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Un verso como el pan de cada día

Poesía necesaria

2 Septiembre 2008

PALABRAS EN EL CAJÓN

Rebuscando en el cajón donde guardo poemas y cuentos, muchos de ellos inconclusos, que un día me resistí a destruir, he hallado estos textos, probablemente escritos hace unos ocho años, cuando decidí que el oficio de escribir era oficio de otros y yo había de limitarme, puesto que hasta entonces no supe o no quise dedicarle todo el tiempo que era menester, decidí, digo, limitarme al placer de la lectura. Resumen o testamento de mi vida afectiva y literaria, se mezclaron con otros textos en un sueño del que la generalización de Internet, que ha despertado de nuevo en mí el deseo de escribir, los ha rescatado para esponerlos hoy en esta ventana abierta que es todo blog.

SARDÓN, 1964


Cabellera era de trenes

la tarde

(Dámaso Alonso)

Cabellera de trenes, blanca, negra, azul, densa de humo y carbonilla, tenue de lejanía. Cabellera de trenes, aunque sólo pasara el tren correo y algún lento mercancías, la tarde permanece, ondulante, en la brisa del recuerdo. Los niños de entonces veíamos pasar los trenes de entonces. Caminábamos sobre los raíles, saltábamos de traviesa en traviesa, deteniéndonos de repente, el oído sobre el bruñido acero para escuchar el trepidar lejano del tren que se adivinaba en el azul temblor del aire, entre el pinar, partido en dos por las paralelas infinitas. Recogíamos carbón, escorias, pernos...

Las vías con sus trenes de ida y vuelta, frontera sur del pueblo. Al norte el Duero discurría, entre rumor de álamos, hacia su lejano poniente. El Duero y sus aguas para barcos de papel. Pero entonces no tenía yo conciencia del tiempo ni conocía a Heráclito y veía pasar los trenes con sólo asomarme a la puerta de casa. Acudía a la estación para comer moras –había moreras en los andenes- y beber agua fresca con regusto a herrumbre extraída del pozo por medio de una bomba aspirante impelente con un chirrido tan entrañable como el de los frenos de los trenes. Subía al vagón perenne estacionado en la vía muerta donde Teresa -¡qué vago su recuerdo!- rozó con los suyos mis labios.

Cabellera era de trenes la tarde y yo, sin saberlo, había tomado el tren de la vida y viajaba en un vagón de tercera. Comenzaba a darme cuenta que no eran los trenes que pasaban, sino yo mismo. Y había de seguir, seguir viaje hasta el final. Y, si alguna vez volvía, ya no sería el mismo, porque comenzaba a morir un poco, como los pinos, la estación y la tarde que era ya una inmensa cabellera de trenes, trenes al viento y sin destino.


VALLADOLID, 1974


Si no siempre entendidos, siempre abiertos

(Francisco de Quevedo)

Cabellera era de versos la tarde. Venían del poniente, de los libros abiertos, poblaban las mesas y los estantes de la casa. Aves posadas ofrecían largas, quebradas, rítmicas, sus plumas. Los poetas con sus voces silentes despertaban palabras. Y entre la ortodoxia de preceptivas literarias de principio de siglo y la heterodoxia de los sueños surgían, surcos negros y azules sobre el impoluto blanco de las cuartillas, aquellos versos juveniles. Alzaban su vuelo de repente en las lecturas dominicales de la casa de Cervantes y desde las páginas del desaparecido Diario Regional. Surgían las primeras críticas: “Hay poeta si persevera en el empeño.” Discurría el Duero por mis versos plagados de pinos y de amor, amor que buscaba por las calles de la ciudad donde llegaban los trenes, calles repletas de historia y cabelleras de muchachas. Buscaba palabras y besos donde saciar una sed infinita. Machado, Juan Ramón, Marta, Mina, Miguel Hernández, Federico, Amelia, María del Camino..., poetas y mujeres se entremezclaban en la brisa de aquellas tardes urbanas. Altair que me dejó su luz y un poso amargo, los relatos de Cortázar, las primeras lecturas de Borges, Neruda, las barras americanas, los encuentros con las letras y Fernando Sánchez Dragó. Búsqueda de mi mismo y de la Historia por los libros abiertos, por los cuerpos desnudos, por los sueños despiertos...


VALENCIA, 1980

Este beso en tus labios como una lenta espina,

como un mar que voló hecho un espejo

(Vicente Aleixandre)

El Mediterráneo cabellera de espumas. Luna, fuego, ojos de Felicidad anocheciendo en los míos. El amor tomaba cuerpo y substancia de mujer, se concretaban los sueños y los versos.

Miré tus ojos, perdí la vida que me dieron un verano. Felicidad, te amaba y te lo dije como te dije amor con otros nombres que ocultaban el tuyo, en otras bocas ávidas de tu boca, hacia otros ojos que anunciaban los tuyos creadores de vida en los océanos. Y el luto amarillo que portaba, cual la pena de un ocaso cruel y del otoño, desapareció al despertar el sol de Levante en tu mirada. Y caminamos juntos, bien lo sabes, desde entonces. Húmedos de mar y besos vemos pasar los mismos trenes.


SABADELL, 2000


El tiempo es la substancia de que estoy hecho

(Jorge Luis Borges)

Cabellera de recuerdos la tarde. La vía sin trenes y el Duero fluyendo continuo. Los versos dormidos y

los amores perdidos. Y el tiempo, substancia humana, creciendo conmigo, escribiendo otros libros –

puedo soñar, pero no escribir los sueños-. Pasados los cuarenta sólo el amor pervive. Lo demás son

recuerdos contra la pura forma del cristal o del agua, algunos versos, muchas ilusiones rotas. Lo demás

es derrota, concesiones al tiempo. Quebradas las alas, aún vuelo con los ojos. Veo pasar palabras de

otros, trenes que son otros. ¿Dónde quedó el empeño? En esta tarde inmensa, otras lecturas de

Borges, soy el río, el tigre, el fuego, soy yo, desgraciadamente.

servido por Jesús Andrés 3 comentarios compártelo favorito

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

elcorazondelmar

elcorazondelmar dijo

No dejes de escribir nunca. Es una forma maravillosa de expresar lo que sientes y que los demás podamosa compartirlo.
Un saludo

2 Septiembre 2008 | 08:45 PM

Fernando

Fernando dijo

Preciosas cabelleras....
Buena noche

2 Septiembre 2008 | 08:49 PM

jotatrujillo

jotatrujillo dijo

De como en el fondo de un cajón olvidado puede encontrase los pormenores de unos bellos recuerdos escritos con la belleza poética de estos tuyos.
Demos gracias a LC, que ha permitido que estos bellos relatos y toda tu poesía salgan a la luz.
Cuando se tiene el don que tu atesoras, es obligatorio darlo a los demás.
Un abrazo.

3 Septiembre 2008 | 11:15 AM

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Sobre mí

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Un verso como el pan de cada día

Sabadell, España
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Soy poeta y vallisoletano. Nací en Sardón de Duero el año en que le concedieron el Nobel a Juan Ramón Jiménez. Vivo en Sabadell y trabajo en el sector de la construcción. Me moriré un buen día sin haber leído ni escrito lo suficiente. Pero hasta entonces, aquí estoy, haciendo lo que buenamente puedo y sé.
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