Jorge Valín y la ley antitabaco
Disfruto mucho leyendo Libertad Digital. Es el medio que ha catapultado a la fama a genialidades como Pío Moa y César Vidal. La enormidad de estos freaks tiene como contrapartida que otros magníficos escribidores de LD pasen desapercibidos. Es el caso de Jorge Valín. Tal vez lo que ocurre es que el chaval aún no ha publicado un libro sobre el franquismo o el 11-M. Todo llegará. El caso es que Jorge Valín es un crack. Sus crónicas liberales son desternillantes. Cada vez estoy más convencido de que en realidad se trata de un cómico quintacolumnista, quizás un topo de La Página Definitiva.
El pasado 24 de diciembre, Jorge Valín se despachó con este artículo sobre la nueva ley antitabaco. Léanlo, que no tiene desperdicio. De su artículo quiero destacar esta frase apoteósica:
«Si nos “molesta el humo”, la solución no es prohibirlo, sino desregular la economía para que el mercado cree más lugares como Starbucks, donde no se puede fumar.»
En correspondencia con esta línea de pensamiento, voy a presentar mi propia propuesta sobre la regulación del tráfico de vehículos:
Si nos molestan los conductores que circulan con velocidad excesiva, la solución no es prohibir esa conducta, sino desregular la economía para que el mercado construya carreteras privadas con limitación de velocidad.
¿Qué derecho tiene el Estado a recortar la libertad de disfrutar de una agradable conducción deportiva a 210 km/h? Eliminemos todas las absurdas y totalitarias regulaciones sobre los automóviles. No sólo los límites de velocidad, sino la obligación de incorporar triángulos de preseñalización, cinturones de seguridad y todas esas zarandajas que no hacen sino encarecer el precio final de nuestros vehículos. Que el mercado decida lo que es más seguro. Cada particular evaluará racionalmente sus riesgos y en función de su poder adquisitivo comprará un coche ajustado a su perfil. Lo demás es sólo gastar pólvora del rey para alimentar a un ejército de burócratas, guardias civiles multones e inspectores del ITV. Y a quienes les preocupe la velocidad excesiva de los otros conductores, a buen seguro pagarán el peaje de vías alternativas donde exista limitación de velocidad.
Para concluir, nada mejor que hacerlo como Valín en su artículo: «Estamos en el S. XXI, pero desgraciadamente el fin de la Segunda Guerra Mundial no significó el desmoronamiento del fascismo, ni la caída del muro de Berlín la desaparición del socialismo. El totalitarismo estatal aún está entre nosotros, y eso se paga.»
Viva el tabaco.
Viva la conducción temeraria.
Las externalidades no existen.

josef k dijo
Vidal es licenciado en filosofía, historia, teología y filosofía, además de tener cuatro doctorados y más de cien libros publicados. En fin, yo no lo descalificaría de esa forma, casi como una ejecución sumarísima. Ay, cómo me río de este friki, que enrollado soy y qué inteligente y de izquierdas...
3 Enero 2006 | 12:44 AM