Mirando de lejos, pero muy cerca
Vivo del codex y las leyes. Pero al llegar a casa lo que menos me gusta es seguir hablando de artículos y sinuosidades normativas, no me gusta escuchar la consulta que exige respuesta oportuna ni la llaneza del argot.
En casa estiro cuan largas pueden ser mis piernas, y me olvido de todo.
Y curiosamente termino escribiendo notas sobre cómo el derecho es, y cómo no es. O conversando con Marie sobre la retahila de temas prohibidos que deberían quedarse en el felpudo de la puerta. Todo esta bien, porque al menos estiro las piernas y de un rápido golpecito se desmorona el discurso para quedar sólo algo de voz extinguéndose, en la lejanía.


