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Un verso como el pan de cada día

Poesía necesaria

12 Mayo 2008

Y EN MÚSICOS CALLADOS CONTRAPUNTOS

En un apartado del libro de poemas "De donde nace el viento", titulado "Homenaje", dediqué un soneto blanco, partiendo de un verso de cada uno de ellos, a catorce poetas. Lógicamente no están todos los que merecían tal homenaje, pero los que figuran e irán apareciendo en futuras entregas, son acreedores del mismo. Probablemente fuera un ensayo para un libro futuro, y aún pendiente, en que aparecerían muchos más, pero la cosa quedó ahí. Y tal vez me anime cualquier día a concluir lo iniciado. Al tiempo.

Y, siguiendo el orden del libro, comienzo por Don Francisco de Quevedo, como se habrá colegido por el título, un verso del soneto publicado en este blog el 17 de abril y que no voy a repetir ahora. Como la idea es acompañar mi soneto con el poema de donde estraje el verso inicial, transcribiré otro excepcionalmente en esta ocasión.

FRANCISCO DE QUEVEDO

Y en músicos callados contrapuntos

ciframos nuestras charlas solitarias,

diálogos de muertos y de vivos,

porque así lo quisiste y yo lo quiero.

Vamos a hablar, irónicos si gustas,

de mujeres, defectos y validos,

del amor y la muerte tan eternos

como tú que has bebido sus licores.

Más allá de los versos quiero hallarte,

retroceder el tiempo hasta tus pasos,

hasta estrechar tu mano con m muerte.

Luego nos iremos caminando

junto a los muros de la patria nuestra

blancos de sol, de olvido y de abandono.

SALMO XVII

Miré los muros de la Patria mía,

si un tiempo fuertes, ya desmoronados,

de larga edad y de vejez cansados,

dando obediencia al tiempo en muerte fría.

Salíme al campo y vi que el sol bebía

los arroyos del hielo desatados,

y del monte quejosos los ganados,

porque en sus sombras dio licencia al día.

Entré en mi casa y vi que, de cansada,

se entregaba a los años por despojos.

Hallé mi espada de la misma suerte;

mi vestidura, de servir gastada;

y no hallé cosa en que poner los ojos

donde no viese imagen de mi muerte.

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3 Mayo 2008

A por el cuarto Godó

Ahora qe estamos en tierra batida, el territorio de Rafa Nadal, para celebrar el cuarto Montecarlo consecutivo y el cuarto Godó que está al caer, cuelgo mi poema "Tenis"

¡Vamos, Rafa!

TENIS

Vuelo amarillo.

Tic tac de cuellos.

Redes sin peces

pescan al viento.

Se niega siempre,

siempre en silencio.

Vuelo amarillo

a ras de suelo.

Tierra batida

mirando al cielo

donde el sol vela

épico duelo.

La hierba verde

guarda un secreto.

La pista rápida

no tiene freno.

Vuela amarillo

tan sólo el tiempo.

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29 Abril 2008

...CABELLERA ERA DE TRENES

El pasado día 27 se celebró en Palol de Revardit (Girona) la entrega de premios del IV Concurso de Poesía "San Jordi", 2008, en su modalidad de castellano y catalán.

Fue un acto muy emotivo y me transportó a otros tiempos en que con gran ilusión formaba parte de diversos colectivos poéticos y estaba inmerso en la vida cultural que subyace bajo la cultura oficial o reconocida por el gran público y los medios. Al leer mis versos recordé aquella primera lectura en la Casa de Cervantes vallisoletana y aquella primera crítica: "Hay poeta. Y el nombre de Jesús Andrés como poeta logrado sonará en el futuro." La primera frase es acertada. Poeta lo hubo siempre y lo habrá hasta el día del último viaje de que hablaba Machado. En cuanto a la segunda..., no es que me quite el sueño el hecho de aparacer, siquiera sea como poeta menor,en los libros de texto. Y reconozco que he sido un Guadiana perezoso, que no ha puesto todo el ímpetu preciso para discurrir a cielo descubierto por la geografía literaria de ese país. Pero la ilusión permanece y se consolida mi verso cuando encuentro gente que, sin ningún motivo de adulación, reconoce que le gusta lo que escribo. La ilusión permanece y el tiempo que da y quita razones, como diría el ínclito José María Garcia, aún no ha dicho la última palabra.

