Que dice la Merkel que nos jodamos en nuestro pozo que ella no está por la labor. Que ya tiene suficientes problemas con su gravísima, pero gravísima de la muerte (oig, qué fuerte, de verdad te lo juro que es que hay gente que cambia de buga incluso hasta cada año, oig) crisis económica y demás movidas.
- Pues deja de pagar Europa y yastá, tía, a mí que me cuentas, lo primero es antes.
- Además, nuestro ejército es pacifista y nuestra población también.
- Ya, ya. Miau, miau, que dice el misino. Porque os da grima reconocer que está ahí. Pon a mi colega Cristoph Pfeiffer al frente y déjalos sueltos: verás la que armáis.
- Pero es que luego nos llaman nazis.
- Qué va, tonta, os cambiamos el logo y ponemos uno GPL son un pinguinito rubio de Linux armado con una flor y llevando una paloma en el pico y no se entera nadie de nada. Además, que el resquemor de los que sobrevivan se va pasando poco a poco, y las nuevas generaciones no tendrán pruebas palpables, que para eso tenemos los altos hornos de Vizcaya. Ya con el tiempo, cuando nos tengas educaditos, con el futuro encarrilado y hayáis recuperado nuestro legado cultural, vas soltando poquito a poco la mano y tal. Y aquí paz y después gloria.
- Aún así no acabo de ver, JP, eso de invadir Europa. Y creo que estás siendo demasiado duro con otras culturas a las que nosotros respetamos profundamente y por encima de las cuales distamos mucho de considerarnos. El resto de seres no arios no son peores, sólo distintos, y algunos incluso superiores culturalmente a nosotros.
- Eres una jipi de mierda.
- No, qué va, yo soy de la rama dura del partido.
- Jiiiipi.
Si vieras, Ángela, lo sucio que está el suelo fliparías. Además, mira y admira a lo que se enfrentan tus conciudadanos cada vez que van a Italia. Te ilustraré para que lo veas claro. Resulta que, como cada vez que salgo de España, perdí la documentación. Ya sabes, el DNI y el pasaporte y toda la movida (igualito que cuando me fui a Austria). Y claro, pensé, pues no pasa nada: porque como somos urogallos la integración y la ausencia de fronteras está de mi parte.
Así que me fui (un Viernes) al consulado de España en Florencia. Esa "pequeña" Florencia que en Julio contiene a más españoles que Castilla-León y Asturias juntas. Pues que me fui al consulado... y uy, pero no: además de estar en la misma cochambrosa cobacha que el de Malta (como en todas partes, no sé porqué tenemos que compartir todos los consulados), estaba cerrado a cal y canto. Había un cartelito simpatiquísimo que detallaba el horario y calendario del consulado:
"Abrimos Martes y Jueves de 11:00 a 13:30, pues son estos los únicos horarios en que si hacemos confluir las costumbres italianas y españolas, se hace algo productivo. Nos la suda más que a un mono si disculpa o no las molestias. Gracias."
Con dos cojones. Pero bueno, en fin, el Martes abren y me lo solucionarán. Faltan nada más que cuatro días y media mañanita. ¿Qué es eso si yo tenía que irme mañana? Pues un poco más de placer asfixiante y con olor a sobaco internacional, pero en Florencia, que hay palacios.
Pasarán los oscuros cuatro días a volver, se hará Martes, ideal of the Dead. Mientras tanto, haremos cosas que no se pueden hacer en otro sitio. Por ejemplo: podemos subir a las cuatro de la tarde en autobús tartana sin aire acondicionado conducido por Rubens Barrichello derrapando en las curvas hasta llegar a una montaña Toscana donde hay un pueblo super majo. Dice aquí en la guía que en cada curva puedes deleitarte con los increíbles precipicios que se abren hacia el escoro del bus (ya se inclina él pa que lo veas bien). Al llegar a España llamé al director de Port Aventura y está entusiasmado con la idea de hacer eso eliminando el caracter letal. Ya veréis qué chulada.
Pero bueno, si sobrevives a eso y a una cuesta de quince kilómetros y cuarenta y cinco grados para ver los únicos árboles de Florencia, siempre acabas llegando al Martes. Entonces te plantas en el consulado, que si no estuviera a sesenta grados te parecería hasta bonito, así, tan viejo, tan ajado, con tantas historias dentro. O éste sofá, con sus remendones, cuantos cuernos habrá visto. Hay que ver cómo cruje el suelo, qué lindo. ¿Y ésta chiquita tan mona que sale del despacho del consúl? Qué graciosa, ¿no? Parece una italiana cosmopolita, de esas que hablan mal español porque como es más o menos igual nos vamos entendiendo. Y mira, se dirige a nosotros. Qué simpática, la indígena.
"Disculpe, señore, pero el cónsul si va de vacaciones desde Junio hasta Siptembre porque no le piache el turismo ni tampoco trabahar, y el turismo le da mogollón de trabajo. I (y) io sono, ehem, una estudiante de dieciséis anios que estudio arte dramático cuya lavor es ebitar que incendie usted éste consulatto o lugar o habitación o cónsul. Lo único que puedo hacer por usted es darle un póster de Cannavaro en pelotas metiéndose un pico y un papelito de estos que tengo impresos en el que está la dirección del consulado de Roma".
...
...
Ehem...
... muere, ehem.
- Además, coño, Ángela tía, que Mallorca os necesita. Los alemanes de allí cada vez están menos civilizados. Ya incluso llaman a gritos a los camareros, te lo juro.
- ¿Qué? ¡Eso no es posible!
- Como lo oyes. Hay algunos que incluso les piden a gritos, diciendo "Zagal, el Belmonte y una Budweiser".
- ¡Pero eso es imposible! ¡¿Budweiser Zagal?! ¿No serán turcos rubios?
- De Westfalia.
- ¡Main Gotellé! ¡Invasión! ¡¡Niños, a las armas!!
Me cago cien mil pares de veces en el Plan Marshall.