Habían pasado 25 años y por primera vez él, lleno de sinceridad y despojado del orgullo que lo caracterizó toda la vida, reconocía sus sentimientos. Mientras tanto, ella seguía esperando en silencio a que el rosal del patio floreciera en invierno.
Esa noche, aquel insecto que se creía el dueño del mundo tomó la pelota y me sacó de la cancha. No sentí rabia sino risa. Una vez más el batracio hizo gala de su soledad en un rincón del mundo que lleva sus iniciales. El mundo está lleno de bichos y de buenos libros.
Juan Sebastián miró la pantalla, le dio doble click a sus sentimientos, y cuando leyó aquel mensaje que tenía guardado, decidió no responderlo y cortar para siempreaquel amor con Lucía que había nacido en la virtualidad por un mensaje a un destinatario equivocado.
La noticia lo tomó por sorpresa. Desde ese día, fue un periodista más sin empleo.
Por una noche, el maestro regresó a los años de su primera juventud. Tras un corto recorrido por las viejas calles del barrio, comprobó que la estática también es vida. En una sola noche, vivió segundo a segundo y de manera intensa los 25 años de vida que se debía a sí mismo.
La noche en que Ignacio desistió de hacer el viaje que le cambiaría el rumbo de su vida, todos en su casa lo miraron como si el perro hubiese hablado, menos el perro, que sin hablar, expresó su satisfacción por la decisión de su amo.
La noche en que Ignacio desistió de hacer el viaje que le cambiaría el rumbo de su vida, todos en su casa lo miraron como si el perro hubiese hablado, menos el perro, que sin hablar, expresó su satisfacción por la decisión de su amo.
Aquella tarde, mientras escribía un cuento corto, entendió que todo en la vida, hasta él mismo, era ficción.