Fue un acto emotivo y entrañable ante un público, si no numeroso, si noble, entendido y entregado, pero faltaron poetas, no del Grupo Plomes Poètiques, que con tanta ilusión y esfuerzo mantiene viva la llama lírica en aquel pequeño rincón, pero si de los veintiseis galardonados de los que sólamente dos asitimos al acto. Cierto que muchos son de lugares lejanos, incluso allende los mares y otros excusaron su presencia, pero faltaron poetas, ¿o no?

Y, como colofón, quiero reproducir el poema "Viaje", de Dámaso Alonso, en el que me inspiré para dar título a mi trabajo "Cabellera de trenes" y recordar el enlace a " Plomes Poètiques", donde se podrá, en breve, otener información del Certamen.

Viaje

…Cabellera era de trenes

la tarde. Y era una sed

de rutas la mar salada.

Y a mi corazón le dije

-como a un perro-:

“¡Vamos! ¡Hala!”

…A mi corazón, que estaba

latiendo y llorando, sordo,

sobre la tierra desnuda

y desolada.

(1923)

Dámaso Alonso

De Poemas puros, poemillas de la ciudad

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22 Abril 2008

DE LIBROS Y BIBLIOTECAS

En algún lugar he leído el slogan “regálate un libro”. Y siendo el libro algo personal es una opción acertada.

Comencé a regalarme libros en una feria del libro, allá por la década de los setenta, en Valladolid. Hasta entonces leía todo lo que había en casa, que no era mucho y lo que pillaba en bibliotecas escolares y de prestado. Fue en el stand de la desaparecida “Zero-Zyx”, luego vinieron las librerías, los paseos dominicales por Cantarranillas -el rastro vallisoletano-, la adquisición de la Gran Enciclopedia Larousse a domicilio…Y mi biblioteca comenzó a crecer al ritmo que yo le imprimía a mi vida. Libros comprados, regalados, perdidos, llegados de no se sabe dónde y muertos no se sabe cómo conforman mi biblioteca, más escasa de lo que desearía y más reducida de lo que es menester para albergar los volúmenes que se apilan en el trastero y en el recóndito lugar del alma donde dejo los libros que quisiera adquirir pero no puedo.

“Cada libro es el resultado de una voluntad, y por eso mi biblioteca no se parece a otra alguna, como mi retrato no se parece a nadie más.”, escribió Guillermo Díaz-Plaja. No voy a hablar de mi biblioteca por no alargarme demasiado y no desvelar interioridades que no vienen al caso.

Un noble italiano llevó a un cordelero a ver la bahía de Nápoles, y cuando sus ojos contemplaron el inolvidable espectáculo de aquel cielo azul y aquel azulado mar y un bosque de jarcias y mástiles entre ambos, el cordelero exclamó: “¡Qué de cuerdas!” ¡Qué de libros!, exclamamos nosotros ante el espectáculo de las casetas y los escritores perdidos en un mar de páginas y portadas a cual más sugerente que pueblan por Sant Jordi las principales arterias urbanas de las ciudades y pueblos catalanes junto al cielo rojo de las rosas enamoradas.

Un joven yanqui buscaba un regalo aceptable para una amiga. “Regálale un bolso.” – “Ya tiene uno.” – “Una polvera.” – “Ya tiene una.” – “Un libro.” – “Ya tiene uno.”

Hay, desgraciadamente, gente para la quien un libro es solamente un motivo de adorno.

Sócrates no escribió ningún libro. Él mismo era un libro.

(Recreado de “Cosas y gentes”, de Salvador de Madariaga)

Nadie rebaje a lágrima o reproche

esta declaración de la maestría

de Dios, que con magnífica ironía

me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños

a unos ojos sin luz, que sólo pueden

leer en las bibliotecas de los sueños

los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día

les prodiga sus libros infinitos,

arduos como los arduos manuscritos

que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)

muere un rey entre fuentes y jardines;

yo fatigo sin rumbo los confines

de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente

y el Occidente, siglos, dinastías,

símbolos, cosmos y cosmogonías

brincan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca

exploro con el báculo indeciso,

yo, que me figuraba el Paraíso

bajo la especie de una biblioteca.

Jorge Luis Borjes:”Poema de los dones”


Podría seguir rebuscando, entresacando, divagando, pero considero lo escrito suficiente para desear a quien lo lea, con el día del libro al caer, una buena lectura y una no menos personal e intransferible biblioteca que crezca como su poseedor en virtud, felicidad y ventura. En humanidad, en suma.

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20 Abril 2008

ABRIL

ABRIL

Parece que llueve y DANI LORENZO se jubila.

Este año abril se está portando en Catalunya. Si no mil, al menos nos ha traído estas aguas de esperanza para alejar el fantasma de las restricciones mientras los políticos discuten si quitarle agua al Ebro es un trasvase o una transación comercial.

Y como todos los años nos traerá un Sant Jordi lleno de rosas y libros por las principales arterias de las ciudades catalanas. En el resto de España el libro será protagonista también el día 23. Y Castilla y León se vestirá de fiesta y lucirá las galas reivindicativas que le trajo la democracia.

Y ya, finalizando el mes, Daniel Lorenzo, este castellano viejo y sabio que tanto sabe de instalaciones, de trenes y de la vida, nos deja para disfrutar plenamente de su nieta y del bien ganado y merecido descanso, colofón a su intensa y dilatada vida laboral.

Dani nació en Valladolid, pero ha vivido muchos años en Barcelona. Ha trabajado en diversas empresas y recaló, hace varios años, en PAYMA Cotas, donde con su manera de ser se ha ganado el respeto y la amistad de sus compañeros, entre los que me honro.

Te echaremos de menos, Dani, paisano, compañero del alma, compañero…

La oficina no será la misma sin tu voz pausada, sin tu serena presencia, sin la sabiduría cómplice de tus años, sin tus magistrales clases sobre las instalaciones precisas para que funcionen el metro, los tranvías y los trenes, sin los chipirones malagueños de tus recuerdos, sin ti, aunque permanezcas entre nosotros cariñosamente añorado.

Pero algún día vendrás a visitarnos, ¡qué coño!

Te queremos, Dani, y te deseamos, todos tus compañeros, que disfrutes de la vida que este abril nos va colando por los rincones mojados de la ciudad en obras, de la vida que reverdece los campos y florece en las manos de Naiaria.

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18 Abril 2008

CABELLERA DE TRENES

Acabo de enterarme que estos diez sonetos agrupados bajo el título de "Cabellera de trenes", tomado del poema "Viaje", de Dámaso Alonso, han obtenido una mención especial en el IV Certamen de Poesía "Sant Jordi", 2008, organizado por el Grupo Plomes Poètiques, de Girona, al que se han presentado 745 poemas en la modalidad de Poesía en Castellano.

El próximo día 27, tendrá lugar la entrega de premios.

CABELLERA DE TRENES

Cabellera era de trenes

la tarde

(Dámaso Alonso)

I

Primos del aire, de la tarde primos,

de los pinos y el roble corpulento,

instalados en un verano lento

asombro y juego, como todos, fuimos.

Mirábamos sentados en racimos

pasar los vagos trenes: humo al viento,

carbonilla, sol, cierto desaliento

con que luego a vestirnos aprendimos.

Larga tarde de larga simetría,

temblorosa de azul y primavera

el corazón de Dios adormecía.

Niños de entonces: lenta enredadera

de estacionado tiempo nos cubría

viendo peinar de trenes la ladera.

II

Vinieron y se fueron las edades

en el murmullo oscuro de los trenes.

Relámpago nacido en los andenes

pasaron y quedaron las ciudades.

Horadando en el alma cavidades

gotearon los años sus vaivenes.

Vistiéndose de roca y de desdenes

nos legaron los días realidades.

Con el recuerdo al viento aún miramos

como pasan los campos y la vida,

como apaga la noche sus reclamos.

Y la tarde que fuimos consumida

portamos inseguros en las manos

como un billete gris sólo de ida.

III

Un balasto de penas me sustenta,

absorve vibraciones de mis años

y corta, horizontal, por aledaños

miradores de sol y de tormenta.

Camina pesarosa mi osamenta

vestida con los últimos engaños

por raíles de luna y desengaños

hacia un fanal de sombra descontenta.

Vago vapor en viento detenido

sobrevuela la noche del ayer

entre las nubes negras del olvido.

Olvidar es morir y envejecer

es recordar a veces lo vivido

y el tren aquel que nunca ha de volver.

IV

Capital infantil te rememoro

en asombro de luces y estaciones,

Delicias, Campo Grande, admoniciones

de aquel mundo tan nuevo y tan sonoro.

Capital de la niebla donde un oro

deposita en la piedra admiraciones

y tu Plaza mayor de procesiones

agranda en soportales su decoro.

Capital castellana, fin de viaje

desde el pueblo cercano. Era una fiesta

pasear por tus calles mi bagaje

campesino de polvo y de ginesta

con semblante mudado, nuevo traje

y aquel tren esperando en la floresta.

