Publicidad:
Logo de La Coctelera

jharnal

Categoría: Escritos

30 Octubre 2007

1997

Fútbol 25.10.97


El fútbol es algo realmente muy importante. Tiene en nuestra sociedad un peso que no se puede menospreciar. Esta importancia, se hace mayor en cada individuo, porque el fútbol y su seguimiento, es aquello que nos recuerda que tenemos una parte del alma llamada cuerpo emocional, que desata lo que somos, y que nos deja desnudos ante lo que no queremos ser. Nos muestra tal cual.


Afortunadamente, cara a nuestra sociedad, esto está perfectamente asumido, aceptado e integrado en nuestro comportamiento; aunque, haya gente que piense, que estas conductas son obsoletas, aburridas e incluso algo trogloditas.


Lo cierto es que haya fútbol o no, todo el mundo sufre al caer en ese tipo de conductas, aunque, por supuesto se avergüence de ellas.


Lo que también es destacable del fútbol, son sus seguidores, y como día tras día idolatran a sus jugadores. Les exigen y esperan lo más; aunque en el fondo no confíen realmente en ellos. Siempre están pendientes e incluso siempre a la defensiva, ante cualquier ataque de otro seguidor que no coincida en ideas.


A lo mejor, el fútbol, es la primera escuela que tiene el ser humano, para defender unas ideas aunque no las sienta, y tan solo se identifique con unos jugadores, un club, una ciudad o comarca, para empezar a defender algo por lo que pensar, preocuparse e incluso perder la cabeza o deprimirse.

Algo de pleno estilo futbolístico me paso a mi, ya hace años...


De repente, sin tener ningún conocimiento de lo que pasaba, me enteré por un telediario que había un grupo de gente, que luchaba por sus derecho humanos, por su libertad, ante un ejército - hecho de amigos, vecinos y parientes de ellos mismos - que supuestamente se había formado para defenderles - . Decidieron utilizar la plaza de Tiananmen para expresarse, para llevar acabo sus fines y meterle un gol a sus políticos represores, por supuesto bien merecido.


Día tras día fui siguiéndoles, disfrutando de sus éxitos que también eran míos, idolatrándolos, queriendo estar donde estaban ellos, queriendo hacer lo que estaban haciendo ellos, queriendo ser protagonista como lo eran ellos. Todo por supuesto desde el sillón de mi casa, como buen futbolero a falta de dinero para verlo en vivo.


Todo era una euforia. El equipo - porque estaba muy unido - luchaba duramente, y las bajas no eran más que dolorosos tropezones de los que había que recuperarse y olvidar. La victoria siempre estaba cerca y sólo faltaba un poco más para celebrarlo. Al fin y al cabo, nuestra victoria, era un cuestión de lógica, y de tiempo.


Así, día tras día, me iba emocionando e iba perdiendo la calma, me hacía cada vez más parcial, cada vez más fanático, cada vez apoyaba con más ganas a mi equipo de chavales, cada día seguía los telediarios con
menos objetividad y mi emocional cada vez se hacía más fuerte, más grande y más importante en mi vida.


Pasaron los días hasta que uno de ellos, de repente, vi lo que había pasado. El equipo había desaparecido, había sido aniquilado, no quedaba nada, ni victoria, ni ideales, ni emociones que seguir, ni lucha ni unidad que idolatrar, ni tampoco personas que felicitar. Sí amor del que sentirse orgulloso, sí el dar las gracias por el esfuerzo y la lucha tan dura, sí por los días aguantados, sí por volver a casa con las manos vacías, sí por el ser proscrito por haber decidido jugar ese partido.


Ya sólo quedaba recoger los restos de lo acontecido y las críticas, el conformarse de nuevo con la misma vida, el miedo de volver y de ser reconocido, el sentimiento de sentirse solo y enormemente frustrado ante el mundo, incomprendido, el pulso había acabado.

Yo me levante, me fui al baño y allí estuve llorando amargamente durante un largo rato....

Aunque más adelante pueda ser distinto, mi equipo entonces había perdido.

servido por Julián sin comentarios compártelo favorito

5 Julio 2007

Llegado el verano...

Ahora no queda marcha atrás, el nuevo horario, me ha arrebatado de alguna manera el descanso de mi mente que proporcionaba la hora de comida y también, aunque de manera indirecta, el azucarillo en el que se convertía ese momento para mi corazón.

En realidad, es una contradicción de lo humano. Me encanta llegar al recreo cuanto antes y disfrutar del día. Acabar con esta condena, socialmente auto-impuesta, lo antes posible, y saludar el día, o la vida que es lo mismo, cuanto antes.

Sin embargo, me quedo sin saber por qué me falta ese tiempo de comida, y me quedo con ganas de compartir más cosas de ese momento. A veces me sorprendo a mi mismo, ansioso, anhelante de más rato de comida al día siguiente, como si me quedara algo pendiente. También me asalta la necesidad de volver a septiembre para recuperar esas sensaciones perdidas....

servido por Julián sin comentarios compártelo favorito


Sobre mí

Avatar de Julián

jharnal

Madrid, España
ver perfil »
contacto »
Muy buenas. Bienvenido a este Blog. Si quieres saber más de mi, No tienes más que trastear un poco.
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons. Creative Commons License

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera