Fantasía decimotercera – Un encuentro, ¡Por fin! - (Parte 1)
Se habían conocido, como muchas parejas por internet. Aunque desde un primer momento había habido, un no sé que entre ellos. Pronto se habían confesado uno al otro, intimidades que sus relativas parejas ignoraban. Poco a poco, la confianza fue generando en algo tan grande y necesario, que poco podían los dos pasar, sin acorarse del otro. La idea de verse, se tornaba cada vez más embriagadora y en una de esas charlas, en la cual el tono de la conversación derivo a términos más candentes, donde se imaginaron que ocurriría si se vieran, aunque solo fuese una vez. En su fantasía se elevaron, alcanzando la cúspide celeste y allí se fundieron y así hicieron el amor, por primera vez, de una manera electrónica a través de una Cam, fiel y silenciosa testigo de sus juegos particulares.
Después de aquello, sus cuerpos necesitaban encontrarse, deseaban besarse y acariciarse y crear una llama en la que se incineraran sus dos vidas. Pero los días pasaban y junto a ellos los meses y volvieron los trinos anunciar la primavera, con sus brotes nuevos amaneció aquel día, que de por si no tenia tanto de especial, si no hubiese sido por el mensaje que recibió en el celular móvil. Sus ojos se llenaron de brillo, cual cielo estrellado, con cada palabra contenida en el texto:
“Mi llegada es inminente, más aun ya estoy aquí, te espero en la estación de Atocha”

Llena de nerviosismo se cambio de ropa y salió a la calle. El metro la llevo hasta la citada estación y la gente la miro al pasar, corriendo como una posesa hasta que lo vio. Vestía un traje gris ceniza, con una corbata rosa. Sus miradas se cruzaron, por primera vez, sin verse reflejadas en una pantalla. El sonrió y ella le pareció la sonrisa más hermosa.
Sus miradas, permanecieron imantadas mientras el tiempo se desvanecía en la ternura del momento y al sellarse sus labios, se detuvo. Esa caricia, de unos labios tersos y dulces, junto al roce de su piel, les corto la respiración con la suavidad de un cuchillo a la mantequilla.
Pasaron toda la tarde, paseando por el retiro. Se acercaron a una de esas plazuelas, con atracciones para los niños donde cientos de mejillas sonrosadas saltaban y corrían, siempre con el ojo avizor de sus progenitores. Ella, se abrazo al cuerpo de él y sintió su pecho latir, con mucha fuerza. Al Salir, incluso la puerta de Alcalá, les guiño uno de sus arcos, cómplice silenciosa como siempre, de hermosos amores que deambulan frente de ella.
La pasión, floreció apenas cruzaron la suite del hotel. Las caricias y los besos los encaminaron al lecho, donde él la deposito suavemente. Después se acerco al baño y preparo la bañera. Ella, lo miraba desde la cama, se sentía como una quinceañera descubriendo el inhóspito mundo del amor. Se acerco a él y le desato la corbata y empezó desabrochándole. El tacto del vello con sus dedos, la dejaron una agradable sensación. Mientras él seguía graduando la temperatura del agua con la mano, ella le despojo de la camisa y lo abrazo. Sentía su piel con su cuerpo y lo beso en el hombro.
Se incorporaron y se miraron frente a frente, mientras sus ojos se bañaban en los del otro, la camisa desapareció y sus pechos salieron, lo siguiente fue el cinturón y la falda. Entonces él se agacho y beso su monte sobre las medias, que empezaron a bajar suavemente junto a las bragas, para así quedarse desnuda ante su amante.
Ella sentía estremecerse, con el roce de sus manos, al deslizar las medias por sus piernas. Le sujeto la cabeza y la acerco a su cuerpo, pudiendo él así besarla de nuevo.

De esa índole estaba, cuando la levanto en peso y con suavidad, la deposito dentro de la bañera. La tibieza del agua, y las manos que en forma de cuenco, comenzaba a echarle agua por los hombros que descendía lentamente por sus pechos, formando un reguerillo al llegar a sus pezones. Vio como la esponja se llenaba de gel y sintió la calidez de la caricia en su espalda. La estaba enjabonando suavemente la espalda, el cuello, los pechos… el vientre. Ella se acostó en el baño, para sentir como la esponja se centraba en su monte de Venus, su ingle y descendía por las piernas. El trataba con sus manos, el cuerpo de ella, como si fuese un objeto de incalculable valor y así lo sentían los dos.
Y así me despido de vosotros, espero que estéis bien, pronto continuare esta historia.
MSX











fenicia dijo
Y MUY INTRIGADA YO ESPERO LA PROXIMA ENTREGA
KISSES
Feni
19 Marzo 2008 | 01:49 AM