V

El agua de mi infancia clarioscura

espejea en los charcos sin memoria,

rebosa cangilones de la noria

detenida por siempre en su angostura.

El agua que pasaba en derechura

por el río y los campos transitoria

se ha llevado hasta el mar mi gris historia

dejándome en barbecho y desventura.

Y ya no queda nada de aquel niño

en el hombre que habita estos secanos,

en el mirar de espuma con que ciño

esta isla circundada de veranos.

Aquel agua con sol en claro guiño

es un polvo cansado entre mis manos.

VI

El luto es amarillo cual la pena

de un otoño cruel y del ocaso,

amarilla de andenes y retraso

languidece la vida su azucena.

Amarillo es el sol y su condena,

el veneno en el fondo de aquel vaso

apurada la bilis del fracaso,

amarilla la cera sin colmena.

Amarilla de espera la bandera

que nunca vio cumplida su victoria,

la pálida y temida mensajera,

amarillo es el oro en vanagloria,

el membrillo que aroma la madera

y este punto final de toda historia.

VII

En la tarde pasaban lentos trenes

y nosotros contábamos vagones,

cumpleaños, cigarros, ilusiones,

con el viento ciñéndonos las sienes.

Pasaban lentos trenes en vaivenes

sobre los encogidos corazones

sintiendo trepidantes vibraciones

lejos de la estación y los andenes.

Tornábamos un punto silenciosos

saltando las traviesas de la vida,

caminando raíles tormentosos,

buscado entre la escoria fenecida

oscuros corazones afanosos

por arder en la noche estremecida.

VIII

Cuando todos los trenes se detengan

y deje de llevar besos el viento,

y las aves de un cielo descontento

sobre tanto desdén nos reconvengan,

y ya de tanta prisa nada obtengan

quienes viven de modo truculento,

y quede de la vida un polvoriento

pecio donde los sueños sobrevengan,

podré decir, ya muerto, que estoy vivo,

podré pisar de nuevo los andenes,

beber agua del pozo sensitivo,

desde la sombra azul mirar los trenes,

cabellera del humo genitivo

que me trajo por siempre estos belenes.

IX

Por el talud derraman luz nocturna

mariposas de viento iluminado,

van rompiendo la noche taciturna

como rompe los campos manso arado.

Van buscando la muerte más diurna

en los ojos de un sol cuadriculado

que viene de la noche y se embadurna

de polvo por sentirse más amado.

Amanece en las vías aún con vida,

entran en la ciudad, nuevos, los trenes,

la ciudad que en el campo se convida.

Y amanece la vida sus rehenes,

sus muertos, sus olvidos, su furtiva

mirada por vacíos almacenes.

X

Cambian los tiempos, los hombres, sus obras,

hasta el planeta cambia y el universo.

Echo la vista atrás desde este verso

hecho todo vaivenes y zozobras,

cabellera de trenes, maniobras

en grisácea tarde sin reverso,

concéntrico ondular donde disperso

ilusión como sal, algunas sobras

de lo que fui, de aquello que aún anhelo

ser, le pese al tiempo o a Dios le pese,

un poco de fe, mucho desconsuelo.

Cenizas por cabellos tiene el día,

como cinta las sienes le ciñese

este pasar de trenes y agonía.

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17 Abril 2008

SI NO SIEMPRE ENTENDIDOS, SIEMPRE ABIERTOS

Gustoso el autor con la soledad y sus estudios, escribió este soneto

Retirado en la paz de estos desiertos,

con pocos, pero doctos libros juntos,

vivo en conversación con los difuntos

y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,

o enmiendan, o fecundan mis asuntos;

y en músicos callados contrapuntos

al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,

de injurias de los años, vengadora,

libra, ¡oh gran don Iosej! docta la emprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;

pero aquella el mejor cálculo cuenta

que en la lección y estudios nos mejora.

Francisco de Quevedo

Porque se acerca el día del libro...

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17 Abril 2008

CASTILLA, CANTO DE ESPERANZA

¡Por fin, leches!

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Un verso como el pan de cada día

Sabadell, España
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Soy poeta y vallisoletano. Nací en Sardón de Duero el año en que le concedieron el Nobel a Juan Ramón Jiménez. Vivo en Sabadell y trabajo en el sector de la construcción. Me moriré un buen día sin haber leído ni escrito lo suficiente. Pero hasta entonces, aquí estoy, haciendo lo que buenamente puedo y sé.
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