio a las historias tipo Satanás, Perro come perro o Sumas y Restas que, así nos duela, reflejan parte de nuestra realidad, la más dolorosa. Una buena industria cinematográfica debe dar la posibilidad de que los directores realicen toda clase de películas: violentas, divertidas, románticas, dramáticas, que muestren el lado positivo de los colombianos, la riqueza de nuestras regiones y muchísimos temas más que hacen parte de nuestra compleja situación. Es lindo pensar que algún día no muy lejano, el cine colombiano se gane un espacio tal que cuando alguien quiera ir a ver cintas colombianas siempre tenga la opción de escoger entre más de tres películas muy distintas entre sí y que se nos acabe el eterno lamento de que todo nuestro cine es muy violento y proyecta una mala imagen de nuestro país.





FULANITO dijo
Lo que es razonable es una realidad, lo que es realidad es razonable.
Realidad - sueños = un ser animal
realidad + sueños = idealismo
realidad + humor = realismo
sueños - humor = fanatismo
sueños + humor = fantasía
realidad - sueños + humor = sabiduría
"porque ser Sabana vale la pena"
20 Abril 2008 | 08:11 PM